Llegamos a la mitad del camino

El recorrido de las PASO a las generales ya se consumió en un 50%. Por delante quedan cinco semanas donde se terminará de definir la elección.

Nacional 18 de septiembre de 2023 Javier Boher Javier Boher
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Por Javier Boher

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Resulta muy difícil confiar en las encuestas. Parece como si no hubiese posibilidades técnicas de hacerlo bien, porque los números que se ven en la previa no se corresponden con los que después hay en las elecciones. A lo sumo vemos que después las consultoras entran en la guerra del “yo estuve más cerca”, como si eso fuese alguna especie de consuelo.

La cosa salta rápidamente a la vista: un candidato que en las encuestas estaba alrededor del 15% pasó a ganar las PASO y a encabezar todas las encuestas después. ¿Dónde estaban los 15 o 20 puntos de más que tiene hoy, si la cantidad de indecisos se mantiene como entonces en niveles superiores al 15%? Es casi como si aventuraran porcentajes sentados en una mesa o tirando los dados para definir cómo va la cosa.

Falta poco más de un mes para las elecciones generales, 34 días que nos separan de una nueva jornada electoral, 36 pasaron desde las primarias. Las primeras tres semanas fueron de tratar de descifrar qué había pasado, las dos siguientes fueron de redefinir estrategias y las cinco que quedan son las de dar todo lo que queda para entrar al ballotage. Nadie va a regalar nada en el medio (salvo Massa, que regala electrodomésticos y Plan Platita).

Algunos analistas aseguran que ya bajó la espuma del libertario y que se terminó la novedad; que el voto bronca y sincero de las PASO empieza a dejar lugar para un voto más pensado y estratégico. Quizás son demasiado optimistas en cuanto a las chances que le aseguran a los otros dos candidatos, pero es real que pasó el furor inicial y se pueden ver mejor las falencias del economista y su equipo.

Alguna señal de esto puede ser la “desbaglinización” de Milei, que poco a poco trata de recuperar su perfil previo a las PASO. Aunque en los programas periodísticos trata de venderse con el aplomo de un estadista, subido a la caja de la camioneta o en la confianza de un medio afín termina demostrando que no ha perdido las mañas. El acting de la motosierra, el tono de voz elevado, alguna mala palabra y sus arengas contra la casta siguen estando ahí, sin necesidad de raspar tanto la superficie.

Esas mismas encuestas que suelen errar por varios puntos le asignan a Sergio Massa algunos votos más que los que tuvo Unión por la Patria en las primarias, pasando de su 26% a un promedio estimado de 28%, con un techo de 34%. Sin embargo, el promedio de las distintas encuestas respecto al desempeño del gobierno le da al espacio que solo el 17% de la gente aprueba la gestión, 10% menos que en enero. Parece difícil que los números de inflación (especialmente de los alimentos) ayuden a Massa a conseguir que por cada votante que aprueba al gobierno se sume uno que no lo hace.

Todos los anuncios de Massa van en línea con tratar de conseguir ese 30 o 35% que lo haría entrar en un ballotage, algo que respalda con un intento de épica de candidato que no puede ocultar el desastre del funcionario. Si el tigrense lleva un año gobernando con la primera minoría en ambas cámaras y no logró revertir nada, ¿cuánto podría llegar a hacer incluso en peores condiciones que hoy? Se va desinflando poco a poco y lo único que le queda es jugar a la idea de que fue el bombero que se jugó el pellejo para salvar a los que estaban adentro de la casa en llamas, para sobrevivir medianamente bien conceptuado en la memoria colectiva.

El otro desdibujado es Schiaretti, que va perdiendo algunos de sus votos y puede quedar atrapado en una nueva nacionalización de la elección que ni su figura logre resolver. Pone sus fichas en Córdoba, donde su imagen es muy alta, pero donde la gente ya sabe que no tiene ninguna posibilidad de ganar. ¿Priorizarán los ciudadanos el peronismo de Massa, lo disruptivo de Milei o la tradición anti kirchnerista de Bullrich? Todo eso se va a ir definiendo progresivamente, a medida que se vaya despejando el escenario y asomen con más fuerza los posicionamientos de líderes de opinión. En ese sentido, la foto de Schiaretti con la Mona Jiménez, a un mes de la elección, parece lo mismo que jugar el ancho de espadas en la primera mano.

La mutación de la campaña de Bullrich giró hacia el punto de transformar el “si no es todo, es nada” de tono marcial y conflictivo, a un anticasta Milei-friendly “la argentina tiene todo y los argentinos no tienen nada”, trazando una línea divisoria clara respecto al kirchnerismo. A la luz de los votos de Milei la decisión quizás es equivocada por polarizar con el pasado, a pesar de que sigue siendo un presente con un candidato con chances de ganarle el segundo lugar en las generales.

Es difícil creer en las encuestas, porque hay números para todos los gustos. Cada candidato tendrá las suyas y los equipos definirán estrategias y mensajes para encarar de la mejor manera posible el desafío. Como siempre, las dos últimas semanas serán fundamentales para ver en qué equipo está el Herminio que los haga perder la elección.  

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