
Córdoba, en la tesis libertaria
Felipe Osman
Por Felipe Osman
Con ya más de dos años en el poder, caracterizar a los libertarios sigue siendo una tarea por demás dificultosa. Su desprecio por las formas almidonadas de la política clásica y la desfachatez con la que confiesan (u ocultan) verdades inconfesables los hace prácticamente imposibles de categorizar. Sin embargo, hay al menos algunos adjetivos que les caben, y uno de ellos es que son disruptivos.
Más allá del debate de la actualidad o no de sus ideas económicas, aplican a la política recetas con las que antes nadie se atrevía a experimentar, y -en el brevísimo archivo que ostentan- pueden presumir (y lo hacen) de su éxito.
Haciendo gala de ese gusto por poner en crisis los axiomas de la política, descreen de que, en Córdoba, sea indispensable conseguir la unidad plena para arrebatar el poder al peronismo. Contraviniendo lo que para la oposición cordobesa es una verdad tallada en piedra, alcanzada merced a una dolorosa sucesión de derrotas.
Así, mientras los rezagos de Juntos por el Cambio entienden que la unidad es una condición indispensable para la buena ventura electoral, para los libertarios es una condición provechosa, más no esencial.
En la cuenta libertaria, si Hacemos Unidos retuvo la Gobernación en 2023 con 45 puntos, después de una exitosa gestión municipal de Martín Llaryora y dos exitosas gestiones provinciales de Juan Schiaretti, en unidad peronista casi plena, y con anabólicos extrapartidarios, en 2027 no repetirá esa performance, y quien alcance los 40 puntos gobernará la Provincia. Sea al frente de una alianza que amalgame a toda la oposición, o al frente de una entente “lo suficientemente amplia” para ganar.
La exégesis libertaria puede o no ser correcta. Llegado el caso, La Libertad Avanza no ha replicado, hasta ahora, su éxito electoral nacional en comicios provinciales. Pero sin lugar a dudas es útil.
La idea de que sólo una oposición bajo unidad absoluta puede conseguir un cambio de signo político en Córdoba conspira contra sí misma. Bajo esa premisa, todos se sienten imprescindibles, y cunden las más disparatadas candidaturas.
Si en cambio la misión es alcanzar una alianza amplia, capaz de competir con un peronismo que no atraviesa sus mejores años, y sin el peso de tener que conformar hasta al último dirigente que sale a juntar docenas para la foto, la tarea titánica de enhebrar una boleta competitiva empieza a mudar en un objetivo complejo, pero razonable, que no cualquiera está en condiciones de “vetar” bajo la amenaza de partir caminos cuando se acerque la elección.
El “arco opositor”
La precisión sobre su lectura del tablero cordobés no es casual, sino que viene a explicar por qué parece, hasta ahora, tan difícil imaginar una convergencia de La Libertad Avanza con la UCR de Rodrigo de Loredo.
Según refieren en Buenos Aires, los libertarios quieren que De Loredo corte todo vínculo con Macri y rompa definitivamente con lo que queda del PRO en Córdoba para siquiera empezar a considerar una confluencia entre el ex diputado y el oficialismo nacional. Tan onerosas se adivinan estas condiciones que la unidad no parece preocupar demasiado a los libertarios. Que además admiten que la relación Bornoroni-Juez sigue consolidándose con el pasar de los meses, y que el Jefe de Bloque prefiere al radical afuera. Aunque aclaran: “por ahora”.
En relación a los demás componentes del mundo libertario que orbitan afuera del armado oficial, la consigna es clara: mientras trabajen para la reelección del presidente en 2027, todos pueden armar.




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