Unidad turística: Embalse llegó a Diputados con respaldo del Panal
La imagen de Mario Rivarola quebrándose en llanto por la situación de Embalse recorrió el país. En ese contexto, el intendente de la localidad del valle de Calamuchita llegó el miércoles al Congreso con un mensaje más plantado y enmarcado en un operativo clamor para revertir la medida extrema anunciada por el gobierno de Javier Milei: el cierre de las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse y el despido de la totalidad de sus empleados.
Rivarola no solo se plantó como jefe comunal angustiado que confesó no dormir ni saber cómo pagar salarios. Se presentó como el vocero de una estrategia política que busca evitar que la crisis de la Unidad Turística Embalse se convierta en una sentencia definitiva para la economía de Calamuchita.
Su exposición en la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados dejó varias lecturas, como que comenzó a consolidarse una suerte de frente político amplio en defensa de las Unidades Turísticas de Embalse y Chapadmalal. Pero también, que apareció por primera vez sobre la mesa una propuesta concreta de reactivación impulsada desde Córdoba.
En un discurso cargado de apelaciones a la unidad y alejado de la confrontación partidaria, Rivarola insistió en que la discusión no debe centrarse en ideologías sino en empleo. "La gente no quiere que le demos un bolsón de mercadería todos los meses. La gente necesita trabajo", resumió ante legisladores de distintos bloques.
Su intervención tuvo un tono casi de convocatoria nacional. Invitó a realizar futuras reuniones en Embalse, pidió dejar de lado "las soberbias y las peleas políticas" y reclamó que oficialismo y oposición construyan una salida común para preservar una estructura que durante décadas fue uno de los motores económicos de la región.
La propuesta que cambió el eje
Sin embargo, entre las apelaciones emotivas apareció una definición política de peso.
Rivarola reveló que el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, le planteó la posibilidad de avanzar sobre un esquema de gestión que permita utilizar parte de los hoteles actualmente operativos para reactivar la actividad turística.
Según contó el intendente, la idea contempla administrar uno o dos hoteles mediante convenios que permitan alojar contingentes de jubilados de manera permanente. El cálculo que expuso es sencillo pero significativo: grupos de aproximadamente 150 jubilados cada dos o tres días generarían movimiento económico suficiente para sostener empleo hotelero, gastronómico y comercial.
La propuesta no implica discutir únicamente la continuidad del turismo social tradicional. Supone un intento de reconvertir parcialmente el modelo para hacerlo viable en el actual contexto fiscal, preservando al mismo tiempo la función social y económica del complejo.
Mientras la Casa Rosada observa a Embalse como un patrimonio que puede ser concesionado o privatizado, Córdoba intenta instalar otra alternativa: ponerlo a producir antes de liquidarlo.
Un nuevo frente para el cordobesismo
La presencia de Rivarola también confirmó algo que ya comenzaba a percibirse en la política provincial.
Embalse dejó de ser un conflicto municipal para transformarse en un problema político para Córdoba que lo pone en tensión con la Nación. La situación de la Unidad Turística se suma a otros reclamos provinciales vinculados a recursos, subsidios y financiamiento.
Por eso no resulta casual que dirigentes de distintos espacios cordobeses hayan comenzado a converger en este tema.
La diputada Carolina Basualdo presentó pedidos de informes para conocer el destino del complejo. La diputada Gabriela Estévez reclama explicaciones públicas sobre el futuro de Embalse y Chapadmalal. Incluso sectores gremiales y organizaciones sociales comenzaron a coordinar acciones comunes.
El valor simbólico y el valor económico
La defensa de Embalse tiene además dos dimensiones que conviven y se potencian.
Por un lado aparece la cuestión simbólica. La Unidad Turística forma parte de la historia del turismo social argentino y conserva una fuerte carga identitaria asociada al peronismo, a las vacaciones populares y al acceso masivo al descanso.
Pero por otro lado existe una dimensión mucho más pragmática. Rivarola insistió durante toda su exposición en los efectos concretos que la paralización del complejo genera sobre el empleo. Hoteles cerrados significan menos mozos, menos mucamas, menos proveedores, menos transporte y menos consumo en los comercios locales.
En sus recientes entrevistas nacionales, el intendente describió una situación financiera límite: caída de la coparticipación, necesidad de tomar créditos para pagar salarios municipales, aumento de la demanda hospitalaria y crecimiento de la asistencia social.
Ese cuadro convierte al complejo turístico en mucho más que un patrimonio histórico. Lo transforma en una pieza central de la economía regional. Y con una propuesta que nace desde el municipio con respaldo del Panal, resta saber si la Nación estará dispuesta a escuchar.
Por ahora, lo que quedó claro en Diputados es que Embalse ya no pelea sola. Y que detrás de la defensa de sus hoteles comienza a tomar forma un operativo político de mayor escala, donde la unidad aparece como consigna, pero también como necesidad.