Fresneda: “La marcha fue una respuesta de la sociedad ante el retroceso”
Martín Fresneda es una de las voces ineludibles para entender la política de Derechos Humanos en Córdoba. Abogado de causas emblemáticas de lesa humanidad y exsecretario de Derechos Humanos de la Nación (2012-2015), su biografía está marcada por la búsqueda de identidad y justicia: es hijo de Mercedes Argañaraz y Tomás José Fresneda, desaparecidos en 1977, y nieto de Otilia Lescano de Fresneda, pilar fundacional de Abuelas de Plaza de Mayo en la provincia.
Tras una intensa carrera política, hoy transita una etapa de reconfiguración: alejado de las estructuras tradicionales del kirchnerismo cordobés, se sumó al armado de "Defendamos Córdoba" liderado por la diputada nacional Natalia de la Sota.
Tras la reciente jornada del 24 de mrazo que desbordó las calles de la capital provincial por el 50° aniversario del último golpe militar, Fresneda dialogó con Alfil sobre el mensaje de las nuevas generaciones, la postura del Gobierno Nacional frente a la memoria y su decisión de sumarse a un nuevo espacio político.
-¿Cómo analiza la magnitud de la marcha de este 24 de marzo en Córdoba que pareció quebrar todos los registros históricos?
-Lo viví como un balance y como una respuesta que debíamos dar. Personalmente hacía mucho tiempo que no me comprometía así, pero sentí que la sociedad necesitaba evaluar la legitimidad que tiene el proceso de Verdad, Memoria y Justicia, tal como ocurrió en 2001. Hubo un mensaje contundente y claro de la sociedad civil hacia el Estado: en este tema no se debe retroceder. En Córdoba fue impresionante; creo que nos ayudó esta situación de que aparezcan los huesos de desaparecidos, lo que le da una realidad fáctica al horror. Fue la marcha más grande de la historia en todos lados.
-Se vio una presencia juvenil y de familias muy marcada. ¿Qué lectura hace de ese recambio generacional?
-El mensaje es múltiple. Detecto una conciencia de preocupación ante un "fin de ciclo": están muriendo las Madres y las Abuelas, los protagonistas —víctimas y victimarios— también están desapareciendo, y eso genera un riesgo en la transmisión de la memoria. Muchos padres llevaron a sus hijos porque hay una nueva generación que no escuchó los testimonios en primera persona. La sociedad es consciente de que, si fallamos en la transmisión, la amenaza al "Nunca Más" es real. Fue un ejercicio de libertad y alegría, pero con la preocupación de cómo lograr la no repetición de la impunidad ante un Estado que vacía las políticas de DD.HH, una idea de defenderse ante la amenaza de un retroceso. Muchos ven la amenaza de un indulto y eso generó mucha preocupación.
-Desde el Gobierno Nacional se ha instalado con fuerza el concepto de "Memoria Completa". ¿Qué opina de esa categoría?
-Ponen un video y lo que yo noto es que el término de “memoria completa” es una reactualización de la teoría de los dos demonios. Buscan que se reconozcan crímenes de organizaciones armadas equiparándolos a los crímenes de lesa humanidad. Es un debate que estamos dispuestos a dar, pero otra cosa es que el objetivo sea una suerte de reconciliación en base a la impunidad. No se puede debatir sobre el destino final de los desaparecidos bajo esa premisa. Hay una nueva generación que necesita que esto sea dinámico, pero sin retrocesos.
-¿Cómo califica la relación de la gestión de Javier Milei con las instituciones de Derechos Humanos?
-No hay política de Derechos Humanos, no creen en eso. Lo califico como un blanco a deteriorar y debilitar, porque es la manera de quitarle oxígeno a la democracia. Este gobierno tiene un perfil antirepublicano, no cree mucho en las instituciones. Ataca a los DD.HH. como línea de flotación de la democracia. No es solo Villarruel; ninguno de los que gobiernan tiene noción de para qué sirven los derechos humanos. Los ven como un déficit fiscal, como un gasto, y no como algo que fortalece al Estado.
-En el plano local, sorprendió su incorporación al espacio de Natalia de la Sota. ¿Qué lo llevó a trabajar con ella?
-He tomado la decisión de militar un proyecto para Córdoba. Siempre mirando los procesos nacionales, porque no concibo que Córdoba sea una república, pero considero que hay que construir un idioma de la justicia social aquí. En el proceso que yo viví en el kirchnerismo, no se lograba construir un diálogo con los cordobeses; eso fue un error, y creo que a Natalia le puedo aportar una visión. Confluimos en “Defendamos Córdoba” para rediscutir la política, comprendiendo que cuando la sociedad no te acompaña con el voto, hay que dialogar con el distinto.
-Su salida del kirchnerismo cordobés pareció ser bastante tajante. ¿Cómo fue ese proceso?
-Yo lo hable, dije "hasta acá llegue". Después de Milei, hay que pensar mucho cómo salir a discutir. No servía para mí presentar candidatos para sacar un 1.5%, tenés que mirarte al espejo y repensar. En eso me pareció importante tomar una distancia anunciada de dos años de Gabi (Estévez), de (Pablo) Carro... y después de tantos años salí cuando encontré una punta de convencimiento para volver a aportar, sin pedir nada a nadie. Volví a la abogacía, laburo de abogado raso, no tengo puesto. Creo que así debe ser un militante: cuando no estás convencido, te tenés que correr. Ellos me empezaron a atacar, me volvieron a levantar con tanta puteada, pero estoy convencido de este camino.