Nacional Por: Javier Boher29 de septiembre de 2026

Milei sigue peleando con los números

Lejos de hacer docencia, el presidente eligió completarse como algunos de sus antecesores.

La construcción de indicadores de cualquier tipo es un proceso importante para definir cualquier política pública, porque nos permite comparar los cambios en el tiempo y el espacio. Gracias a que se los define de una manera clara y sin ambigüedades es que sabemos qué estamos comparando en cada momento, qué fortalezas tienen y qué debilidades pueden aparecer. 

Como las sociedades son complejas y evolucionan a lo largo del tiempo, siempre hay que estar revisando esas definiciones para plantear nuevas alternativas más completas o que abarcan otras dimensiones antes ignoradas. Quizás uno de los ejemplos más comunes es el de usar el PBI per cápita o el Índice de Desarrollo Humano para comparar países, siendo el segundo un intento de superar las limitaciones del primero.

Lo que no corresponde hacer es cambiar permanentemente la vara de medir de acuerdo a las necesidades coyunturales, tal como planteó el presidente en su entrevista del domingo a la noche, especialmente porque criticó la herramienta que usó otras veces para defender el rumbo económico. Está clarísimo que es su obligación hacer esto último, pero no es necesario que lo haga torciendo sus propias palabras. Tampoco hace falta que sea intransigente en la defensa del indicador, pero ya que le gusta hacerse el filósofo y el teólogo podría aplicar el principio agustiniano de que callar la verdad no equivale a decir una mentira. ¿No te gusta la forma en la que se expresa el estimador mensual de actividad económica (EMAE)? Ignoralo y buscá otro ángulo.

Muchas de las afirmaciones de Milei son ciertas, pero el problema más grande está en el cambio de opinión respecto al indicador. Es como el plateísta que pasa de tatuarse la cara del goleador porque hizo un gol para ganarle al clásico rival o le tira con la radio porque hizo un gol que no alcanzó para ganar la final. Un gol sigue siendo un gol. 

En el programa del Turco Genesir Mauricio Cóccolo tiene una forma muy particular de referirse a este tipo de actitudes del presidente, diciendo que Milei le pone una cucharadita de kirchnerismo al té. Es una manera elegante de señalar el giro hacia las formas del pasado que tiene el gobierno actual, que incluye la pelea con los números que caracterizó a un espacio político que los consideró estigmatizantes.

La virtud de cualquier liderazgo que se precie no está en mentir y ocultar la verdad a la gente como si se tratara de infantes, sino de aplicar la máxima de Fernando Henrique Cardoso: “gobernar es explicar, explicar, explicar”. 

Milei trató de esbozar una explicación sobre las debilidades del indicador pero lo hizo de la peor manera posible. En lugar de hacer docencia (lo que le reconocen los votantes que lo siguen desde las catacumbas de la televisión por cable), elige desacreditar una herramienta que ya usó otras veces, quedando como un político común y corriente de los que quieren que la realidad se adapte a sus ideas, en lugar de tratar de interpretar las cosas con un lente propio.

Al final del recorrido los números no mienten. Si estamos a la puerta de una recesión, eventualmente el indicador tendencia-ciclo que eligió para criticar el desestacionalizado lo va a mostrar. Quizás ahí elija volver al que usaba antes. De cualquier modo, no se pueden ignorar los números. Tarde o temprano se terminan imponiendo.

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