Preocupa la migración de docentes universitarios al sector privado por el deterioro salarial
Por Francisco Lopez Giorcelli
Según datos del índice de precios al consumidor (IPC), la inflación interanual de noviembre 2023 fue del 160% y el aumento salarial docente en el mismo período llegó a 102%; los salarios del 95% de los profesores quedaron por debajo de la línea de la pobreza y un 68%, en la indigencia.
Si bien el sector público y privado coexisten desde hace años, sobretodo en las actividades de docentes universitarios, se intensifica el pase solo al sector privado que en muchos casos exigen una dedicación exclusiva dejando marginada a las universidades nacionales.
Leonardo Marengo es profesor de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y, además, trabaja en el sector privado desde hace años. Ahora, está evaluando la posibilidad de dejar uno de sus cargos. “A mí me conviene cada vez menos trabajar en la universidad. Frente al congelamiento salarial docente, tengo opciones del sector privado que se vuelven más tentadoras en términos de la cantidad de horas que insumen y de la gratificación en calidad de salario emocional”, contó en una entrevista a La Voz del Interior.
El educador de Ciencias de la Comunicación agregó que cada vez hay menos tiempo para preparar las clases, recursos para la formación, energía vital para disfrutar en las aulas y transmitir entusiasmo a los estudiantes. “Se va acrecentando un malestar evidente, una falta de disponibilidad de tiempo para asignarles a las tareas”, algo que terminará deteriorando la calidad universitaria a largo plazo, aseveró.
Con respecto a los salarios, el profesor aseguró que no podría vivir de ninguna manera con el dinero que le paga la universidad, excepto que tuviera una carga horaria desmesurada. Para Marengo, “hay un plan sistemático de vaciamiento de las universidades y un hostigamiento sobre el sector” por parte del Gobierno Nacional. “Creo que el plan no es mejorar, sino exprimir y ahogar el sistema universitario” enfatizó el docente.
Por otro lado Franco Luque, profesor de Computación desde hace 17 años en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (Famaf), aseguró: “Antes, mi trabajo era 100% en la universidad, pero ya hace tres años que no es así”. Dijo el profesor a La Voz del Interior.
Dejar horas académicas para introducirse en el sector privado significó moverse de las tareas de investigación, un sector al que muchos educadores en constante formación intentan sumarse y que “aporta mucho para los argentinos”. Esa es la situación de este profesor desde 2021.
Para Luque, la fuga masiva de docentes hacia el sector privado comenzó hace un par de años, aunque siempre existió una brecha importante en materia de posibilidad de ingresos, que con el tiempo se acentuó. Al observar el éxodo de profesores, Luque analizó: “Que se vayan algunos está bien, pero que lo hagan todos y que no quede nadie para formar a la gente, está mal, no nos sirve estratégicamente como país”.
“Al ser menos y tener cada vez más alumnos, tenés una carga de trabajo adicional que antes no tenías. Tenés que corregir muchísimos más parciales, finales y enseñar a una mayor cantidad de estudiantes. Todo eso son horas que uno lo sacan de su trabajo en el ámbito privado y se lo regala a la universidad”, explicó.
Y dijo que se trata de una situación que se vuelve cada vez más desgastante y desmotivante, ya que el salario no refleja el esfuerzo de los profesores, una profesión que pareciera sostenerse casi por mera vocación
Para Luque, el ingreso es muy malo, algo que obliga a los docentes a no poder vivir exclusivamente de su profesión y desencadena un abandono masivo de profesores, dejando las aulas colapsadas de estudiantes para pocos educadores. Aunque la situación es difícil, continúa con un pie en la universidad, mientras se desempeña en el sector privado.
“Nosotros enseñamos a programar. Aprendiendo a programar, esos chicos están generando un impacto económico muy importante, porque después ellos irán a las empresas para trabajar”, señaló el docente. Y remarcó: “Argentina lo necesita. Si queremos un país que genere más actividad económica, necesitamos formar más programadores, de mejor nivel académico”.
Hay que aclarar que en materia de investigación científica el desfinanciamiento que hoy sufre el sistema científico nacional tiene múltiples aristas que repercuten sobre todo en el Conicet, el organismo más grande y que más aporta a la promoción de la carrera de investigador.
Los recortes del Gobierno nacional provocaron que disminuya la cantidad de becas tanto para doctorados como para posdoctorados. Además, los aspirantes a investigadores del organismo que se presentaron a concurso en 2023 y ganaron, todavía no pudieron ingresar a trabajar, ni saben cuándo podrán hacerlo.
Son unas 800 personas las que en 2023 se anunció que estaban en condiciones de ser investigadores del Conicet, pero este año no hubo ningún ingreso. En Córdoba son entre 120 y 150 los ingresos en espera”, indicó a La Voz Mónica Balzarini, directora de Conicet Córdoba.
Por otro lado, la pérdida del poder adquisitivo de los actuales becarios ha disminuido desde el cambio de gestión nacional, y la falta de fondos ha terminado con suspensiones y hasta cancelaciones de investigaciones por no contar con los insumos necesarios para llevarlas adelante.
Esto se desarrolla en un marco donde el presupuesto universitario volverá a funcionar con números del 2023, provocando una gran inestabilidad en las arcas universitarias y una perspectiva más oscura de lo que fue en 2024, sobretodo si se tiene en cuenta que este año será un año electoral por lo que las policías populistas llevadas a cabo por este gobierno libertario estarán a la orden del día.