Nacional Por: Javier Boher10 de agosto de 2026

País de deudores y de infantes

El nuevo tema de la semana es el de las familias endeudadas, un nuevo intento de que nadie se haga cargo de nada.

Hace dos semanas fue el tema de la Ley del Libro. La semana pasada, la Ley de Tierras. Esta parece que va a ser sobre el tema de las deudas que tienen las familias. Viene flojo el troll center libertario que no consigue imponer agenda y anda discutiendo los temas que tira el kirchnerismo para pegarle al gobierno (que está perfecto, porque a eso se dedica una oposición).

Como suele pasarme con algunos temas, a este traté de esquivarlo pero finalmente aparecen dos o tres cosas que me generan algo adentro que me empuja a darle duro al teclado.

Casi todos hemos tenido deudas alguna vez. Puede ser por el contexto económico general, por una situación puntual de un despido o por malas decisiones de consumo, pero la mayoría de nosotros alguna vez se enfrentó a no llegar a cubrir la totalidad de sus obligaciones.

Algunas veces se dejan de pagar tasas e impuestos, otras veces servicios que no te cortan (como la escuela) y un paso más allá es empezar a meter la tarjeta para cubrir gastos cotidianos. Hoy están las billeteras virtuales y otras plataformas que compiten por ese mercado, pero el efecto sobre la gente que administra mal es el mismo.

La semana pasada me crucé con un video de Ernesto Tenembaum despotricando contra Marcos Galperin por este tema. También me crucé con algunos videos contra los desalojos express, que son otra parte de lo mismo: pobre el que no paga, qué malo el que tiene una propiedad para alquilar. Finalmente me crucé con una nota en un diario cordobés en la que pone la palabra clave para detectar que vivimos en un país de infantes que no se quieren hacer cargo de sus decisiones. La palabra es “empatía”.

Dos veces en mi vida tuve situaciones de deudas de las que pude salir porque alguien me dio una mano, pero fueron situaciones extremas de montos menores (pero que para un docente y periodista son gigantes). En ambos casos la decisión fue muy simple: lo primero es ajustar los gastos y dejar de pretender que todo se va a arreglar mágicamente si lo negamos.

Casualmente en el mismo Twitter me aparecieron dos tuits que reflejan mucho de lo que está detrás de esta problemática. En uno hacían referencia a que en nuestra infancia de clase media quizás había una salida mensual a comer, mientras que hoy creen que comer afuera tres veces por semana es propio de un ingreso normal. En el otro, una influencer que decía que los gastos de los jóvenes de su generación les dificultan tener casa propia. Obvio que no hay crédito hipotecario, ¿pero para qué lo quieren si después van a quejarse si lo tienen que pagar, como tantos que tomaron créditos UVA?

La peor parte de la nota del cordobés es una en la que asegura que la gente no necesita educación financiera porque siempre supo estirar la plata. Se le escapa la parte de que había subas salariales que aceleraban la inflación y licuan las deudas, mientras los bancos ganaban plata con las leliqs y demás yerbas con las que los gobiernos anteriores se financiaban.

Si el ejemplo de nuestra clase dirigente es que no hace falta limitar el gasto y que hay que dejar de pagar las deudas (con los proveedores de afuera, con los acreedores, con bancos y organismos multilaterales o con quien sea) no podemos pretender que la gente entienda lo que significa mantener ordenados los números de la economía doméstica. Faltan hábitos y herramientas.

Anteayer le pregunté a Chat GPT cuál es el tema de mis notas. Revisó casi 1.700 notas, el equivalente a haber escrito ….. y concluyó que la pregunta que está detrás de todas las notas es “¿Cómo puede sostenerse una sociedad libre cuando nadie quiere asumir responsabilidades y quienes tienen poder no aceptan límites?”.

En este tema de las deudas el problema es otra vez el mismo: queremos creer que la gente está en condiciones de votar presidente, elegir pareja, elegir dónde quiere vivir o qué quiere comer, pero necesitamos que el Estado los ayude a pagar las deudas por gastar de más, a que no los desalojen por no pagar o a que no los metan presos porque fueron víctimas de la sociedad. Es imposible vivir con gente que quiere que nadie se haga cargo de nada.

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