El ‘26, la previa del ‘27
Empieza el año que configurará el escenario político en que se definirá el futuro del Gobierno Provincial. Esta vez, el fantasma del kirchnerismo, cada vez más débil, no facilita alambrar Córdoba. Y la nula relación con el Gobierno Nacional hace difícil pensar en un juego conservador de los libertarios.
Por Felipe Osman
El 2026 arranca con un oficialismo provincial en reconfiguración, en todos los aspectos. Martín Llaryora encara una reformulación del gabinete provincial que le permita reconquistar al electorado desde la gestión, particularmente en la Capital, pero también encara la fase final de la sucesión, expandiéndose sobre los ministerios en los que el schiarettismo quedó asestado tras su llegada al Centro Cívico.
Desde la oposición pregonan un conveniente “final de ciclo”, pero no se esfuerzan demasiado en apuntar adonde ven las señas de él. Ni menos aún, cuales son los caminos que conducirán a la unidad del arco opositor, más allá de las intenciones “de cambio”.
Aun así, son preguntas que vale la pena hacer.
El peronismo cordobés ha tenido, al menos durante la última década, dos maneras de relacionarse con el poder central: alambrar el territorio provincial y apelar a la simpatía de la clase media a partir de la denostación del kirchnerismo, o alcanzar un buen diálogo con el Gobierno Nacional para intentar que, desde Buenos Aires, no se hiciera demasiado por articular una oposición amplia al proyecto del PJ. Sin embargo, la llegada de Javier Milei a la Presidencia parece haber alterado el contexto en el cual estas estrategias resultaban viables.
El kirchnerismo se diluye. CFK no puede ser parte de la contienda electoral y, debajo, la síntesis del espectro peronista no llega. Si la clase media cordobesa consumía antikirchnerismo y gestión, hoy ya no parece tan interesada en lo primero, y de comprarlo, lo hace en la ventanilla libertaria. Solo queda la gestión para enamorar. Y la gestión en tiempos de vacas flacas.
Al otro lado, los libertarios siguen siendo un jeroglífico difícil de descifrar para el peronismo de Córdoba. No es que la relación sea mala. Es que no hay relación. Eso es lo que significa una “correcta relación institucional”. La llegada de Diego Santilli al ministerio del Interior devolvió algunas esperanzas, pero hasta ahora nada se ha verificado.
La lógica que impera es transaccional. Se intercambian votos en Diputados o aportes al quorum por algún acuerdo temporario o el aval a algún crédito. Pero no más.
Trascartón, los libertarios aseguran que el interés de la Casa Rosada en competir por los distritos de la zona núcleo es real, y va en crecimiento.
En Córdoba hay por lo menos tres candidatos lanzados. Rodrigo de Loredo, de manera confesa. Y Luis Juez junto a Gabriel Bornoroni, que hacen esfuerzos para no detonar la alianza que una la Frente Cívico con La Libertad Avanza antes de tiempo.
Los libertarios especulan con la posibilidad de que la síntesis opositora en Córdoba venga facilitada por los buenos oficios de la Casa Rosada, que le despejen el tablero al Bornoroni. Pero es dificil.
Las elecciones provinciales tendrán lugar con la mayor antelación que el Gobierno de Córdoba pueda conseguir, mucho antes de la elección nacional. Entonces, ¿qué puede ofrecer Balcarce 50 a los competidores del diputado? Un acuerdo con pago a futuro parece demandar mucha más confianza de la que existe entre Bornoroni y Juez. Ni hablar de De Loredo.
La oposición necesita más que pregonar un cambio de época para ganar en Córdoba. Y el oficialismo sabe que necesita encontrar una nueva piel para seducir al electorado cordobés.
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