Bullrich y Villarruel empiezan su carrera

La vicepresidenta y la ministra de Seguridad se reunieron y empezaron a medirse antes de diciembre las junte en el Senado

Nacional19 de noviembre de 2025Javier BoherJavier Boher
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Por Javier Boher 
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Si hay una unidad que me gusta enseñar es la del sistema de frenos y contrapesos, o la manera en la que se controlan e influyen los tres poderes en los que se divide el gobierno. Quizás nunca vamos a fondo, pero me importan dos ideas centrales: el legislativo es el poder más importante (por ser el más representativo y el que ejerce mayores funciones de control) y los tres son poderes políticos, donde sus integrantes hacen política.

Esta última idea es la más difícil de aceptar por algunos que confunden los roles y atribuciones institucionales con la capacidad de influencia en los asuntos de los otros poderes. Es que así como se están contando las costillas permanentemente, también están tendiendo puentes para facilitar la tarea de todos, porque una política basada exclusivamente en el conflicto es un obstáculo para el correcto desenvolvimiento de la democracia.
Por supuesto que esas buenas migas entre políticos de distintos espacios no significa que no se puedan usar algunas triquiñuelas para sacarles alguna ventaja ocasional, lo que se observa con mayor frecuencia en el legislativo (acá y en cualquier país del mundo). La búsqueda o negación del quórum, la cantidad de llamados al recinto, los cuartos intermedios o las interpretaciones reglamentarias traídas de los pelos son moneda corriente en la práctica parlamentaria, para lo que se necesita experiencia, conocimiento y muy buena muñeca como para que se note lo menos posible.

Hay dos cargos que suelen ser bastante ninguneados en este país, pero son piezas fundamentales en ese juego de negociaciones entre el Poder Ejecutivo y los otros dos poderes. El primero es el Ministro de Justicia, que se reúne con distintos actores del Poder Judicial (y afines) para hacer conocer la postura del gobierno sobre ciertos temas; aunque el ministerio tiene otras áreas importantes, la política manda. Lo dejaremos para otro análisis.
El segundo cargo no solamente es ninguneado, sino que además quienes lo ocupan son frecuentemente maltratados. Estamos hablando de la vicepresidencia. Un poco por armar fórmulas de compromiso y otro poco por temor y desconocimiento, los presidentes argentinos suelen desconfiar de sus compañeros de fórmula pensando que no están comprometidos con el gobierno o que conspiran en su contra. Para ambas percepciones el ejemplo más claro es el actual, con la presidencia del Senado ocupada por Victoria Villarruel, que se reunió hace dos días con la ministra de Seguridad y futura jefa de la bancada libertaria en el Senado, Patricia Bullrich.

Tras el encuentro las repercusiones fueron más o menos las esperadas, con declaraciones poco amistosas entre líneas y poca efusividad por el futuro trabajo… ¿en conjunto?.
Villarruel volvió a vender su rol aséptico, ajena a las negociaciones de la cámara que preside, casi como si ejerciera un mandato no partidario, con ese proclamado nacionalismo bobo de poner siempre “los intereses de la patria” por encima de las necesidades de gobierno.

Aunque solamente puede votar cuando hay empate (lo hizo a favor del gobierno cuando se votó la Ley Bases), nada le impide funcionar como herramienta de negociación del Ejecutivo dentro del Legislativo. Aunque no debe haber habido otro lugar para poner una figura tan poco importante dentro del gobierno, su poco peso en el día a día del gobierno no significa que no pueda ejercer ese otro rol, casualmente el que ejerció su antecesora, Cristina Kirchner, controlando la cámara que pone a los jueces y reúne a los mejores “embajadores” de los gobernadores.
Villarruel sabe que puede desempeñar ese rol, pero elige no hacerlo por sus propias aspiraciones personales y como recordatorio al Ejecutivo de que ella sigue teniendo poder dentro del Legislativo.
Patricia Bullrich tiene una personalidad mucho menos conciliadora, pero con medio siglo metida adentro también está mucho más entrenada en las cuestiones de la política. Sabe cuándo debe hacer un personaje u otro, lo que explota a su debido tiempo. No le gusta mostrarse como la que negocia, pero si no lo hiciera no habría sobrevivido tanto tiempo.

Bullrich va a ser la jefa de bancada para darle al gobierno la espada que le falta en el Senado, el lugar de relevancia que Villarruel decidió no ocupar. Quizás en su ambición no se dio cuenta de que desde la presidencia del Senado se pueden tejer alianzas fuera del radar de los cuadros más fieles al proyecto de Karina y Javier, pero trabajando para esas mismas figuras. Sería como picar de otro plato sin sacar nunca los pies del propio.

El sistema de frenos y contrapesos marca que los poderes son independientes uno de otro, cada uno con legitimidad propia y unas funciones exclusivas que lo hacen valioso en las relaciones y negociaciones políticas. Cada puente que se establece entre ellos es positivo para definir políticas públicas, siempre que no haya subordinación o sometimiento.

Villarruel apostó a armar un perfil que pudiera sobrevivir a un eventual colapso de Milei, mientras que Bullrich jugó todo al éxito del presidente. A partir de diciembre, y por los próximos dos años, en el Senado se verá cuál de las dos eligió el mejor curso de acción.
 

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