El G6 se duplica y apura un frente provincial opositor
La disputa del ´27 en Córdoba se anticipa como la elección de los intendentes. Los alcaldes se vuelven una pieza clave para cualquier proyecto de poder provincial por contar con un capital político en el territorio que ningún otro dirigente tiene. Aportan estructura; conservan niveles de conocimiento y confianza superiores a los dirigentes provinciales (hoy muchos miden mejor que el propio gobernador Martín Llaryora); resultan un termómetro claro de humor social y son ordenadores de la política local.
En definitiva, pueden torcer un resultado general. Ahí radica la fuerte disputa que existe entre el mandatario provincial, el libertario Gabriel Bornoroni y el radical Rodrigo De Loredo para ver quién concentra mayor cantidad de alcaldes. Ahí se explica la guerra de fotos con las que se tiran unos y otros exhibiendo supuestos apoyos que en algunos casos son genuinos, pero en muchos otros, responden simplemente a necesidades de gestión y puro pragmatismo.
Es que los intendentes están mirando poder, recursos y supervivencia, pero, sobre todo, quién llega vivo y más competitivo al 2027.
Incluso dentro del propio oficialismo donde hay cierta disconformidad con la estrategia política general para el interior y también con el rol del ministro de Gobierno, Manuel Calvo; de hecho, ex intendentes y dirigentes territoriales de algunos departamentos se están juntando para definir cómo y cuándo exteriorizar ese malestar.
En el frente opositor, el tablero está mucho más desordenado. La indefinición de los principales referentes provincial derrama hacia abajo, y comienza a generar inquietud y ansiedad entre los jefes territoriales cuya mayoría transita su primer mandato y peleará una reelección.
Por eso, se están produciendo movidas laterales a las que encabezan Bornoroni por un lado, y el De Loredo por el otro.
Hace un tiempo tomó nuevamente vigor el bloque de los seis intendentes no oficialistas del populoso departamento Colón. El G6 que originalmente integraron Fernando Rambaldi de La Calera; Pablo Cornet de Villa Allende; Federizo Zárate de Jesús María; Adela Arning de Mendiolaza; Miguel Pittaro de La Granja y Ezequiel Lemos de Río Ceballos, no sólo se reactivó, sino que se duplicó en cuanto a su representación.
Otros intendentes no peronistas (cuyos nombres este diario se reserva) se fueron sumando al espacio que en los últimos dos meses se reunió en La Calera y Mendiolaza, y que tiene previsto un tercer encuentro próximamente en Anisacate, con Natalia Contini como anfitriona.
Se mueven con cautela, pero a paso firme. Corren tiempos de muchas sensibilidades y presiones sobre los jefes comunales.
Por eso, los intendentes retomaron las reuniones con bajo perfil, pero con la clara decisión de afianzar el bloque y expandirse. Ya no sólo se reúnen por cuestiones de gestión que, en rigor de verdad, también ocupa una buena parte de las conversaciones, sino sobre todo por asuntos de la coyuntura política y el armado pre electoral. Con mayor o menor padrón electoral, la suma de esos distritos puede incidir en una elección cerrada.
Los intendentes les están pidiendo a cada uno de sus referentes provinciales que apuren las definiciones con el objetivo de avanzar en un frente común opositor. Pero también, avisan que, frente a una crisis de representatividad, no dudarán en priorizar sus territorios.
Advierten que quien junte realmente intendentes no junta solo dirigentes; junta territorio, estructura y una parte enorme del poder, un activo que los hace valer mucho.
Por otro lado, hay una coincidencia generalizada entre los intendentes no oficialistas en que el gobierno de Llaryora les esta dispensando un trato institucional distinto al del comienzo de la gestión y que cortaron ciertas vías de comunicación. Incluso, no dudaron en señalar que el oficialismo está castigando a fuerza de recursos que no llegan o se retrasan. Un raro federalismo que dista mucho del que declama el cordobesismo.