De marginales y travestis
En otra época el canal Crónica nos hubiese deleitado con sus icónicas y creativas placas rojas, pero por suerte hemos aprendido que ciertas cuestiones no deberían tomarse con humor y todo se viralizó como el conflicto que fue. El episodio tomó rápidamente las redes por lo inverosímil y por la forma en la que se lo tomaron algunos militantes de la grieta. Una horda de malvivientes en bicicleta patoteó a varias travestis que estaban tratando de hacer la noche en los bosques de Palermo.
La situación tomó estado público porque uno de los involucrados filmó y compartió un extracto de su día, desde que parte desde algún lugar perdido en el conurbano bonaerense hasta que regresa a su hogar, tras vagabundear todo el día y participar de estos sucesos violentos. El vídeo es un canto a la marginalidad y a la falta de un plan de vida. Es el reflejo de una economía que no crece y una sociedad que no da oportunidades.
El ataque es una consecuencia de la falta de límites que domina cada ámbito de la Argentina, lo que se combina con algo de la homofobia que todavía queda entre los varones jóvenes y el probable hartazgo de las travestis de que les corran los clientes y cansadas de ser objeto de burla permanente.
La grieta
Quizás una de las peores cosas fue la sobreactuación de los que condenaron o celebraron el hecho. Muchas de esas personas siguen buscando de qué agarrarse para pelear con los del otro lado y no tienen ningún tipo de interés en lo que pasó. Todo es una micropelea contra kukas o pelucas, como si hubiese batallas ideológicas más importantes que el día a día de las personas.
Todos los que quieren tener razón trataron de explicar por qué la culpa es de las ideas de los del otro lado en lugar de buscar razones más amplias para que suceda un espectáculo tan bochornoso. Las escenas de pelea a varillazos entre travestis y lúmpenes era una versión subdesarrollada del Kendo, esa especie de esgrima japonesa con un sable de bambú. Todo el espectáculo fue bochornoso.
En Córdoba
El video es revelador de una problemática que se sigue extendiendo por todos lados, incluso en Córdoba. Las hordas de motoqueros y ciclistas que recorren las calles en grupos de a decenas ya ha llegado varias veces a los medios. Los vecinos están preocupados y asustados por todo lo que lo rodea. Los ruidos, la violencia, la pirotecnia y la posibilidad de que todo se desmadre los mantiene alerta, sabiendo que finalmente nadie les va a dar una solución cuando sobrevenga el caos.
Nuestra ciudad también tiene situaciones sociales complejas, barrios abandonados por la acción estatal y problemas de falta de expectativas o proyección a futuro entre los jóvenes. Las trifulcas generalizadas ya se han viralizado más de una vez, aunque nunca combinando cuestiones tan sensibles como en este último caso.
El hecho de que el grupo de travestis haya sido destinatario del odio de estos jóvenes es un añadido particularmente grave, pero es un detalle que no debe esconder una problemática social mayor, que eventualmente puede cobrarse una vida. Los videos no parecen mostrar que hayan tenido como objetivo ese ataque, pero la forma en la que volaban las piedras muestra que nadie se detuvo a pensar en las posibles consecuencias mortales de ese accionar.
Ojalá la existencia de todo ese testimonio audiovisual ayude a esclarecer el ataque y le signifique algún tipo de sanción o condena a los agresores. Lamentablemente, la anomia en la que se encuentra sumergido el país desde hace años nos hace ser un poco pesimistas al respecto.