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title: "Leyendo a los naranjitas del ‘26 desde el Mayo del ‘68"
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description: "La nueva ordenanza para los cuidacoches marca que cambiar el sistema actual es una utopía como la de aquellos jóvenes franceses."
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date_published: "2026-05-18T00:18:00-03:00"
date_modified: "2026-05-17T22:55:50-03:00"
author_name: "Javier Boher"
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category_name: "Municipal"
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# Leyendo a los naranjitas del ‘26 desde el Mayo del ‘68

![diagonal-naranjita-eiffel](/download/multimedia.normal.8eea16a62740cdb7.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

El título puede sonarle algo extraño al lector, así que paso a explicarlo sin más preámbulos. La nueva ordenanza municipal que regula el sistema de naranjitas, trapitos o cuidacoches venía a resolver un problema (y una exigencia) de los vecinos, pero quedan dudas de que sea así. Si bien hay algunos cambios importantes, ahora hay que pagar más dinero y en más cuadras que antes, con la municipalidad percibiendo menos de lo que podría cobrar por ello si pasara todo al sistema de estacionamiento medido municipal.

La euforia que rodeó la sanción de la prohibición de la actividad de los naranjitas en la provincia se desinfló rápidamente cuando se acordó el nuevo marco en la capital, donde la prohibición no existe. Ahí vino la iluminación: como en el Mayo Francés de 1968, acá parece que está “prohibido prohibir”, uno de los eslóganes más famosos de aquellas jornadas. Córdoba podría ser un paraíso anarquista por su falta de prohibiciones, normas y control si no fuese por un extenso aparato estatal que todo lo complica.

Una vez con esa frase me puse a ver si podían tener algo que ver con el tema las otras dos que recordaba, “Seamos realistas, pidamos lo imposible” y “La imaginación al poder”. Es notable que los reclamos de los vecinos contra los dictadores de las calles sean tan realistas en imposibles como las proclamas revolucionarias de aquellos jóvenes parisinos. Pedir orden en el espacio público parece haberse convertido en una demanda imposible de satisfacer por un Estado más preocupado por cuidar sus redes paraestatales de control social que por permitir lugares más amigables para los vecinos. La situación demandaba creatividad y capacidad para imaginar una solución fuera de los moldes, pero no hay poder para esa clase de gente. Siempre lo más fácil es conservar lo que hay.

Después de eso me di cuenta de que necesitaba más frases para la nota, así que recurrí a Google y encontré algunas que no conocía pero que me sirvieron para la argumentación.

Esa red paraestatal de “constatadores” que quieren implementar sale de formalizar a través del sistema de cooperativas con las que hace 20 años el juecismo trató de controlar las calles. Nunca había leído la frase “Las paredes tienen orejas. Sus orejas tienen paredes”, pero se me vino rápidamente a la cabeza junto a la imagen de las manzaneras de Chiche Duhalde, la extensa red de punteras con las que la mujer del expresidente manejaba el territorio de la provincia de Buenos Aires. Hay muchos que no quieren escuchar que empoderar a las cooperativas conlleva ese riesgo (particularmente grave cuando además hay otros actores con ganas de poner más plata para sostener esas estructuras).

El problema, además, es el voluntarismo naif de creer que todo va a funcionar de mil maravillas porque con esto se evita el estallido social. La realidad marca que esas cooperativas serán excedidas por la gente que ya está ocupando espacios y cobrando por su uso, lo que puede llevar a conflictos entre ellos y con los vecinos. Los jóvenes franceses decían que “Un policía duerme en cada uno de nosotros, es necesario matarlo”, pero cada automovilista debería hacer la tarea de andar avisando dónde se está cobrando indebidamente. Creer que alguien que acaba de estacionar su auto va a sacar además su teléfono para avisarle al 911 de que lo están extorsionando es de un nivel de ingenuidad propio de aquellos utopistas.

Así como el legado de aquellas jornadas revolucionarias fue un puñado de graffitis y frases sueltas, de acá solo nos quedará el cambio estético y anecdótico del color del chaleco, con un viejo orden establecido que se resiste a morir.

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