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author_name: "Yanina Soria"
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# PJ nacional flashea unidad donde Llaryora ve puro cordobesismo

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Las elecciones de Marcos Juárez dispararon múltiples lecturas en el día después. Aunque el menú de candidatos terminó delineando una campaña hiper localizada y focalizada, los resultados fueron interpretados por la política provincial y nacional.

La municipalización de los comicios se acabó la misma tarde del domingo cuando se conocía el batacazo de Germán Font y ese mismo peronismo cordobesista que se había auto marginado de la campaña en beneficio del propio candidato, terminó copando los festejos y escoltando al flamante y joven intendente.

53 años le llevó al justicialismo volver a ser gobierno en la ciudad del sudeste provincial, el Panal no dejaría pasar semejante conquista en las urnas sin exprimirla políticamente.

Por eso, el día del triunfo una comitiva oficialista aterrizó en la Pampa Gringa, desde la vicegobernadora Myriam Prunotto para abajo, fueron varios los funcionarios que no quisieron quedarse afuera de la ola ganadora.

Mientras que ayer el gobernador Martín Llaryora recibió al ganador en su despacho donde se comprometió a trabajar junto al futuro gobierno municipal. “Germán tiene un gran desafío por delante y sabe que puede contar con el acompañamiento de la Provincia. No hay tiempo que perder cuando se trata de mejorar la vida de los cordobeses ¡Manos a la obra!”, dijo.

Fue una victoria local interpretada en clave provincial convenientemente por el cordobesismo. Desde el Gobierno mostraron entusiasmo tras el resultado y destacaron la ingeniería electoral definida por el propio Llaryora para Marcos Juárez. Font ganó con una construcción de fuerte identidad local, sin el sello del PJ, y con una estrategia que buscó justamente desmarcar la candidatura de las etiquetas partidarias.

En cambio, desde el peronismo nacional vieron otra película.

Entendieron el triunfo de Font como una señal de unidad del PJ y como un posible camino de entendimiento entre todas las tribus justicialistas para encarar el 2027 y enfrentar al presidente Javier Milei. La foto del festejo en la ciudad cordobesa, con las distintas vertientes del peronismo local que formaron parte de Generación MJ detrás del intendente electo, habilitó esa interpretación. La perspectiva con la que miraron el hecho local desde Buenos Aires, dista mucho de la realidad cordobesa.

Acá, el PJ juega con otra lógica, con la del cordobesismo. Y ahí hay un solo jefe: Llaryora quien, hasta acá, no ofreció públicamente ningún gesto de acercamiento con un peronismo nacional al que rechaza por estar “colonizado por el kirchnerismo”.

Sería un error, entonces, interpretar Marcos Juárez como un guiño de apertura, aunque la alianza local se haya abierto al massismo (colocó un concejal) y contenga algo de kirchnerismo también. El alineamiento de toda la tropa que Font y Eduardo Foresi, presidente electo del Concejo Deliberante, lograron no tiene una traducción lineal a nivel provincia y muchos menos a la nacional.

Con mucho pragmatismo, Llaryora puso el peronismo a disposición de una estrategia que justamente se basó en no mostrar la marca justicialista. La unidad le sirvió para ganar, pero la conducción sigue estando en Córdoba.

Por eso, más que una apertura hacia el PJ nacional, Marcos Juárez puede ser entendido como una ratificación del modelo cordobesista; sumar, ampliar, camuflar la marca partidaria y conservar el comando estratégico.

El gobernador, en cambio, buscó capitalizar el triunfo hacia adentro de Córdoba. Ahora puede mostrar que esa ciudad que durante décadas fue territorio adverso terminó eligiendo a un dirigente de su espacio, quien además enterró una etapa virtuosa de lo que alguna vez fue la alianza opositora de Juntos por el Cambio que justamente nació allí, en Marcos Juárez.

En definitiva, el peronismo nacional puede quedarse festejando una foto de unidad donde Llaryora, en realidad, solo ve puro cordobesismo.

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