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title: "¿Cómo reformulamos la Argentina?"
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description: "Después de décadas de anomia, fragmentación y política tribal."
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date_published: "2026-09-16T00:00:00-03:00"
date_modified: "2026-09-15T20:54:43-03:00"
author_name: "Eduardo Dalmasso*"
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# ¿Cómo reformulamos la Argentina?

![Dalmasso](/download/multimedia.normal.b059d5b29afebcd3.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

No podemos comenzar por las soluciones. Debemos comenzar por reconocer las contradicciones en las que navegamos, porque expresan buena parte de la complejidad de nuestra realidad y, quizás, algunas razones profundas de nuestra declinación.

Algunas de ellas:

**La contradicción entre las potencialidades objetivas de la Argentina y su incapacidad histórica para transformarlas en desarrollo sostenido:** No solo contamos con recursos naturales estratégicos, capacidades científicas y tecnológicas, empresarios innovadores, trabajadores calificados y una cultura capaz de producir excelencia. Contamos también con empresarios capaces de movilizar importantes volúmenes de capital propio y del mercado mundial, como lo demuestran las inversiones en minería y petróleo. Sin embargo, esas capacidades aparecen fragmentadas y rara vez logran integrarse en un proceso sostenido de desarrollo.

**La contradicción entre la necesidad de construir un proyecto de identidad nacional y la fragmentación de las representaciones acerca de qué somos y qué queremos ser:** Un país puede poseer expresiones culturales extraordinarias, científicos incorporados a los circuitos internacionales de excelencia, escritores de relieve mundial y premios Nobel y, al mismo tiempo, revelar una profunda dificultad para reconocerse en un horizonte común. Una sociedad puede tener diferencias ideológicas, económicas y culturales y, sin embargo, compartir fundamentos acerca de su destino. Cuando estos se debilitan, la política tiende a transformarse en disputa entre fragmentos antes que en construcción de un horizonte común. Aquí aparece una cuestión que será necesario profundizar: la construcción de una hegemonía capaz de articular diferencias sin eliminarlas.

**La contradicción entre una cultura católica profundamente arraigada y las exigencias culturales de una sociedad que necesita crecer, innovar y construir un desarrollo inclusivo:** No se trata de atribuir al catolicismo una responsabilidad por nuestro estancamiento. Se trata de reconocer que nuestra tradición católica no ha elaborado una concepción del desarrollo económico y social con la misma densidad con que otras grandes corrientes de la modernidad —desde el liberalismo hasta el marxismo— pensaron la producción, el trabajo, la riqueza, el progreso y la transformación social. Esta yuxtaposición ha dejado, en nuestra cultura política, tensiones que todavía no hemos resuelto. La cuestión no consiste en elegir entre tradición y modernidad, sino en preguntarnos cómo construir una cultura capaz de integrar solidaridad, responsabilidad social, iniciativa individual, innovación y creación de riqueza.

**La contradicción entre un sistema universitario extendido en todas las regiones, con ámbitos de excelencia, y una institución que, en los hechos, ha renunciado en buena medida al sentido originario del pensamiento reformista:** libertad de conciencia y pensamiento crítico dentro de una concepción democrática.

**La contradicción entre una sociedad que demanda un Estado fuerte y un Estado cuya legitimidad, eficacia y capacidad de conducción se encuentran erosionadas:** Queremos un Estado que proteja, ordene y garantice derechos, pero al mismo tiempo desconfiamos de sus instituciones y de quienes lo conducen. Esa desconfianza se nutre, entre otras razones, de un aparato judicial que convive con intereses políticos ajenos a la esencia de la democracia. El resultado es una relación ambivalente: se reclama al Estado aquello que, muchas veces, la propia sociedad no está dispuesta a sostener institucionalmente. A esta dificultad se agrega otra, propia de nuestra organización federal. Tenemos un Estado federal en el que las provincias poseen autonomía política, administrativa y financiera, pero donde la distribución de los recursos y las responsabilidades no siempre establece una correspondencia clara entre quien decide, quien gasta y quien recauda. El resultado puede ser una estructura que multiplica costos, superpone responsabilidades y dificulta identificar quién responde ante la sociedad. ¿Puede funcionar adecuadamente un federalismo cuando la autonomía política no está acompañada por una responsabilidad fiscal equivalente?

**La contradicción entre una democracia consolidada como régimen político y una democracia que todavía no consigue construir acuerdos sustantivos sobre el destino colectivo ni respetar instituciones medulares para su desarrollo:** Desde 1983 hemos logrado algo significativo: la continuidad democrática. Pero la estabilidad del régimen no ha producido, por sí misma, una cultura política capaz de establecer acuerdos duraderos sobre cuestiones fundamentales. La democracia puede sobrevivir como procedimiento mientras permanece pendiente la construcción de una comunidad política. La Argentina no carece de capacidades, sino de la articulación política que permita convertir capacidades dispersas en poder de desarrollo. Aquí el problema vuelve a remitirnos a la calidad de nuestras dirigencias y a la capacidad del Estado para establecer prioridades de largo plazo.

**Y finalmente, la contradicción entre la necesidad de integrarnos al mundo y la forma fragmentaria en que hemos buscado hacerlo:** Durante décadas, distintos sectores argentinos han tendido a buscar en el exterior aquello que confirma sus propias afinidades ideológicas. Unos miran hacia determinadas potencias, otros hacia otras; unos privilegian razones doctrinarias, otros intereses sectoriales. Pero una política exterior de Estado debería comenzar por otra pregunta: ¿qué relación con el mundo favorece los intereses permanentes de la Argentina? Esta contradicción contiene, en realidad, otra más profunda: la ausencia de una mirada de Estado capaz de contener al conjunto de la sociedad y definir, desde allí, nuestros intereses nacionales.

Pero entonces aparece una pregunta inevitable: ¿en qué instituciones se discuten hoy las respuestas políticas a estas contradicciones?

**Dr. en Ciencia Política (UNC-CEA)*

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