Impuesto al pedo

Una legisladora kirchnerista de Buenos Aires quiere cobrar una absurda tasa al metano que genera la digestión de las vacas

Nacional01 de diciembre de 2025Javier BoherJavier Boher
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Por Javier Boher 
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Definitivamente el título es una provocación, pero lo bueno es que no falta a la verdad. Una legisladora kirchnerista bonaerense decidió presentar un proyecto de ley para establecer una nueva tasa a la generación de metano que busca gravar especialmente a la producción ganadera. En la provincia en la que se produce la mejor carne del país quieren poner un nuevo impuesto que haga más cara la producción en un contexto en el que los precios ya están subiendo.

Para entender más o menos por dónde viene la mano hay que agregar que la legisladora, Lucía Klug, es cercana al sector de Juan Grabois, que milita el modelo de la agroecología popular, el mismo que hace que los cubanos coman carne apenas una vez al año. Por supuesto que el fundamento que presentan es el de reducir la producción de gases de efecto invernadero, aunque la evidencia al respecto es igual de sólida que la de los antivacunas que hablaron la semana pasada en el Congreso. Basta recordar que en pandemia no se murieron las vacas, pero el parate económico en transporte e industria impactó en la producción de gases de efecto invernadero.

Cuando vi la propuesta me puse a buscar algo de información al respecto y lo que encontré no me sorprendió: este tipo de ideas vienen de países con buenos Estados de bienestar que están comprometidos con la agenda verde. Uno de esos casos es Dinamarca, un país con un tercio de la población de la provincia de Buenos Aires, un séptimo de su tamaño y la suerte de estar en una Europa donde todo funciona y se pueden dar el lujo de tomar medidas como esas. Otro caso fue el de Nueva Zelanda, pero ahí no prosperó: los ganaderos se plantaron porque se iban a perder el negocio de vender leche a China, uno de los mayores mercados consumidores a nivel mundial y gran socio comercial.
Acá no tenemos nada del Estado de bienestar nórdico y definitivamente nos hace falta ingresar dólares por exportaciones de carne y lácteos. El problema es que el kirchnerismo quiere hacer que la ganadería deje de ser rentable y se liquide hacienda para bajar el precio, más o menos la misma receta de siempre. Ni hablar de la necesidad de plata que tiene el gobierno de Kicillof, que afortunadamente no puede emitir para cubrir sus gastos y recurre a subas de impuestos que afectan cada vez más a los productores.

La propuesta de poner un impuesto al metano además es difícil de cobrar, porque para eso hace falta saber efectivamente cuántos animales hay en cada campo en todo momento, algo que es imposible de hacer en un país en el que siempre hay informalidad (y particularmente en espacios difíciles de controlar como el campo). La misma gente que no sabe cuántos presos tiene en las cárceles pretende saber cuántas vacas hay en cada establecimiento.
Ciertamente existe un problema en la visión de los legisladores, porque no se puede proponer algo como esto sin tener en cuenta los graves problemas de inundaciones que han vivido los productores de la Cuenca del Salado, la región ganadera más importante del país. Es la definición misma de la desconexión existente entre las necesidades de los productores de riqueza y los habitantes de las grandes ciudades, consumidores de proteína animal a precio por debajo del precio internacional que no entiende cuáles son los tiempos y dificultades de la producción ganadera. 
Ya que los legisladores bonaerenses se pueden poner creativos a la hora de pensar impuestos absurdos para nuestra realidad socioeconómica, vamos a hacer el esfuerzo de proponer cosas como ellos.

ABEJA, la Alícuota Bonaerense para la Ejecución de Jolgorios Apícolas. Considerando la paranoia global por la desaparición física de las abejas (responsables fundamentales de la polinización y la producción de alimentos de origen vegetal), pueden cobrar la mencionada alícuota para fomentar el establecimiento de colmenas para la reproducción de las mismas. En lugar de premiar a los productores como se hace en Córdoba con la BPAs, qué mejor que cobrar un impuesto para mantener una burocracia que establezca colmenas autogestionadas por trabajadores de la economía popular que estén en negro y sin ningun tipo de protección legal. Nada como un poco de Conciencia Social.

CABRA, el Certificado de Acompañamiento Bovino de la República Argentina. A los fines de lograr el permiso para mandar los animales al frigorífico los productores deberían pagar una tasa para obtener el mencionado certificado, que se consigue después de contratar a una persona que le cante canciones de cuna a los pobres bichos que van rumbo al matadero en pos de alcanzar metas de bienestar animal.

Claramente estos son ejemplos absurdos de lo que se le puede ocurrir a cualquier legislador que desconoce la realidad de la producción y se orienta por consignas que ve en videos de instagram. Una de las mejores cosas que tiene este país es que la proteína animal de buena calidad es accesible; ponerle tasas e impuestos solamente va a lograr encarecerla para millones de personas que ya andan con los bolsillos flacos. Antes de seguir proponiendo poner impuestos a los pedos de las vacas deberían empezar a pensar en otras propuestas más cercanas a la realidad, a ver si así la gente deja de decir que todos los legisladores están bastante al pedo.
 

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