Cultura Dra. M. Griselda Lassaga 09 de marzo de 2026

María Madre, mujer y lideresa política espiritual

Ni santas sumisas ni libertinas desenfrenadas, la dicotomía es insuficiente para el universo femenino.
 

Como mujer política con espiritualidad, miro a la Virgen María (Miriam- hebreo antiguo; Miryam- arameo; Mai-N-Mari arameo y copto) no solo como figura devocional, sino como un verdadero punto de inflexión en la historia simbólica y cultural de lo femenino en los escritos sagrados. Antes de María, la presencia de la mujer en la Biblia era, en muchos casos, secundaria, mediada por genealogías, silencios o relatos fragmentados. Con ella ocurre un “antes y un después”: la palabra divina no desciende sobre un rey ni sobre un guerrero, sino que busca el consentimiento libre y consciente de una joven mujer. Allí comienza una nueva gramática del poder.

María introduce amorosamente una revolución silenciosa. No lidera ejércitos ni ocupa tronos, pero ejerce la forma más profunda y real de liderazgo: el de la responsabilidad histórica asumida desde la voluntad y conciencia. Su respuesta —“He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1:38)— no es sumisión pasiva, sino decisión política en el sentido más noble: elegir servir a un proyecto que excede lo individual y transforma lo colectivo. En ese acto, lo femenino deja de ser espectador y se convierte en sujeto activo del designio Sagrado.

Junto a María, podemos mencionar a María Magdalena entre otras tantas mujeres… todas ellas enaltecen a la mujer que ya no puede ser borrada del centro del relato. Sus voces inauguran un nuevo discurso ético y social que desafía al poder establecido. El Magníficat no es solo una oración: es un manifiesto político-espiritual. “Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes” (Lucas 1:52). Estas palabras, pronunciadas por María Madre, reordenan el mapa del poder y anticipan una justicia que no se impone por la fuerza, sino por la dignidad y la convicción.

En los nuevos tiempos, María puede leerse como una lideresa política espiritual quien encarna la coherencia entre fe y acción, entre interioridad y compromiso público. Nos enseña que el verdadero liderazgo no grita, no oprime ni excluye; escucha, cuida y transforma. Su fortaleza es la ternura con firmeza, su estrategia es la esperanza sostenida en medio de la incertidumbre.

Para quienes hoy buscamos una política más humana, inclusiva y ética, María pertenece al presente y futuro, porque ya hace tiempo que trascendió al pasado del altar. Es una referencia viva de liderazgo femenino que integra espiritualidad y acción, silencio y palabra, humildad y coraje. Con ella, lo femenino entra definitivamente en la historia no como excepción, sino como principio transformador que nos marca como personas físicas y espirituales al mismo tiempo.

[1] Experta en Cambio Cultural y Sostenibilidad. Investigadora Posdoctoral- UBA, Dra. en Sociología-UB, Master en RSE y Liderazgo Sostenible- Univ. de Barcelona, MBA in Business Administration.

Mentora certificada Unesco/Aldesd. @griseldalassaga

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