Nacional Por: Javier Boher01 de agosto de 2025

Dólar de terror

Cada vez que el billete norteamericano se empieza a mover los argentinos empezamos a temblar

Por Javier Boher 
rjboher@gmail.com


En algunos lugares le temen al Chupacabras y en otros al Pombero; de chicos nos aterrorizaban con el viejo de la bolsa y muchos no superan el temor que les generó alguna película de terror. Sin embargo, el miedo verdadero es lo que se siente cuando se escuchan esas tres palabras combinadas en una forma letal: subió el dólar.
Los argentinos tenemos un reflejo condicionado que detecta cada movimiento del billete verde, un sensor especial que nos pone alerta cuando la divisa norteamericana empieza a escalar. La lógica se impone por la simple razón de que el miedo no es zonzo. Tantos ahorros licuados o tantas mentiras sobre la fuerza y el valor del peso empujaron a la gente a la cautela extrema cuando se trata de una variación en el precio del dólar.
Nada de esto se asemeja a lo que pasó los últimos meses de la presidencia de facto de Sergio Massa, cuando en términos reales el dólar llegó a costar el triple de lo que cuesta hoy. No hay que olvidar que llegó a un pico de $1.200 la semana previa a las elecciones de octubre de 2023 y que desde entonces llevamos 284% de inflación, lo que nos daría $4.600 al día de hoy, muy lejos del techo actual de la banda.
Por supuesto que los cálculos de los economistas son mucho más precisos que agarrar el valor máximo de ese momento, pero ayuda a ilustrar lo diferente respecto al contexto actual, que se ve fuertemente influenciado por los manejos que durante años se hizo con el tipo de cambio.
Seguramente estas movidas le hagan ganar mucha plata a algunas personas, pero eso no es suficiente para salir a gritar como desaforado que se la están jugando toda, que esto es tumba financiera, que festejan los fondos buitres o que Caputo está haciendo negocios para él. No se puede decir que eso no sea cierto, pero tampoco que se puede salir a agitar el parche con que se viene una corrida cambiaría y que tambalea el gobierno cuando todavía no sacó el manual massista de manejo del tipo de cambio mandando la policía a detener arbolitos y allanar casas de cambio.
Tal vez lo que sobra en este país son economistas y especialistas en dólar, porque es fácil encontrar gente que sostiene ideas muy diferentes entre sí, las que son ideales para un momento y otro de la cotización del billete verde. Hasta hace tres meses el gran problema era el crawling peg que incentivaba el carry trade, una jerga que parece sacada de alguna canción de reggaetón centroamericano mezclando idiomas. Hace un mes el atraso cambiario era el problema más grande para la gente, porque las importaciones estaban muy baratas y destruían la industria local o la gente se iba de viaje al exterior. Ahora el problema es que el dólar se va hacia arriba de la banda cambiaria y se devalúan los ingresos de la gente. Es casi imposible pensar en una situación que deje contentos a todos los que opinan sobre el tema.
El último tiempo ha sido de una relativa tranquilidad en lo que hace a la inflación, un poco incentivado por la forma en la que el gobierno interviene en el mercado de dólar futuro para evitar que suba mucho el precio en el mercado de hoy. Los detalles de estos movimientos exceden a los que no tenemos conocimiento específico del área, pero lo que se puede analizar desde la política es que hay cierta intranquilidad respecto a la sostenibilidad del plan económico del gobierno y el riesgo de que gane el kirchnerismo (o alguna variante similar de chavismo) en 2027. El que se quemó con leche ve una vaca y llora; los que se clavaron con Macri en 2019 ven un peronista bien parado y esconden la plata. 
Aunque el rumbo a futuro es incierto y nunca se sabe qué puede pasar, nada parece indicar que hoy pueda volar todo de golpe por los aires. Sin embargo, cada vez que hay novedades sobre el dólar a varios les corre un escalofrío por la espalda.

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