Nacional Por: Javier Boher18 de marzo de 2026

El difícil arte de la moderación

La estrategia para pensar en ser oposición no es extremarse moderarse por completo, sino algo en el medio que hay que descubrir

Hace unos días terminé de leer “Los Ingenieros del Caos”, el libro de Giuliano Da Empoli (lo hice un poco tarde, es cierto). Saqué de allí algunas conclusiones sobre nuestra situación, un poco también a la luz del fenómeno Milei y cómo muchos creen ver en el gobierno libertario una correspondencia con los populismos de derecha desarrollados en el libro.

La primera observación es que todo lo que allí se describe se vivió antes en Argentina con el kirchnerismo. La gran diferencia fue que el uso de algoritmos era algo bastante nuevo y por eso se apoyaron un poco más sobre las viejas estructuras del peronismo. Curiosamente, a medida que la estructura fue perdiendo eficacia el movimiento encabezado por Cristina Kirchner no supo transformarse a una plataforma digital. El forismo K se fue cerrando cada vez más hacia adentro, volviéndose sectario y excluyente, recluido en la categoría “tía jubilada de Facebook”, una descripción del comportamiento antes que de la edad.

El mileismo supo hacer lo opuesto. Las múltiples tribus de la derecha (y no tan derecha) fueron abrevando en la figura del actual presidente, movidos en gran medida por el uso de las redes sociales, con mensajes adecuados para cada plataforma y público específico. 

En el cierre del libro el autor se plantea algunos interrogantes sobre cómo podría sobrevivir la democracia liberal representativa a este avance de la atomización social, microsegmentación publicitaria y polarización política. 

La respuesta no está allí formulada, pero nuestra experiencia para poner fin al kirchnerato marca que la respuesta está en las instituciones, la confianza en las mismas y una paciencia política muchas veces incompatible con la vorágine actual. 

Escuchando el podcast de Andrés Malamud y Pablo Castro, tocaron el tema de la oposición y cómo se podría organizar para hacer frente al gobierno libertario. Una de las claves mencionadas fue la existencia de las PASO, las primarias obligatorias, que son un gran incentivo para que los partidos confluyan en un gran frente (o rejunte de políticos que se opone a lo que hay en la otra vereda) para forzar una especie de bipartidismo.

 

El justo medio

En un hilo de Twitter, el politólogo David Broockman explica algunos descubrimientos que presentó en un paper. Allí desarrolla la idea de tirarse hacia el centro para buscar más votos. Su planteo es que eso no necesariamente ayuda a sumar votos, como todavía no aprendió Horacio Rodríguez Larreta.

En un contexto de polarización, la equidistancia de un candidato ubicándose entre los dos polos no significa que esté alineado con el votante mediano, el que divide el electorado por la mitad, porque todo el electorado puede estar corrido del punto medio entre partidos. 

La moderación también tiene que ver con los postulados del partido, y la moderación no se tiene que dar en todas las dimensiones, sino en aquellas que lo alejan de ese votante del medio y en las que el corrimiento no lo alejaría demasiado de sus votantes.

Un ejemplo de esto último sería el caso de Macri con el aborto. Aunque lo acercó a los postulados del kirchnerismo, la dimensión económica hacía imposible que gane votos desde ese lado; sin embargo, perdió votos que se orientaban por la dimensión social. 

Un caso exitoso sería el de Alberto Fernández; su imagen de “demócrata y pro mercado” le consiguió votos desde los márgenes de quienes votaron a Macri en 2015, pero sin perder su pedigree kirchnerista por haber estado en el gabinete original de Néstor Kirchner. 

Algunos creen que para ganarle a Milei deben convertirse en lo mismo, pero del otro lado. Quizás en realidad se trate de formar un “extremo centro” que se extreme allí donde necesita robarle algo a los ultras, sin perder de vista que tiene que seducir a los que no disfrutan de la polarización. 

 

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