Nacional Por: Javier Boher20 de noviembre de 2025

Educación, religión y libertad

El proyecto para una nueva ley de educación que el gobierno quiere debatir propone avances y amenaza con retrocesos

Por Javier Boher 
rjboher@gmail.com


Anteayer nos enteramos de que el gobierno nacional envió al Consejo de Mayo un proyecto para empezar a debatir una reforma a la Ley de Educación N° 26.206, que viene de tiempos del kirchnerismo. En línea con el cambio discursivo imperante, el nombre de la nueva norma será Ley de Libertad Educativa. La misma pretende reconocer situaciones que existen de hecho, dando un mayor margen de maniobra a las personas y las provincias.

El gobierno retoma la iniciativa que había exhibido cuando se presentó la versión original e hiperextensa de la Ley de Bases y apunta directamente contra uno de los puntos fuertes de la prevalencia institucional kirchnerista, un terreno en el que se sienten cómodos para moverse y dar la discusión.

Llevo casi dos décadas como docente en distintos niveles y puedo apreciar (como muchos otros) el deterioro de la educación en general, que ha colapsado con fuerza desde la pandemia. Esto último apuró cambios sociales que todavía no habían llegado al país, como el furor del Homeschooling.

En los últimos dos años he conocido gente que se ha decidido por este sistema y ha retirado a sus hijos de la estructura formal de educación. No se trata de una discusión sobre pedagogías o sobre lo público y lo privado, sino de que las familias eligen salir del radar institucional. El desafío para las autoridades es grande, porque en Argentina no hay mecanismos para acreditar los estudios realizados de ese modo y las familias acreditan en Estados Unidos. La ley pretende blanquear y reconocer la existencia de esta forma de estudiar, generando herramientas para contener y dar algún tipo de seguimiento a estos chicos. Es reconocer legalmente lo que en los hechos ya es una realidad para muchos niños argentinos.

Esto encaja con otro tema que se convirtió en lo cotidiano durante los años de pandemia y que ya es normal en el nivel superior: los sistemas virtuales o híbridos. Después de la extensa cuarentena con suspensión de clases presenciales diciendo que no se resentía la calidad educativa, ya no quedan argumentos para oponerse a un sistema que hoy está reservado a las pocas personas que son habilitadas para sumarse al SEADEA, el Sistema de Educación a Distancia del Ejército Argentino, como artistas, deportistas e hijos de diplomáticos y militares.

Parte de la libertad que se reconoce en el texto apunta a dotar de mayor autonomía a las escuelas, que hoy se encuentran fuertemente limitadas por la burocracia provincial. Cada institución podrá adaptar sus programas más allá de lo que puede hacerlo hoy, pero sin contradecir los núcleos de aprendizaje prioritarios (NAP) que ayudarían a mantener cierta consistencia entre escuelas para permitir que los alumnos se cambien de una a otra sin conflicto. Según el texto del proyecto, las escuelas tendrán la posibilidad de definir el 25% de los espacios curriculares que dicten.

La polémica 

Hasta acá no parece haber nada exagerado o fuera de lugar, sino un blanqueo de situaciones que hoy son un problema para las instituciones que son responsables del tema. Sin embargo, siempre hay alguna letra chica que afecta la totalidad de la propuesta. En este caso se trata de la religión.

Quizás como un guiño a gobernadores que necesita seducir para obtener otras leyes, el proyecto autoriza a las provincias a ofrecer “enseñanza religiosa confesional” en las escuelas públicas de manera optativa y fuera del horario escolar. Dicha medida atenta directamente contra el espíritu de la ya derogada Ley 1420 de educación, que establecía el carácter laico de la educación pública hace casi 150 años, cuando el proyecto de país era auténticamente liberal.

La educación religiosa no corresponde al Estado, ni siquiera de manera optativa y como hora extra, una práctica que remite a la modalidad de los años de la restitución religiosa de las décadas del 30 y 40. Si la ley reconoce a la familia como pilar fundamental de la educación, rol que es acompañado por el Estado, mezclar cuestiones religiosas con el poder público parece una idea demasiado fuerte para los anarcocapitalistas defensores de la libertad.

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