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title: "Un ejercicio de rescate"
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description: "La edición del programa “La biblia y el calefón” en la que Jorge Guinzburg entrevista a Diego Maradona, Charly García, Graciela Alfano y Joaquín Sabina, ha sido rescatada por la plataforma Flow como parte de los homenajes por el aniversario del nacimiento del Diez."
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date_published: "2026-11-03T00:06:00-03:00"
date_modified: "2026-11-02T21:56:04-03:00"
author_name: "J.C. Maraddón"
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category_name: "Cultura"
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# Un ejercicio de rescate

![ilustra-basural-con-tv-e-imagen](/download/multimedia.normal.b58224c768b7d92d.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

A partir de la vuelta de la democracia en el mes de diciembre de 1983, las expresiones culturales se liberaron de la mordaza que les había impuesto la dictadura, y se empezaron a ver y escuchar cosas que excedían en mucho los límites que la censura había marcado a lo largo de siete años. Por ejemplo, se volvieron más literales las manifestaciones ideológicas que antes habían tenido que camuflarse detrás de metáforas y otros subterfugios, y que ahora fluían con naturalidad. Esto se reflejaba también en los medios masivos de comunicación, donde las opiniones no se guardaban nada y cada cual decía lo suyo sin tapujos.

Pero, además, hubo otro ámbito donde se relajaron bastante las costumbres, y ese fue el de todo lo referido al erotismo, donde el régimen militar había aplicado una política represiva que, no por hipócrita, dejaba de ser controladora. Con la reinstalación de las garantías constitucionales se propició, entre muchas otras cosas, una especie de “destape”, que incluía desde publicaciones impresas, películas y programas televisivos hasta puestas teatrales, donde los desnudos y el desenfado desafiaban lo que había sido hasta entonces un ocultamiento deliberado de cualquier alusión a la sexualidad que pudiera tomar difusión pública.

Se consideró entonces que esto formaba parte del proceso de democratización de la sociedad, y quienes reivindicaban estos derechos y protagonizaban estas acciones transgresoras eran vistos como adalides de los nuevos tiempos que comenzaban a vivirse. Sin embargo, entre tales actitudes se filtraban ejemplos de discriminación de género, cosificación y sexismo que hoy serían objeto de acusaciones condenatorias y que en aquel momento aparecían como vanguardistas. Un estilo de humor que heredaba la picardía del viejo teatro de revistas, se tradujo en ciclos de TV y largometrajes que a esta altura del siglo veintiuno no podrían encontrar un lugar en la pantalla.

Lejos de aminorar su calibre, esa tendencia se acentuó en los años noventa, cuando el culto a lo bizarro y la consigna de la pizza con champán impregnaron un modo de comportarse que parecía extender las licencias de la farándula hacia la población en general. La tinellización de los contenidos audiovisuales alentaba el consumo de un entretenimiento basado en la humillación de los otros para regocijo de los espectadores y eso se trasladó a profesiones como las de las bailarinas, las modelos o las vedettes, que terminaban aceptando sin chistar el triste rol al que las condenaban como objetos de deseo (y de burla).

Una de las estrellas mediáticas de esa época fue el conductor Jorge Guinzburg, que había asomado con “La noticia rebelde” y que en 1990 encabezó junto a Horacio Fontova el elenco de “Peor es nada”, un ciclo de sketches cómicos de Canal 13 que hizo historia. Entre los bloques más comentados del programa estaba la entrevista que Guinzburg le hacía a a alguna figura popular, en la que nunca podía faltar la pregunta por la “primera vez”, que era lo que la audiencia estaba esperando y cuya respuesta era comentada después por la gente con tono cómplice.

Esa desvergüenza del interrogador, que no trepidaba en repetir su consulta íntima ante quien tuviera enfrente, derivó en “La biblia y el calefón”, donde su desenvoltura era puesta a prueba ante un grupo de invitados, a los que se les suministraban copas de espumante para alentarlos a comportarse con mayor chispa. Una cortina musical cantada por Joaquín Sabina acompañaba este acierto de América TV que arrancó en 1997 y que, debido a sus excelentes mediciones, se integró a la programación de El Trece dos años más tarde, respetando las mismas características que lo habían erigido en uno de los favoritos de la teleplatea.

El viernes 9 de julio de 1999 a las 22.30 saldría al aire la emisión grabada pocas horas antes de “La biblia y el calefón”, que contaba con la presencia de cuatro personajes emblemáticos: el ya mencionado Sabina, Charly García, Diego Maradona y Graciela Alfano. A esa constelación de estrellas reunida en el estudio, Guinzburg la sometería a un ping pong desaforado, en el que Alfano tuvo que practicar una esgrima verbal extenuante para contrarrestar las insinuaciones del cuarteto masculino que la rodeaba y que no paraba de arrojarle dardos con doble sentido, conducta naturalizada en aquellos años.

El episodio ha sido recuperado por Flow, que lo repone en su grilla como parte de la celebración por el aniversario del nacimiento de Maradona, fechado el viernes 30 de octubre. Pero junto a la nostalgia de ver al crack argentino en esa circunstancia tan jocosa y distendida, lo que sorprende al apreciar esos noventa minutos desde la perspectiva actual es cómo el humorismo de ese tiempo se tomaba a risa, ante las cámaras, cuestiones que en el presente podrían ser vetadas hasta en su uso privado. Los 27 años transcurridos se notan demasiado en este ejercicio de rescate.

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