La pelota no se mancha
Por un poco de política para la tribuna la ministra Bullrich quiere que la selección sub 20 no viaje a Venezuela a disputar el Sudamericano
Por Javier Boher
rjboher@gmail.com
“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, dijo Diego Maradona en su despedida. Pese a haber sido uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia y a haber hecho cosas que la mayoría de los mortales sueña como algo imposible, ese momento reveló todo lo que el fútbol puede dar y quitar. Maradona hizo de todo gracias al fútbol, pero también sufrió sus partes oscuras.
Es el deporte más popular del mundo porque es fácil de entender y de jugar: no se necesita más que una pelota y el valor del gol hace que sea relativamente fácil dar vuelta un partido, lo que le agrega emoción. Esa popularidad lo empujó a profesionalizarse hace un siglo, explotando el negocio en los últimos 30 años, pero también lo entreveró con la política. De una u otra forma la política se termina mezclando con lo que debería ser solamente un divertimento para la gente.
Venezuela está viviendo un momento de altísima tensión. Tras el fraude electoral del año pasado el dictador Nicolás Maduro decidió romper lo poco que quedaba de apariencia democrática y virar abiertamente a una dictadura. Mañana 10 de enero debería asumir el gobierno Edmundo González Urrutia, vencedor de aquellos comicios. Según anticipan algunos, se espera una masiva movilización en apoyo al presidente electo, que llegaría al país acompañado por dirigentes de otros países de la región. Aunque el régimen es el que aún conserva el poder y no lo va a dejar de buena gana, la presión social se quiere hacer sentir.
Ese es el marco de la previa al Sudamericano sub-20 que se debe jugar dentro de dos semanas en aquel país, con el que Argentina está enfrentado desde el primer día de la gestión de Milei. La situación ha empeorado desde que el régimen de Maduro secuestró a un gendarme argentino y lo acusó de ser parte de un plan para derrocar al dictador, lo que ahora se profundiza con la presión de la ministra Bullrich para que la selección argentina desista de ir a competir. Si Javier Mascherano siguiera con el buzo de DT del equipo no habría problema, por su tendencia a volver apresuradamente de los torneos, pero ahora está Diego Placente y se merece la oportunidad.
Más allá de la humorada, el pedido de la ministra demuestra de qué manera la política se mete donde no debe, arruinando una experiencia de vida que pueden tener muy pocos jugadores por generación. Quizás el proceso de asunción de González Urrutia enrarece el clima venezolano y dificulta la correcta organización del torneo, momento en el que habría que ver qué decisión se toma. Hasta entonces no hay razón para sostener, con Bullrich, que el régimen de Maduro podría acusar a los futbolistas argentinos de agentes desestabilizadores.
Los juegos Olímpicos de Beijing, el mundial de Rusia o el de Qatar sirvieron para que regímenes autoritarios laven su rostro, tal como lo hizo Venezuela con la Copa América 2007 y como pretende hacerlo ahora. El fútbol está mezclado con la política y ninguno de los dos parece con ganas de despegarse del otro.
En este complejo cuadro de fútbol y política aparece también el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, recientemente incorporado al gobierno bonaerense de Axel Kicillof y con aspiraciones a ocupar el sillón de la Conmebol. Tapia no puede permitir que una cuestión política entre dos gobiernos que buscan la confrontación se convierta en un obstáculo para sus pretensiones.
Además, el ex yerno de Hugo Moyano sabe que el poder de las instituciones del fútbol es muy grande, tal como lo demostró Julio Grondona, el radical que nunca quiso ser ni candidato a intendente de Avellaneda, pero que manejó la plata de la FIFA sin hablar ni una palabra de inglés. Llegar y mantenerse en esos lugares no es para nada fácil, a la vez que asegura mucha más influencia y recursos que la que viene con cargos públicos electivos, prácticamente sin necesidad de rendir cuentas a nadie. En este momento Tapia resiste la llegada de las sociedades anónimas deportivas al fútbol, mientras que el gobierno insiste con la posición opuesta. Quizás esta definición de Bullrich tenga que ver también con esa otra pelea, donde gobierno y kirchnerismo están disputando un modelo de poder sobre una actividad central en la vida argentina, con todos sus elementos lícitos e ilícitos.
Pese a todas estas cosas que se meten en lo que debería ser apenas un evento deportivo trascendental para chicos de 20 años, es altamente improbable que suceda algo así como lo que anticipa la ministra. Fuera de alguna presión en algún partido en particular -por las necesidades de cada gobierno que juega de local- nunca se cruzan ciertos límites. A pesar de que hay muchas personas ambiciosas que se equivocan cuando quieren hacer de cada cosa una causa política, el espíritu deportivo se mantiene. Porque la pelota… la pelota no se mancha.
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