Nacional Por: Javier Boher23 de octubre de 2026

Para gobernar hay que ganar

Milei insultó a Pedro Sánchez y expuso dos formas de ser candidato. Los que quieren ganar acá deberían ver cómo hizo hasta ahora el español

Aunque todavía faltan meses para las elecciones generales del año que viene, poco a poco se empieza a instalar la campaña electoral que viene. Sin candidatos claros, todas las conjeturas flotan en el aire.

Después de octubre de 2023 mis análisis se apoyaron sobre dos lecturas básicas. Primero, que hubo un recambio generacional que se cansó del kirchnerismo y trajo otras ideas. Segundo, que el espacio autodenominado republicano había quedado fuera del ballotage y por lo tanto habían ganado los malos modos del populismo (libertario o kirchnerista).

Esta semana el presidente Milei estuvo en España y se dedicó a atacar al gobierno de Pedro Sánchez, un dirigente capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder (como pactar con los sucesores de ETA o con los nacionalistas catalanes que declararon la independencia). Muchos objetaron los modos del presidente, principalmente al considerarlos impropios de un Jefe de Estado que debe representar a toda una nación. No se puede argumentar nada en contra de eso, salvo que es lo que se veía venir desde el día que se definió que habría ballotage.

Así, mientras reparaba en esas dos figuras antagónicas dentro de la política hispanoamericana, me puse a pensar en qué estarían dispuestos a hacer nuestros futuros candidatos con tal de obtener la mayoría de los votos.

Las elecciones en este país siempre son el reflejo de la situación económica. Los gobiernos que generan sensación de bienestar en la población suelen ganar, mientras que los ciclos de recesión o estancamiento suelen derivar en derrotas oficialistas. En este último caso, además, debe darse una condición adicional para asegurar una derrota, que es una oposición unida o una masa ideológicamente similar en el polo opuesto al del gobierno.

Todavía no parece cumplirse ninguna de las dos.

Si bien hay una mayor demanda de Estado presente, es difícil saber si eso corresponde a un reclamo ciudadano o a un lamento de los que viven del sector público. Hoy el kirchnerismo asoma como la principal fuerza opositora, pero no está tan claro que se pueda quedar con muchos de los votos republicanos o de centro que perdió a manos de Milei.

En muchas provincias la agenda económica no prende. En otros distritos puede pasar lo mismo con la “batalla cultural”. Definitivamente hay algunos lugares -como Córdoba- donde el kirchnerismo es mala palabra. Con tantas aristas para definir una candidatura resulta inevitable la pregunta sobre qué estaría dispuesto a hacer un político que quiera unificar esos votos dispersos para posicionarse en contra del gobierno.

Puede ser que algunos políticos defiendan ideas, pero muchos de ellos piensan principalmente en términos electorales, lo que está bien: un político que no gana elecciones no gobierna.

A mi entender, hay dos vías para tratar de acceder a esa masa de votos que está en el medio y huérfana de representación. Por un lado, si el kirchnerismo modera su agenda económica chavista y reconoce que el orden macroeconómico es necesario para crecer y generar bienestar. Por el otro, que los que ya proponen esa agenda económica agarren las banderas de las otras “luchas”, como las del feminismo, el movimiento LGBT o el ambientalismo, pero sin caer en los modos que les valdrían la etiqueta de kirchnerista. 

En ambos casos se trataría de dejar afuera los elementos más radicalizados, entendiendo que hoy el espectro está ligeramente más a la derecha y hay unos 20 puntos de los que Milei tuvo en el ballotage que están fuera de su núcleo duro y valoran otras cosas que van más allá de lo estrictamente económico.

Esta semana se llenó de fans de Pedro Sánchez. Si solo se quedan en las consignas no les va a haber servido de nada.

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