Universidad Por: Francisco Lopez Giorcelli26 de noviembre de 2025

Boretto sube el tono en la UNC: presupuesto, salarios y un rector que empieza a jugar más fuerte

La crisis presupuestaria y el deterioro salarial reconfiguran el mapa interno de la UNC y empujan al rector John Boretto a un rol más activo en la disputa pública. Mientras adopta el diagnóstico gremial sobre la pérdida del 40% del salario docente y reclama mayor financiamiento, su figura empieza a adquirir un peso político que trasciende la vida universitaria. En la dirigencia provincial observan con atención cómo sus intervenciones se vuelven cada vez más visibles, en un escenario donde la educación superior volvió a instalarse en el centro del debate

Por: Francisco Lopez Giorcelli 


La escena universitaria cordobesa volvió a tensarse estas semanas. En un contexto de caída generalizada de los salarios y recursos que no alcanzan ni para sostener la estructura mínima, el rector de la Universidad Nacional de Córdoba, John Boretto, decidió intervenir con más fuerza en el debate público. Lo hizo con declaraciones que mezclan diagnóstico institucional, reclamo político y un mensaje dirigido a distintos públicos: el Gobierno nacional, los gremios y, de manera menos explícita pero perceptible, la dirigencia provincial.

La discusión sobre el financiamiento universitario no es nueva, pero el deterioro acumulado en el último año colocó al rectorado en un lugar inesperadamente central. Boretto no solo habló de la imposibilidad de sostener el funcionamiento con el presupuesto vigente —“así es muy difícil trabajar”, dijo—, sino que retomó un dato que ya venía impulsando el gremio docente ADIUC: una pérdida salarial cercana al 40%. El matiz no es menor. La cifra no surge del área económica de Rectorado, sino de las estimaciones del sindicato. Que el rector la tome abiertamente constituye un gesto político, más medido por la coyuntura, pero nítidamente claro.

En la UNC, donde la relación entre las autoridades y los gremios suele transitar una diplomacia cuidadosa, adoptar las cifras sindicales implica una nueva dinámica, que se viene dando desde que el conflicto apareció como ejemplo principal de la política universitaria.

Para ADIUC, es un reconocimiento de que el reclamo no es solo sectorial; para Nación, un mensaje directo de que la universidad no está dispuesta a sostener en silencio el ajuste presupuestario. Para la política cordobesa, en cambio, es la evidencia de que Boretto comienza a ocupar un lugar más nítido en la discusión pública, incluso por fuera de los márgenes estrictos de la gestión universitaria.

Detrás de esas declaraciones también asoma un clima interno complejo. Los docentes y no docentes sostienen medidas de fuerza desde hace semanas, y los decanos transmiten que el segundo cuatrimestre se sostiene “a pulmón”, con recortes de horas, actividades limitadas y proyectos suspendidos. El Rectorado, que en otros momentos se movía con un discurso más técnico y moderado, ahora asumió un tono más directo. La palabra “ingobernabilidad presupuestaria” empezó a aparecer en reuniones de Consejo Superior y en conversaciones privadas con funcionarios provinciales.

Boretto evitó hasta ahora romper la relación institucional con el Gobierno nacional, pero dejó en claro que el límite es el funcionamiento básico de la UNC. La tensión radica en que la universidad pública se convirtió en un actor que incomoda, tanto por su peso social como por su capacidad de movilización. Y Córdoba, con su tradición universitaria centenaria, tiende a amplificar cada movimiento del Rectorado.

A ese escenario se suma otro factor: la lectura política que hacen los distintos espacios locales sobre el rol del rector. En el oficialismo provincial reconocen que Boretto es una figura con buena imagen en sectores medios, respetado en el sistema científico y con vínculos que exceden lo académico. Nadie lo dice en voz alta, pero algunos ya especulan con que el rector podría convertirse en un actor a observar en la configuración del tablero político del 2027. No es una candidatura ni un proyecto explícito —lo cual sería imprudente en medio de un conflicto salarial—, pero sí una presencia creciente que empieza a tallar en las conversaciones fuera del ámbito universitario.

La conducción de la UNC nunca es inocua en la política local. Rectores como Hugo Juri o Carolina Scotto marcaron épocas, y cada uno, con estilos diferentes, dejó su huella en la relación entre la academia y el poder político provincial. Boretto parece inscribirse en esa tradición, aunque con una coyuntura más áspera y un Gobierno nacional que empuja al sistema universitario a un lugar defensivo. En ese marco, su intervención pública no solo refleja la preocupación por la pérdida salarial —que, como remarcó, corresponde a las estimaciones de ADIUC—, sino también una estrategia de posicionamiento institucional que le permite ganar volumen político sin romper su perfil técnico.

Incluso hacia adentro de la UNC reconocen que el rector está capitalizando la crisis con mesura pero con decisión. No aparece confrontativo, pero tampoco silencioso. No se alinea automáticamente con los gremios, pero toma sus diagnósticos. No desafía abiertamente al Gobierno nacional, pero lo coloca bajo presión. Esa combinación, difícil de sostener, es justamente la que lo convierte en un actor relevante en un momento en que la educación superior volvió a instalarse en la agenda pública.

El desenlace del conflicto salarial todavía es incierto. El Gobierno Nacional no dio señales claras de recomponer los salarios, y los sindicatos anticipan que las medidas continuarán si no hay una propuesta que supere la inercia de los últimos meses. La UNC, mientras tanto, intenta sostener su funcionamiento en un equilibrio frágil. La discusión por el presupuesto 2025-2026 promete ser larga, y Córdoba ya se prepara para que la universidad vuelva a ocupar un rol protagónico.

Boretto, en ese escenario, juega una partida de múltiples tableros: la gestión cotidiana, la presión salarial, la relación con Nación y el inevitable eco político que genera cada una de sus declaraciones. Si la UNC logra atravesar la crisis con cierta estabilidad, el crédito institucional se lo llevará él. Y si la tensión escala, será también él quien tenga que administrar el costo. En cualquiera de los casos, su figura se consolida como una de las más observadas del sistema universitario y, cada vez más, del escenario político provincial.

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