Municipal Por: Javier Boher06 de marzo de 2026

Hospital para “perrhijes”

Algunos parecen no entender que hay un proceso de ajuste en el que hay que tratar de gastar menos y mejor

No quería escribir sobre esto, pero la presión social me empujó a hacerlo. No es que alguien me lo haya pedido, sino que me sentí compelido a tratarlo por la gran cantidad de personas opinando en la radio a favor del hospital veterinario municipal. 

Se habló sobre el tema durante dos días seguidos, tanto a favor como en contra. A pesar de que afortunadamente es más la gente que cree que no se justifica gastar plata en eso, lo que a mí me preocupa es la cantidad de personas incapaces de entender que hay que elegir en qué va a gastar plata el Estado, porque no se puede pagar todo y obviamente hay cosas más importantes que otras. 

No hace falta establecer comparativas con otras áreas de gestión del municipio en las cuales la prestación sería deficiente de acuerdo a los llamados de los oyentes. Incluso suponiendo que todo funcionase correctamente y que la creación del hospital veterinario municipal no afectaría esas prestaciones, la pregunta lógica sería sobre la justificación de por qué valdría la pena meterse en una tarea como esa.

Para muestra alcanza con la pelea que supo tener Martín Llaryora con los docentes cuando era intendente. A la ciudad cada alumno le costaba lo mismo que salía la cuota de un colegio privado bilingüe, pero la oferta no difería mucho de una pública provincial.

Incluso en una ciudad en la que todo funcionara correctamente, un hospital veterinario tendría un aumento del gasto. El argumento es que debe hacerlo el Estado porque se trata de una cuestión de salud pública con impacto en las personas. No está tan claro de qué manera podría eso ser cierto, ya que no hay perrera municipal que sacrifique perros callejeros, a pesar de que son un factor de riesgo por zoonosis, plagas o ataques. 

Se calcula que en Argentina hay un perro cada 4,7 habitantes, lo que significa que en la ciudad de Córdoba hay unos 300.000 perros. En el caso de los gatos se calcula que hay uno cada 3,4 personas, casi 440.000 solo en la capital. El año récord fue 2023, con casi 30.000 castraciones, aunque en general suelen estar más cerca de 20.000. Así, en el mejor de los años se castra al 4% del total de la ciudad, que en general son llevados por sus dueños, dejando sin resolver el problema de los perros y gatos callejeros.

Entre los agumentos esbozados por los defensores del hospital se repetía esto de “hay que llevar a los perros atropellados a algún lado”, como si alguien se fuese a tomar el trabajo de subir un animal ensangrentado al auto o moto para manejar 25km desde Villa Cornú hasta San Vicente en hora pico. Si el perro no se muere en el viaje, casi que no valía la pena hacerlo de todos modos.

Ahora bien, el peor argumento de todos fue el de “para mucha gente sus mascotas son como sus hijos”, porque nadie que tenga hijos sería capaz de decir semejante estupidez, solamente alguien que tiene sus necesidades resueltas y quiere jugar a la socialdemocracia escandinava. 

Cada vez se vacunan menos chicos, lo cual es una verdadera tragedia de salud pública, y nuestros representantes ponen foco en los perros y gatos. Es insólito.

Este tipo de cosas siempre termina igual, con una plantilla de empleados entre los que se cuentan un par de gatos y varios que se hacen la del mono, con algún proveedor que les mete el perro con material de segunda y defensores del hospital que dicen que los que critican son gorilas. Mientras tanto, todos los vecinos siguen poniendo como la gansa para que las ratas que se quieren ahorrar el veterinario lleven al hospital a sus “perrhijes” que usan collar con brillitos. Hay que ser pavo para caer de nuevo en la misma estafa.

 

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