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description: "El herbicida fue noticia en el interior bonaerense y en las investigaciones de una científica con una visión extremista-"
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date_published: "2026-10-02T00:27:00-03:00"
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author_name: "Javier Boher"
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# Chorizos al glifosato

![glifosato](/download/multimedia.normal.b627c028bb61e1a9.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

El tema nos vino como anillo al dedo después de los dichos de Juan Cruz Molina a Mesa de Enlace el viernes pasado. El ex funcionario provincial contó un poco sobre su experiencia durante el conflicto por la instalación de Monsanto en Malvina Argentinas, que terminó en una localidad perdiendo una gran inversión y un puñado de vivos usufructuando el resultado de “la lucha”.

Monsanto es el nombre del cuco para muchos progresistas porque tiene todos los ingredientes necesarios para la batalla moral entre buenos y malos: es una gran corporación que genera miles de millones de dólares al año, sus productos se usan en zonas rurales para la producción agrícola a gran escala y con un posible impacto ambiental, todo a partir de los casos de contaminación en Estados Unidos (a pesar de que la planta que querían en Córdoba era para producir semillas de alto valor comercial).

Más o menos en el mismo momento de la semana se empezó a ramificar en redes y medios el despido de una científica del INTA que había hecho una afirmación grave: según sus estudios, el 100% de los bonaerenses y el 86% de los argentinos tiene glifosato en su cuerpo. Si planteo sigue la línea de los que sostienen que con los agroquímicos se contamina el ambiente y se perjudica a víctimas inocentes y silenciosas. Es una pelea por otros medios contra el campo, el enemigo declarado de cierto sector ideológico que cree que se le puede dar de comer a todo el mundo haciendo agricultura orgánica.

No conozco los detalles técnicos, pero sobra gente dedicada a refutar los planteos extremos de gente como la científica en cuestión, a la que desvincularon del organismo y a quien el gobierno pretende despojar de su título. Sembrar el terror entre la población es un tema que se debería evitar a toda costa, especialmente cuando los datos no son concluyentes y tienen errores metodológicos sobre los que se llamó la atención.

La mayoría de los cordobeses confía en el agua que toma, a pesar de que la provincia tiene un grave problema con el arsénico que se presenta naturalmente en nuestra provincia. Tampoco se detienen a pensar tanto en las consecuencias de los repelentes o los insecticidas comunes que hay en cualquier casa. Pero cuando se trata del glifosato, elemento central para la producción agrícola que permite alimentar a miles de millones de personas en todo el planeta, ahí volvemos a la pelea moral contra el cuco multinacional.

El fin de semana hubo un episodio involuntario que reveló que las alarmas por el glifosato quizás son demasiado exageradas (y que los Estados fallan en los controles que les corresponden).

La municipalidad de General La Madrid organizó la Fiesta del Chorizo a la Pomarola para celebrar su 115° aniversario y los asistentes pudieron fotografiar cómo se usaban baldes plásticos que habían tenido glifosato para llevar los chorizos de un lado a otro. Esta vez el error fue de una gestión radical que ignoró completamente lo que estaba pasando.

El hecho fue un papelón que afortunadamente no registró ningún intoxicado. El resultado probablemente hubiese sido diferente si el balde previamente hubiese contenido creolina, el desinfectante que le da ese aroma tan particular a las escuelas y otras dependencias públicas. En cada casa hay decenas de productos de limpieza mucho más peligrosos para la salud que el glifosato, pero vemos cuánto los necesitamos cada día, a diferencia del lejano químico de la mala Monsanto.

No pretendo que la gente salga a lavarse los dientes con glifosato y de haber comido esos chorizos seria el primero en pedir la horca para el intendente de La Madrid, pero tampoco el terrorismo ecologista que ignora los beneficios de un herbicida mucho más seguro que sus antecesores. Ese tipo de posturas dogmáticas y extremas terminan con gente muriendo de hambre. La historia tiene ejemplos de sobra.

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