Nacional Por: Javier Boher02 de noviembre de 2026

Presidentes argentinos que gritonean por ignorantes

El furcio de Milei con el héroe de la Odisea demuestra que la vara intelectual sigue yendo cada vez más abajo

“Mi obra de cabecera son las obras completas de Sócrates”, dijo alguna vez Carlos Menem para burla de muchos ciudadanos. Lo que se conoce del pensamiento del filósofo griego llega a través de las obras de sus discípulos, ya que no dejó nada escrito. Menem trataba de parecer culto, pero en ese tipo de declaraciones demostraba que no lo era. Tenía otro tipo de habilidades que lo llevaron a ser el presidente que más años ocupó el cargo de manera continua, pero no manejaba los griegos.

Tanto Alberto Fernández como Mauricio Macri se confundieron el nombre de Jorge Luis Borges y declararon haber leído sus novelas, a pesar de que no escribió ninguna. Cada uno por su cuenta y con su propia estrategia llegó a ocupar la presidencia a pesar de no saber quién era ni qué escribió el escritor argentino más famoso.

Cristina Kirchner habló de “Hache Dos Cero” para dar clases magistrales de química refiriéndose al agua. A pesar de su desconocimiento tan básico del elemento vital, lo mismo pudo tener dos periodos presidenciales y uno vicepresidencial. 

Los presidentes están siempre bajo escrutinio de ciudadanos y medios, que andan buscando errores para marcarles sus errores. Algunos lo hacen más fácil, como Alberto Fernández y su catarata de furcios (cómo olvidar la “garganta profunda” o que los brasileños vienen de la selva), pero ahora le está llegando un serio contendiente para pelear en la cima. Javier Milei, al que sus adherentes también lo militaron como un gran profesional y un docente universitario que cosecha doctorados (honoris causa) por el mundo. 

A pesar de que alguna vez ya había contado bien la historia, en esta ocasión le erró a los nombres y bautizó “Eliseo” a Odiseo, el protagonista de la tragedia griega. Insistió varias veces en un error que no le marcó nadie (ni asesor ni asistente) y Twitter se llenó de gente que se encargó de enmendar ese error. No me voy a robar esos chistes, entre los que hubo algunos muy buenos que el lector podrá buscar en dicha red, particularmente con el personaje que encarna Guillermo Francella en El Encargado.

Todos cometemos errores de manera cotidiana, pero no todos reaccionamos del mismo modo al tomar conciencia de ello. Mientras algunos se flagelan por haber equivocado la frase o el acto, otros insisten en el error o acusan al resto de haberse equivocado peor. Milei pertenece a este último grupo, el de los incapaces de rectificar sus dichos. En el mejor de los casos hará una omisión al momento de llegar el tema, pero en general va a buscar la forma de que la culpa sea de otro. Es la soberbia del ignorante, que demuestra certeza porque no alcanza a dimensionar todo el conocimiento que excede su saber. 

La lista no exhaustiva con la que arranca la nota debería hacernos pensar un poco más sobre la calidad de nuestra clase dirigente, donde los presidentes, pero particularmente los líderes populares de cada momento, demuestran que son ignorantes en muchas áreas, a diferencia de lo que solía ocurrir en otros momentos de nuestra historia. Si es cierto que ha caído el nivel educativo de Argentina, el culto a la ignorancia que reflejan nuestros presidentes del siglo XXI debería ser el mejor indicador para comprobarlo. Los discursos vulgares o soeces sirven para sumar adeptos y ganar elecciones, pero reflejan la decadencia de una sociedad en la que el saber enciclopédico es atacado sistemáticamente desde el mismo aparato educativo estatal. ¿Para que aprender datos si ahora está todo en internet?

Milei puede ser un bruto y podemos estar todos de acuerdo en eso, pero esa coincidencia no va a resolver el problema de que no existe tal cosa como un presidente-intelectual. De hecho, el último del que se podría haber dicho algo como eso fue Fernando De la Rúa (medalla de oro en el Liceo Militar y en la facultad de derecho, de dónde egresó con 21 años) y probablemente la mayoría de la gente no lo pondría en el grupo de los presidentes que haría tallar en el Monte Rushmore local.

Hacia el futuro, la mayoría de los candidatos presidenciales no puede hacer gala de una gran sapiencia, al punto de que algunos consiguieron sus títulos de grandes, cuando ya entran a tallar otras cuestiones. Tampoco hay un consenso sobre la calidad intelectual de los que tienen postgrado: Axel Kicillof es doctor en economía y Patricia Bullrich en Ciencia Política, pero mucha gente dudaría de considerarlos unos intelectuales.

Así, con el paso de los años la evidencia sobre nuestros presidentes parece confirmar que vamos volviendo a Domingo Faustino Sarmiento, que si se convirtió en prócer fue por su gran capacidad para hacer como político y pensar como intelectual. Hay una frase que se le atribuye a él y a algunos otros, en la que dice que el único anagrama posible para argentino es ignorante. Incluso él se equivocó, porque “gritonean” se forma con las mismas letras. En cualquier caso, a nuestros últimos presidentes les caen bien todas: son argentinos que gritones con la fuerza de los ignorantes que las saben a todas. Qué triste, Eliseo.