Brasil a segunda vuelta: qué se juega Argentina en el ballotage entre Lula y Flávio Bolsonaro
Pablo de la Fuente
(*Periodista y consultor especializado en Brasil)
Habrá segunda vuelta en Brasil. Nunca un candidato a presidente que se impuso en la primera vuelta, como Flávio Bolsonaro, perdió en la segunda. Pero del otro lado están Luiz Inácio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores. ¿Qué puede esperar Argentina de los resultados del 25 de octubre?
Si gana Flávio, un giro de 180 grados en el vínculo diplomático. Milei lo respaldó durante su campaña. Volverían los embajadores y se alinearía el discurso con Estados Unidos. Brasil se sumaría a la llamada "marea azul" regional junto a Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
El flujo comercial bilateral responde más al ciclo económico que al color político. El corazón —autos, autopartes, trigo, lácteos— es una cadena integrada que no se desarma por la simpatía política. Brasil es el principal socio comercial de Argentina: entre enero y agosto de 2026, Argentina le vendió US$ 8.578 millones (12,8% de sus exportaciones totales) y le compró US$ 10.630 millones (21,7% de las importaciones). El déficit del período fue de US$ 1.635 millones y se proyecta en US$ 2.500 millones para el año completo. En 2025, el intercambio total fue de US$ 31.200 millones. En 2026, Argentina redujo las compras un 9,6% comparado con el mismo período del año pasado y aumentó las ventas un 6,9% (Brasil absorbió el 67% de las exportaciones automotrices argentinas). El flujo total se redujo 6,4%.
Con Flávio, la diferencia está en la agenda. Su plan casi no menciona al Mercosur y habla de apertura "de China a la Unión Europea", más un posible tratado con Estados Unidos. Eso tiene un punto de tensión potencial: choca con la apertura unilateral que impulsó Milei con Washington y con el arancel externo común del bloque. La afinidad ideológica no resuelve esa contradicción.
Brasil precisa reducir su déficit fiscal, que presiona la deuda del gobierno (llegó al 83% del producto bruto interno). Flávio no le pedirá la motosierra a Milei; prometió usar tijeras. Lula lo haría con bisturí. Un ajuste fiscal brasileño en 2027 podría enfriar la actividad al mismo tiempo que la volatilidad electoral argentina. Si las dos economías se desaceleran en simultáneo; el comercio bilateral se contrae —gane quien gane.
El mercado mira al fiscal brasileño más que al ganador. JPMorgan estima un crecimiento brasileño cercano al 1% en 2027 si hay ajuste fiscal, lo que limita la demanda de productos argentinos aunque el resultado electoral sea "amigable" para los mercados. Si el gobierno que asume ordena las cuentas, el dólar podría caer a 4,80 reales; si se deterioran, de vuelta cerca de 6. Una depreciación del real con el peso quieto encarece los productos argentinos y abarata los brasileños, lo que impactaría en autos y alimentos.
Una agenda de corte liberal-conservador anticipa mayores privatizaciones, recortes del gasto y un ancla fiscal estricta. Si esa agenda genera confianza en los mercados, puede atraer capitales a la región y mejorar también el clima financiero para los activos argentinos.
Si Lula consigue dar vuelta la historia, la diplomacia seguirá fría. El vínculo nunca estuvo peor. Milei llamó a Lula "ladrón" durante el lanzamiento de campaña de Flávio. Brasil retiró a su embajador y rebajó la relación a encargados de negocios. La tensión podría agravarse si la Casa Rosada demora el reconocimiento de un triunfo ajustado. Mucho más si un Lula ganador se mete en la campaña argentina como lo hizo en 2023.
El comercio aguanta, cualquiera que sea el ganador. Los incentivos económicos para mantener la relación son más fuertes que las diferencias políticas. Pero la agenda de Lula seguirá el mismo rumbo. Es el defensor del bloque Mercosur. Impulsó el acuerdo con la Unión Europea, que ya rige de forma provisional. La continuidad de Lula bloquea la agenda de Milei de avanzar hacia un Mercosur más flexible que permita negociar acuerdos comerciales individualmente. No implica conflicto abierto, pero sí un techo político a la agenda argentina.