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description: "Los hechos de violencia registrados en el país europeo despertaron a los que creen que acá hace falta algo así. Por suerte son muy pocos."
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author_name: "Javier Boher"
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# Francia queda lejos

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Hace un par de semanas que Francia está convulsionada por una serie de protestas que alcanzaron su pico el sábado, cuando el vandalismo arrasó con negocios, monumentos y el patrimonio cultural e histórico. Lo que empezó como una protesta estudiantil terminó con escenas de violencia que exhiben una sociedad fracturada y enemistada.

No nos importa por qué pasa eso, ya que su realidad es otra completamente diferente a la nuestra, pero es interesante ver de qué manera algunos grupos desean fervientemente que suceda algo similar en estas tierras. Su rechazo al gobierno nacional es tan fuerte que sueñan con una revuelta popular que lo deponga. Afortunadamente son una minoría. Lamentablemente, una muy intensa.

Entre las expresiones de deseo que circularon por Twitter, algunas emparentaron los sucesos franceses a nuestro diciembre de 2001, preguntándose por qué habíamos perdido la memoria o qué hacía falta para que la gente saliera a la calle a romper todo.

Solamente alguien que no lo vivió es capaz de pensar que algo bueno salió de ahí. Tal vez por eso (y muchas veces con bastante dificultad) aprendimos a tenerle paciencia a los gobiernos democráticamente elegidos que no nos gustan. Siempre hay algunos que no quieren esperar los cuatro años, pero hay que tratarlos como las minorías que son.

Los extremistas (de izquierda y derecha) siempre creen que el colapso está cerca. Entre los argumentos puede ser que digan que el capitalismo alcanzó sus límites, que la inmigración es mala, que viene el comunismo, que la gente la pasa mal o que hay oscuras fuerzas globales tratando de perjudicarnos, para lo que siempre van a proponer como solución algún tipo de uso de la fuerza legitimada con que es “del pueblo” -como si ese concepto no fuese una entelequia usada para empujar a idiotas útiles contra las instituciones, el único seguro para asegurar la libertad y la igualdad-.

Diciembre de 2001 significó 39 muertos que para mucha gente son un dato en los libros de historia, pero que para las familias y amigos que quedaron acá son una herida que no cierra. ¿Para qué sirvieron?

25 años después, podemos decir que ofrendaron su vida para el corralón y pesificación asimétrica de Duhalde, para una devaluación que dejó a más de media población bajo la línea de la pobreza y para un reclamo de que se vayan todos que al final no consiguió que se vaya casi nadie.

Hubo gente que pensó que venía una etapa de asambleas y democracia directa, pero que al final vio cómo los aparatos partidarios las copaban y se quedaban con ellas. Proliferaron los movimientos de desocupados que iban a traer dignidad a los que estaban sin trabajo, pero que se dedicaron a usar a gente que creyó en las cooperativas y terminó trabajando de manera precaria al servicio de un puntero.

Afortunadamente vivimos en una sociedad que es más pacífica que otras, donde las desigualdades existen pero todavía sobrevive una creencia (cada vez más amenazada) de que el progreso social y material está al alcance de la mano. Prácticamente nadie siente que está todo perdido y no hay salida, de allí que a la hora de buscar un compromiso con esas causas maximalistas siempre la gente termina recordando que es lindo ir a ver a tu equipo a la cancha, juntarte a comer un asado con los amigos o ir al río a tomar unos mates con la familia. En esas pequeñas cosas del día a día se incuba el antídoto contra el fascismo de esos que quieren enfrentar a unos contra otros por cuestiones de poder y política. Los sucesos trágicos de nuestra historia parecen habernos enseñado que no sirve jugarse la cabeza por los que no tienen pelotas, sin importar cuánto digan ser los verdaderos intérpretes de los deseos del pueblo. Qué bueno pensar en lo lejos que estamos de Francia.

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