---
canonical_url: "https://diarioalfil.com.ar/contenido/21832/antes-de-que-las-luces-se-apaguen"
title: "Antes de que las luces se apaguen"
article_type: "Article"
description: "La polémica en los Martín Fierro se centró en la estatuilla como mejor conductora femenina, que le fue otorgada a Wanda Nara por su labor en “MasterChef”, un rubro en el que competía con Moria Casán, Verónica Lozano, Pamela David, Karina Mazzocco, Mariana Fabbiani y Georgina Barbarossa."
main_image: "https://diarioalfil.com.ar/download/multimedia.normal.be45a4f90a55329b.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2026-05-22T00:18:00-03:00"
date_modified: "2026-05-21T23:52:13-03:00"
author_name: "J.C. Maraddón"
author_url: "https://diarioalfil.com.ar/usuario/10/jc-maraddon"
category_name: "Cultura"
category_url: "https://diarioalfil.com.ar/categoria/7/cultura"
---

# Antes de que las luces se apaguen

![ilustra-fierro-a-nara](/download/multimedia.normal.be45a4f90a55329b.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

La televisión viene atravesando una crisis que no sólo afecta sus contenidos, sino que pone en cuestión la esencia misma de ese medio de comunicación que durante alrededor de sesenta años ha sido el favorito en la mayoría de los hogares y que en lo que va de este siglo ha menguado progresivamente su injerencia. La aparición de internet, el auge de las redes sociales y la más reciente irrupción del streaming han menoscabado el poderío de la TV, obligándola a buscar nuevos recursos que le permitiesen conservar su vigencia o, al menos, no caer en el baúl de las antigüedades.

De competir con el cine en el espacio del entretenimiento audiovisual, ha pasado a enfrentar el desafío de las variadas pantallas a las que hoy acceden los usuarios, en especial la de los teléfonos inteligentes, que por su versatilidad y portabilidad resultan poco menos que invencibles. Estas innovaciones se han transformado en un escollo insalvable para la permanencia del televisor como el foco principal de la atención de las familias, sitial que más que nada ha debido abandonar entre las generaciones más jóvenes, es decir, aquellos nativos digitales para los que esos aparatos apenas si sirven como visualizadores de plataformas.

Y no es que los fabricantes se hayan dejado estar y no hayan probado las mil y una variantes en cuanto a definición de imagen, tamaño, mejoras en sonido y muchas otras prestaciones, a fin de conservar la fidelidad de los consumidores. Ni siquiera la evidente evolución entre aquellos armatostes con antena de la década del sesenta y los actuales smart TV, ha logrado revertir un proceso que acelera su dinámica y que amenaza con condenar a la obsolescencia a artefactos que salieron no mucho tiempo atrás y que eran catalogados en su momento como lo más moderno que se podía conseguir en el mercado.

Además de la mutación en los soportes, la programación misma de los canales ha debido renovar su stock de variantes, con la mira puesta en seducir a esa audiencia proclive a la oferta virtual, sin perder los antiguos televidentes. Esa ha sido la obsesión de los gerentes artísticos, que lo han dado todo en esa batalla sin ninguna garantía de emerger victoriosos. Que hayan debido incorporar nombres y formatos provenientes del universo online, es la prueba más evidente de que la tele ya no es lo que era, y que si no se adapta, se arriesga a caducar.

Así es como hemos visto desfilar a los influencers en la pantalla chica y hemos adoptado la costumbre de fisgonear los reality shows, como apuestas novedosas de esa caja boba desorientada ante lo que se vaticina como su apocalipsis. Pero también hemos asistido al rescate de fórmulas antiquísimas, como los concursos de talentos, los juegos de ingenio, los programas de preguntas y respuestas, y todo ese inventario de hallazgos que datan de mediados de la pasada centuria y que todavía rinden sus frutos, en medio de circunstancias catastróficas para una industria que supo ser la más rentable.

Si los premios Oscar son el reflejo del estado de cosas en el negocio cinematográfico, por qué no tendrían que ser los Martín Fierro su proporcional equivalente en la TV autóctona, por más que en la Academia de Hollywood voten los que hacen las películas y en APTRA opinen los periodistas especializados. Por eso, y sólo por eso, puede valer la pena detenerse a evaluar quiénes ganaron en las categorías correspondientes a esos galardones que se entregaron el lunes pasado en el hotel Hilton de Buenos Aires, con la pompa y las carencias admisibles en las condiciones actuales del país.

La polémica de la ceremonia se centró en la estatuilla como mejor conductora femenina, que le fue otorgada a Wanda Nara por su labor en “MasterChef”, un rubro en el que competía con Moria Casán, Verónica Lozano, Pamela David, Karina Mazzocco, Mariana Fabbiani y Georgina Barbarossa. Sin entrar a juzgar otras cualidades, no parece ilógico que la distinción haya recaído en la animadora de un reality show que, aunque no demasiado sorprendente en su propuesta, ha sido líder de audiencia y, por sobre todo, ha logrado mudar su repercusión a las redes sociales, que es el anhelo mejor valorado en la actualidad.

Tampoco es una excentricidad el Martín Fierro de Oro con el que se coronó a Guido Kaczka, quien en 2025 conducía “Buenas noches familia” y este año está al frente de “Es mi sueño”. Eterno remador de certámenes televisivos, Kaczka es uno de los postreros exponentes de esa raza que tuvo como próceres a Antonio Carrizo o Cacho Fontana, y que simboliza el último bastión de una TV que sobrevive a los manotazos y que, en tanto no se resigna al ocaso de sus divas, va en procura de otras estrellas que se animen a brillar antes de que las luces se apaguen.

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
