
Mario Negri y el adiós a un amigo: “Brandoni nunca especuló con sus ideas políticas”

La partida de Luis Brandoni ha dejado un vacío difícil de llenar no solo en el escenario y la pantalla, sino también en el corazón de la vida democrática argentina. Entre los testimonios más sentidos se destaca el del cordobés Mario Negri, quien más allá de la militancia compartida en la Unión Cívica Radical, mantuvo con el actor una amistad entrañable de décadas.
En diálogo con Diario Alfil el exlegislador repasó los momentos compartidos, desde asados en Buenos Aires hasta recorridas proselitistas en el interior profundo de Córdoba.
Para Negri, “Beto” fue un ejemplo de coherencia en tiempos de fragilidad política. Lo recordó como un hombre que jamás especuló con su pensamiento por temor a perder público, una transparencia que lo convirtió en un referente ético y según sus propias palabras, "daba clase sin ser maestro".
—¿Cómo definiría el vínculo que lo unía a Luis Brandoni después de tantos años?
—Nuestro vínculo era de muchísimos años e incluía una amistad personal muy profunda. Visitó a mi familia hace mucho tiempo y compartimos innumerables momentos. Hace poco estuvimos comiendo en una parrilla en Buenos Aires; yo sabía que él estaba delicado y seguí todo este proceso muy de cerca con su pareja. Tenía las características de los grandes: era una persona extraordinariamente humilde, defendía sus convicciones con firmeza, era muy republicano y, sin ocultar sus expresiones políticas, era sumamente respetuoso.

—Brandoni fue un actor que nunca ocultó su militancia, algo que no siempre es común en el ambiente artístico.
—Exactamente. En ese ambiente muchos prefieren no dar definiciones políticas, pero él no se guardaba nada porque creía que la coherencia tenía mucho valor. No especuló jamás, ni siquiera cuando otros lo hacen por miedo a perder votos o público. Fue diputado en el 2001, en el peor momento de la crisis, y mantuvo siempre la fidelidad a sus valores en tiempos donde la infidelidad parece haberse naturalizado en la política. Era muy fácil saber quién era Brandoni porque era transparente.
—Usted compartió campañas con él, ¿cómo era ese Brandoni militante fuera de los grandes escenarios de Buenos Aires?
—Era un enamorado de los teatros del interior. Cuando conversábamos, hablábamos de las salas en los pueblos, como en Vicuña Mackenna; él los conocía y los revalorizaba. Me acompañó en internas y en generales. Recuerdo una elección en Oncativo donde fuimos los dos en un camión acompañando al candidato. Tenía una energía increíble: a los 85 años, después de la función con Soledad Silveyra, él mismo manejaba. A veces uno lo veía con cierta debilidad en la vida cotidiana, pero se transformaba cuando subía arriba de las tablas o se prendían las cámaras.

—¿Cómo fue la atmósfera en su último adiós en la Legislatura?
—Fue un velorio bajo la lluvia, cargado de afecto de todo el país. Estaban representados todos los sectores políticos. Me decía Víctor Laplace que, en el 83, no importaba el color político porque "Beto" nos contuvo a todos. Sus hijas decían que, como él siempre llegaba tarde, querían que la ceremonia durara varias horas. Se fue alguien que, como dijo alguien con razón, daba clase sin ser maestro.
—¿Cuál cree que será su legado ahora que ya no está físicamente?
—Él decía que quería que lo recordaran, y ese recuerdo lo va a superar ampliamente. Está absolutamente vivo; lo vamos a ver en cada película o en cada obra de teatro que se pase. Tenía una fina ironía, era capaz de hacerte reír y actuar con seriedad simultáneamente; nos reímos con él, pero también nos mostró el rostro de la miseria y la desigualdad. Tenía planeado cerrar en mayo la segunda parte de su proyecto con Robert De Niro, que se iba a llamar “Todo”, como contrapartida de “Nada” y que se iba a grabar en Nueva York. Creo que su presencia en las redes y en la memoria colectiva muestra que su imagen va a ser recordada de manera mucho más fuerte de lo que uno imagina. Es un legado de coherencia y democracia.


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