Llora el progresismo por Venezuela

Estados Unidos secuestró a Maduro contra todas las reglas, las mismas que dejaron de tener razón de ser al no poder resolver una dictadura
Política05 de enero de 2026Javier BoherJavier Boher
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Por Javier Boher
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Hoy tocaba otra entrega de lo que vivimos en el 2025, pero lo que pasó en Venezuela es demasiado grande como para mantener ese cronograma estipulado de antemano. Hay demasiadas cosas para decir, así que voy a tratar de ser lo más breve, sintético y didáctico posible, pero partiendo de un elemento central: hoy Venezuela está más cerca de recuperar la democracia que en los tiempos de los repudios, los reclamos y las mesas de debate.

Una de las primeras cosas que se aprenden cuando se empieza a estudiar relaciones internacionales es que el sistema internacional es anárquico, lo que significa que no hay un Estado global, sino un conjunto de actores libres de hacer su voluntad. Hay distintas interpretaciones sobre ese sistema y sus características, pero un elemento clave es la capacidad de usar la fuerza, lo que genera distintas clases de Estados, cada uno con posibilidades muy distintas.

El caos de la primera mitad del siglo XX generó dos guerras mundiales porque las potencias no se podían poner de acuerdo, lo que llevó a la creación de un orden basado en reglas que se sostuvo hasta nuestros tiempos. Funcionó bien durante años, hasta que dejó de hacerlo, habilitando a que los países antidemocráticos jueguen en igualdad de condiciones respecto a los que respetan los derechos de las personas. En ese periodo de transición actual está expuesto crudamente que hay países que pueden imponer condiciones y países que deben entender que están algunos escalones debajo.

Ese mundo de instituciones globales le permitió a Rusia, China, Irán o Cuba sobrevivir y poner límites a los demás. El diálogo onanista de la ONU significó que occidente se autoimpuso límites que el resto ignoró. Así, jugadores débiles lograron que los jugadores fuertes se aten las manos para jugar. Las demostraciones de fuerza de Estados Unidos bajo la presidencia Trump demuestran que el mundo cambió y que el “Pato rengo” no es tal y tiene formas de exhibir su fortaleza.
Venezuela sigue siendo una dictadura, pero se le señaló que hay ciertos límites que no se pueden cruzar. Estados Unidos se comportó como el hermano más grande que ocasionalmente maltrata al más chico para hacerle entender quién es el que manda. A esta altura no se puede negar que el gobierno de Maduro y compañía no respeta nada de lo que hace que una democracia exista: no hay elecciones competitivas, ni libertad de expresión, de prensa o de reunión, sino una serie de mecanismos destinados a reducir la competencia y ahogar la voluntad popular.

Esto es así desde hace más de una década, generando que un tercio de los venezolanos se haya exiliado. Entre los que quedan hay presos políticos y gente sometida a una dictadura que se financia con el narcotráfico.

Cada vez que se intentó señalar que las cosas no estaban bien el progresismo se encargó de encontrar un pero, empezando por las cuestiones económicas y del control de los medios, pasando a la forma de amañar elecciones e ignorar resultados y terminando con proscripción política y represión desembozada a miles de jóvenes que marchaban pidiendo democracia, todo condimentado con barbaridades como el festejo de Evo Morales con su “¡Dales duro, Maduro!”, dejando en evidencia que acá no importaban los derechos humanos, la dignidad, ni nada por el estilo, sino solamente el hacer negocios lavándoles la cara con un poco de progresismo ideológico nostálgico de los ’70. Siempre el progresismo se encargó de defender a Venezuela, a pesar de haber visto en tiempo real cómo se convirtió en una dictadura, dando a entender que tanto no les importaba.

En esos años de Patria Grande y nuestramericanismo aumentó enormemente el consumo y producción de drogas en toda América latina, empeorando un problema transnacional de varios años. Todo se complementó con un discurso tolerante respecto a las drogas que relajaba controles bajo una premisa de libertad individual.

Hoy Venezuela es más libre porque el Estados Unidos del fascista Trump se llevó al dictador para juzgarlo en su país, a diferencia del Estados Unidos del demócrata Obama que hizo ejecutar a Bin Laden y tirar su cuerpo al mar.
Todos en algún momento creímos eso de que Estados Unidos es el malo del mundo, a pesar de que es la razón de que exista el orden internacional liberal basado en reglas. Madurez es entender que Estados Unidos, incluso siendo los malos, son los buenos; todas las alternativas que se nos proponen son malas porque limitan los derechos de las personas en alguna dimensión. Los yanquis, incluso con todos dos errores, representan algo más parecido a lo que consideramos bueno y deseable para nosotros y nuestras vidas.

Rusia, China, Irán, Turquía, Corea del Norte, todos financiaron o ayudaron de algún modo a la Venezuela de Maduro. La alianza entre estos países les permitió -y aún les permite- debilitar las bases de la democracia en occidente.

El mundo de la segunda postguerra se terminó, dando lugar a uno de zonas de influencia y ver quién es más poderoso en términos de “fierros”. Lo ideal sería que las cosas se hubiesen resuelto acorde al derecho internacional, pero no se pudo, porque algunos insisten en considerar que un Estado es un comportamiento estanco en el que un gobierno ilegítimo puede tratar a las personas como súbditos o posesiones en lugar de considerarlos ciudadanos de pleno derecho.
No sabemos en qué va a terminar esto que empezó Estados Unidos, pero si los venezolanos de la diáspora están festejando, probablemente lo más sensato sea acompañarlos, no decirles que están equivocados porque Estados Unidos quiere el petróleo. Lo importante acá es que Trump nos alegró el día a muchos, amargando a todos los amigos de las dictaduras. Todo lo que haga sentir miserables a esas personas está bien.
 

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