Por Juanjo Antonelli
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camila y sergio giorgi 02Sergio Giorgi había terminado la colimba a fines de 1981. Se fue unos meses a su casa, en La Plata, a pasar el verano, hasta que recibió la carta menos esperada: Con la Guerra en ciernes, las Fuerzas Armadas le indicaban que debía volver a alistarse. “Vamos de vacaciones, no va a pasar nada” le dijo a sus padres al partir.
En Malvinas, integró la Brigada Mecanizada Teniente General Nicolás Levalle. Dice que estuvo cerca de morir: “Vi morir compañeros, aunque evité mirar sus cuerpos. Al menos cuatro veces estuve muy cerca de morir” contó esta semana en una entrevista que le hizo la cadena de deportes ESPN.
A la vuelta, en junio de 1982, inició estudios en medicina y en 1987 decidió mudarse a Italia, aprovechando una beca universitaria. Se estableció en Macerata, un pequeño pueblo de 40.000 habitantes al centro este de ese país. Se casó con Claudia, también de La Plata, y fruto de ese matrimonio nacieron Antonella (falleció el año pasado en un accidente automovilístico), Leandro, Camila y Amadeus, todos en Italia.
Sigue papa Giorgi: “Yo no tenía idea del tenis cuando mis hijos mayores comenzaron a jugar. Camila hacía gimnasia artística e inclusive a los 5 años la llamaron de la selección nacional italiana. Pero ella quería jugar al tenis, como sus hermanos. Entonces yo comencé a enseñarle. Al poco tiempo, ella ya se destacaba, y la convocaron de la Federación Italiana”.

Un negocio difícil
Cuando Camila comenzó a mostrar aptitud, Sergio decidió sostener su carrera pese a las presiones. “Cuando ella tenía 9 años nos contactó la IMG (International Management Group, una de las históricas agencias de representación deportiva). Primero fuimos con ellos a Milano, y luego nos llevaron a la Academia de Nick Bollettieri. Nos ofrecieron un contrato, pero yo no acepté porque querían sólo que Camila se mudara a Estados Unidos. Una locura”.
Esa locura de representantes, agentes y apoderados llevó a los Giorgi por Barcelona, Mallorca y París. Todos querían a Camila. Y ofrecían disparates a cambio de su tenis. Giorgio se la juró al establishment y lo enfrentó: “En Europa se ve claro que es una trata de esclavas, especialmente con las jugadoras del Este. Los agentes o sponsors agarran de a diez y con que llegue una, están bien. Es una mafia”.
Con su padre enfrentado con las estructuras, a Camila se le hizo todo cuesta arriba. Sugestivamente, los grandes torneos no la invitaban (cada competencia tiene entre dos y tres wild card para dar). Para Sergio no había dudas, el no tranzar tenía sus costos. Así y todo, decidió soportar la presión, mientras Camila continuaba entrenando en Miami, a donde la familia se mudó para estar más cerca del “negocio”.
El primer golpe de la italo argentina fue a mediados de 2012 después de alcanzar los octavos de final en Wimbledon. Ganó sus tres partidos de Qualy y después, al acceder al cuadro principal, venció a Flavia Pennetta (16° preclasificada) y a Nadia Petrova (20°) antes de caer ante Agnieszka Radwanska (3°) en dos sets. Pero, cuando el “mundo tenis” pronosticaba su despegue, la jugadora volvió al circuito ITF (Futures) con paso irregular.

Camila se hace conocer
2013 no arrancó mejor. Después de alcanzar su mejor ranking en julio de 2012 (73° en la clasificación mundial), Camila retrocedió varios lugares después de caer en las primeras rondas de Brisbane, Sydney, el Australian Open, Miami y Roland Garros. De nuevo a jugar Qualys y a remarla desde atrás.
Con el bolso cargado de ilusiones, la familia Giorgi llegó al último Grand Slam. Sin sponsors y con las multinacionales mirándolos de reojo, Camila arrancó con buen pie en el Us Open y triunfó en sus tres partidos de clasificación. Al acceder al cuadro principal, venció en primera ronda a Jana Cepelova (6/2 6/2), a Su-Wei Hsieh (6/4 7/6) en segunda y a la exnúmero 1 del mundo Caroline Wozniacki en tercera (4/6 6/4 6/3).
Ante la dinamarquesa Wozniacki, Camila brilló. Jugó su mejor tenis, desplegó su tímida sonrisa y los flashes se multiplicaron. Fueron 152 minutos de su mejor tenis en cancha central, el Arthur Ashe Stadium colmado con unos 22 mil espectadores que al promediar el encuentro ya no disimulaban estar decididamente a favor de la jugadora latina.
La repercusión por el triunfo de Camila se viralizó a través de todas las plataformas de comunicación. Su belleza le dio ese plus que el tenis siempre necesita. Y con Sergio saltando en la tribuna, la familia Giorgi obtuvo los segundos de pantalla necesarios para que el establishment ahora si los distinguiera.
Dos días después del triunfo ante Wozniacki, ejecutivos de la firma Nike anunciaron que Camila era la nueva figura de la marca por los próximos 8 años a cambio de 40 millones de dólares. Además, su papá confirmó que otras grandes empresas ya estaban interesados en su hija: Tiffany&Co, Sony Ericsson y Canon, entre otras. Y sonrió.