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title: "Samba para el corsódromo"
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description: "Brasil y Argentina siguen escalando un conflicto que tiene más de necesidad de sus líderes que de problema real."
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date_published: "2026-08-07T00:18:00-03:00"
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tags:
  - "Brasil"
  - "Lula"
  - "Milei"
author_name: "Javier Boher"
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category_name: "Nacional"
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# Samba para el corsódromo

![lula-mieli-rey-momo](/download/multimedia.normal.a2d498ceb7a2f0fe.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

La tensión con el principal socio regional sigue escalando a pesar del lamento de mucha gente a ambos lados de la frontera, tras la decisión brasileña de retirar a su embajador en Buenos Aires (como supo hacer España hace un tiempo). La pelea entre ambos países ofrece al Gobierno una oportunidad difícil de desaprovechar, siempre pensando en las necesidades políticas de los actores que forman parte del espectáculo.

El presidente Javier Milei construyó buena parte de su identidad política sobre la confrontación, definiendo un perfil que se reforzó con definiciones tajantes por la negativa. El economista encontró en Lula da Silva un antagonista casi perfecto: ideológico, del clásico rival y reconocible para cualquiera; un líder de alcance global que otrora supiera ser el perfecto líder tercermundista. A ellos tampoco les faltan incentivos para sostener la disputa. El problema aparece cuando esa representación del conflicto deja de ser retórica y empieza a producir consecuencias en una relación que excede largamente a quienes hoy ocupan los palacios presidenciales. Prefieran Garoto o Bon-o-bon, al garrón nos lo terminaríamos comiendo todos.

Brasil no es un adversario circunstancial elegido para una discusión televisiva. Es uno de los principales socios comerciales de la Argentina, comparte intereses industriales, energéticos y estratégicos, y constituye una pieza inevitable de cualquier política exterior razonablemente estable. Los presidentes pueden no soportarse; los países, en cambio, tienen que seguir hablando. Por eso, cuando una disputa política comienza a traducirse en gestos diplomáticos, conviene distinguir la música del espectáculo de los intereses que quedan después de que se apagan las luces.

Hay una dimensión doméstica innegable. Al Gobierno le resulta más cómodo discutir con Lula que explicar algunas de sus dificultades en el Congreso, del mismo modo que al brasileño le suma para su campaña. Una controversia internacional entre dos países con rivalidad futbolera ordena a los propios, recupera la lógica amigo-enemigo y desplaza durante algunas horas una agenda menos amable, como los proyectos de ley en los que el progresismo asegura que se juega el futuro del país, derrotas parlamentarias, negociaciones con gobernadores y las dificultades para sostener mayorías en un contexto de dispersión en la representación.

La política también consiste en decidir de qué y cómo se habla. Hoy pocas cosas concentran más rápido la conversación que una pelea.

El riesgo para los dos bandos en disputa es confundir eficacia comunicacional con eficacia política. La primera se mide en repercusiones, adhesiones y aplausos. La segunda, en resultados que muchas veces exigen exactamente lo contrario: negociar con quien uno no elegiría, preservar vínculos incómodos y aceptar que los intereses permanentes de un país no siempre coinciden con las necesidades de su gobierno de turno.

El fulbito para la tribuna es una figura tradicional que se usa para hacer referencia a todas estas puestas en escena de líderes que saben que no pueden romper la profunda interrelación entre ambos países. Ahora el mundial ya pasó y los que parecen estar haciendo todo el espectáculo para animar a los propios son los brasileños, quienes deben enfrentarse en las urnas en unos pocos meses.

Ya que el entretenimiento viene de la tierra de la alegría de Río de Janeiro, quizás hablar de samba para el corsódromo sea más acertado. Con plumas, brillos y colores pueden entusiasmar a los propios, llenar unas horas de televisión y consolidar a Lula como el Rey Momo que no quiere que el de los pelos locos lo desplace en la carroza de la murga sudamericana.

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