
Caras y caretas cordobesas
Víctor Ramés
Por Víctor Ramés
Construyendo a Leopoldo Lugones
(Decimoséptima parte)
Seguir la evolución -o la involución- del pensamiento político de Lugones no hace más que confirmar el rumbo cada vez más militarista del poeta, intelectual y orador cordobés en Buenos Aires. Tal vez, en este sentido, la sucesión de sus ideas se vuelve reiterativa. Vinculado a su palabra (que avanza en los dos campos, el político y el poético, en cierto modo disociados uno del otro), aquí ya se hizo referencia a los libros publicados en la década del veinte, entre poemas, cuentos y ensayos. Queda agregar, al respecto, por bien de las menciones en el semanario donde recogemos noticias y publicaciones suyas de esos años en Caras y Caretas. Por ejemplo, en noviembre de 1923, una colaboración literaria titulada “Apuntes”; o, en diciembre del mismo año, en el Número Extraordinario de Navidad, Conmemorativo del 25° Aniversario de Caras y Caretas, la publicación de “Gaya Ciencia”, primer poema del Romancero que Lugones publicaría en 1925, donde el poeta afirmaba haber sido palidez, ruiseñor, lirio, rey y hombre muerto de amor, al par de su canto. Y en 1925, en el Número Extraordinario del 8 de octubre, en Homenaje al Descubrimiento de América, aportaba “El alma de conquistador”.
Como complemento a esas páginas unitarias y breves, se puede encontrar también en “Caras”, al año siguiente, referencias a Leopoldo Lugones por parte de personalidades de las letras, como es el caso de la entrevista a Gabriela Mistral el 21 de enero de 1926. Allí la reconocida poeta chilena expresaba:
“— Estaba tranquila en mi huerto, allá en La Serena, que yo misma cultivaba — nos dice. — Ha podido sacarme de mi aislamiento el nombramiento de la Liga de las Naciones, pero jamás lo hubieran conseguido con un alto cargo oficial en mi país.
A la idea de un ministerio en el gobierno, ríe con una risa franca y comunicativa.
Hablamos luego de literatura. AI referirse a la Argentina, se expresó así:
— Los libros argentinos son muy leídos en Chile, pero yo no conozco toda la literatura argentina. Siento una gran admiración por Leopoldo Lugones, el argentino más ilustre de este tiempo. Después de él admiro a Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Alfonsina Storni, Rosa García Costa, Fernández Moreno y Arrieta.
De las gentes de letras que se dedican a la prosa estimo altamente a Ricardo Rojas, Enrique Larreta, Horacio Quiroga, Arturo Cancela, Alberto Gerchunof y Manuel Gálvez.”
Ccontextualizaba así la mirada de la poeta, los nombres que acompañaban su admiración por Lugones, entre ellos otro cordobés como Capdevila.
Al mes siguiente, Caras y Caretas publicaba una entrevista al periodista y autor dramático español Paco Serrano Anguita, más conocido entonces por su seudónimo, «Tartarín». Según el entrevistador, el escritor español “se entusiasma por grados, y recorre toda la escala temática de cosas argentinas, con exacta visión. Él sabe —y así lo dice—que el arte argentino siempre está en germen porque siempre tiene nuevas semillas y brotes que estallan y florecen de improviso...”. Respecto a Lugones, esto se leía de parte de “Tartarín”, ampliando la cita otra vez al contexto de su mirada que proponía enmarcar el interés de la literatura propia de Hispanoamérica.
“…Me parece que el hispanoamericanismo, por el que tanto se ha trabajado, va iniciándose ahora de un modo eficaz. Y es porque hasta ahora no nos cuidamos de conocernos los de aquí y los de allá, y, por ende, no hemos empezado a amarnos.
— ¿Admite usted una cultura exclusivamente hispanoamericana? ...
—La admito y la considero indispensable. No basta una cultura latina, hay que especializar más y crear esa cultura hispanoamericana bebiendo en nuestras propias fuentes, que brotan de un mismo cauce pródigo, generoso y vivificador: el alma de Castilla. ¿Ha visto qué habilidad, en algunos autores argentinos, para reproducir en sus sainetes las costumbres y los tipos populares de aquel país?... De ahí arrancaría también buena parte de la cultura iberoamericana.
(…)
—Habría que escribir mucho acerca de esto. Sud América es patria de grandes poetas porque no en balde España esparció allí sus semillas líricas. Yo tengo sobre mi corazón a varios poetas sudamericanos favoritos. No hablemos de Rubén, padre y maestro, ni del magnífico Leopoldo Lugones, ni de Salvador Acuña, ni de Santos Chocano... Hay tantos y tantos, que forman legión. Y todos excelentísimos líricos, merecedores de nuestra devoción más rendida.”
Como se ve, el entrevistado ya daba a Lugones por consagrado, y prácticamente, en tal carácter, consideraba redundante ponerlo en la lista.
Fuera de esa presencia de Lugones en boca de otros, queda una referencias para cierre de esta página, que nos vuelve a la otra palabra del escritor, la política. Es legendaria una frase de Lugones lanzada en 1924, en Lima, donde fue como orador invitado en los festejos del centenario de la batalla de Ayacucho. La presencia de la temática militar le servía al cordobés para plasmar tal vez su frase más conocida, fuera del ámbito poético, dicha en aquella ocasión, el 17 de diciembre: “Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”. Se hallaba presente el entonces coronel Agustín P. Justo, Ministro de Guerra, a quien Lugones apostrofó como “la más competente, limpia y joven espada del comando argentino”.
Satisfecho con su hallazgo, Lugones ya nunca abandonaría su afición a pensar en el arma del soldado como símbolo de una perspectiva propia (pero no solo suya) de la libertad, desgraciadamente coincidente con el símbolo que se instalaría unos seis años más tarde, cuando Uriburu diera, de filo, contrafilo y punta, inicio al primer golpe de estado militar a la democracia argentina, derrocando a un gobierno debilitado (el de Yrigoyen), aunque democráticamente elegido.







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