Por Juan Pablo Carranza
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Antes que Francisco Tamarit se impusiera en la Asamblea Universitaria que lo consagró como rector, el scottismo -ya sin los límites que supuso compartir el poder con el radicalismo durante 6 años- soñaba con cristalizar su objetivo de máxima: retener la UNC con una fórmula endogámica; es decir que las piezas basales que constituyen el poder universitario pertenecieran al ala kirchnerista de Cambio Universitario, y, por consiguiente, acreditasen fidelidad al Gobierno nacional. Se especuló, entonces, con que el vicerrectorado recayese sobre un referente K. Pero no fue así. El cargo quedó en manos de una aliada externa al modelo, la decana de Lenguas, Silvia Barei.
No obstante, la verdadera fórmula endogámica, aquella que le garantiza el control pleno de la UNC a un mismo color político, puede prescindir del vice rectorado, que en la mayoría de los casos hace las veces de un título honorífico. Es en la figura del secretario general sobre la que recae una verdadera cuota parte del poder universitario. La decisión ya está tomada; quien acompañará a Tamarit en la gestión es el actual secretario de Ciencia y Técnica de la Universidad, Alberto León. Un hombre paladar negro para el kirchnerismo universitario, un talibán para otros.
El jueves pasado el destino de León quedó sellado. Tras un encuentro en el decanato de Famaf, el futuro triunvirato de autoridades acordó que el ingeniero químico y docente de Agronomía sea quien ocupe la silla que está a la izquierda del rector -aunque irónicamente será su mano derecha. Aún resta que el Consejo Superior ratifique la decisión. El radicalismo no ejercería resistencia a la propuesta de Tamarit; siempre han priorizado el camino institucional. Le allanarían el camino al oficialismo, garantizándole así la gobernabilidad.
Mañana, en la última sesión del Claustrorum que presida Carolina Scotto, el actual secretario general Jhon Boretto -a pesar de que Tamarit le pidió que extienda su mandato unas semanas- presentará su renuncia al cargo. La decisión debe ser rubricada por el órgano de cogobierno universitario. Recién el 7 de mayo, cuando el rector de los 400 años esté al frente del hemiciclo, solicitará a los consiliarios que ratifiquen a su favorito en el cargo.
León, que fue uno de los alfiles de Scotto durante su gestión, ahora pasará a desempeñarse como “primer ministro” de la UNC, uno de los vértices del poder universitario. A su cargo estará parte de la agenda política interna de la Universidad y las negociaciones con el sector docente y no docente, entre otras funciones.
Proveniente del riñón duro del scottismo, el secretario de Ciencia y Técnica fue uno de los señalados de fogonear la implosión de Cambio. La interpelación al decano de Agronomía, Daniel Peiretti, y, por decantación, al titular de Medicina, Gustavo Irico -a quien la ortodoxia K le achacaba haber permitido la intromisión de factores políticos externos a la comunidad universitaria de cara a la Asamblea: el acto en el hospital del Clínicas junto a José Manuel del Sota-, fue el hito que marcó la disolución del otrora oficialismo. La expulsión de los decanos fue el principio del fin de la alianza.
Finalmente, la intervención directa de la Nación -a través del ministro de Educación, Alberto Sileoni, y del titular del CIN, Martín Gil- logró persuadir al decano de Medicina. Sorpresivamente Irico bajó su candidatura y anunció su respaldo a Tamarit. Una hipótesis podría ser, que la llegada de León, un K puro, era la prenda que puso el kirchnerismo a cambio de sus gestiones.