Cultura Por: Víctor Ramés22 de junio de 2026

Caras y Caretas Cordobesas

Tras su primera exposición, Fader volvía a ofrecer una individual en 1906, mostrando su pincel en la plenitud de los paisajes. Si bien ese momento de su vida le era desfavorable en lo familiar, hizo lo posible por seguir avanzando e imprimiendo nuevas huellas en la pintura argentina. 
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Las tres décadas expuestas de Fader

(Segunda parte)

Aunque de esto no daba cuenta en este caso Caras y Caretas, tras la buena repercusión de su primera exposición individual en 1905, en el Salón Costa de Buenos Aires, Fernando había venido produciendo suficiente obra como para repetir la hazaña en 1906. Entonces realizó su segunda exposición en el mismo salón, dedicada a las pinturas de paisajes. Estas obras pusieron al público, más bien conservador, frente a un estilo postimpresionista que mostraba gran solidez y desafiaba las expectativas. Su técnica impecable no pasó desapercibida por la crítica. Fader contó con el gran honor y legitimación que supuso la visita a la exposición de José Figueroa Alcorta, presidente de la Nación, impulsado por las buenas críticas a Fader, en particular la que le dedicó el maestro Cupertino Del Campo en el diario La Nación. Del Campo era, además de un pintor consagrado, médico y escritor. El año anterior había adquirido a Fernando Fader una tela premiada en Alemania. En su artículo de la nación lo consagraba como el pintor argentino más importante de aquel momento.

Se sabe que Fader vio interferida su carrera de pintor, ante la necesidad de hacerse cargo de concluir la obra hidroeléctrica que la muerte de su padre había interrumpido, en 1905, dejando un enorme hueco en la familia y en la empresa familiar. Fernando era el hijo menor. Debió dedicar una enorme cantidad de esfuerzo a ese importante compromiso ajeno a su pasión artística.

No abandonó por completo, sin embargo, la tarea que lo volvería un inmortal del arte argentino. Alternó sus ocupaciones familiares en Mendoza, con una participación casi intersticial en la pintura en Buenos Aires. Y encima le dio impulso a una nueva etapa de su carrera artística. En 1907 se constituyó el Grupo Nexus, cuyos integrantes fueron grandes artistas argentinos de diversos estilos, entre el postimpresionismo y el naturalismo academicista, que se habían formado en Europa y estaban resueltos a desarrollar una pintura argentina. Participaban de Nexus, entre otros, Pío Collivadino, talentoso retratista de la vida suburbana; Carlos Ripamonte, volcado a temas gauchescos y paisajes pampeanos; Justo Lynch, autor de inigualables escenas marinas. Se sumó también al grupo Cesáreo Bernaldo de Quirós, maestro costumbrista que había regresado de Italia en 1906. Fader fue un gran inspirador e impulsor, y marcó la orientación del grupo, incluso dictó conferencias impulsando una actitud y un compromiso argentinos: “Yo no tengo necesidad de decirles qué es lo que tienen que pintar, solamente abrid vuestros ojos y ved vuestra Patria. Ese yo lo llamo gran arte.” El grupo dedicaba sus trazos a temáticas locales, los paisajes y habitantes insertos en la tradición.

Sus integrantes realizaron tres muestras durante sus dos años de existencia, y fue entonces que la revista “Caras y Caretas” se hacía eco de una de ellas, dedicada al dibujo, es decir sin obras a color. La publicación los mencionaba en su edición del 11 de abril de 1908, donde se veía una foto de la exposición y un breve epígrafe:

“En el Salón Witcomb inauguróse el lunes de la presente semana la exposición de «blanco y negro», organizada por el grupo «Nexus».

Se exponen alrededor de sesenta dibujos debidos á los lápices de nuestros más reputados artistas.

Entre las obras expuestas hay algunas de verdadero valor estético.

Exponen dibujos los señores Collivadino, Fader, Rossi, Ripamonti, Linch, y nuestros compañeros de tareas Cao, Zavattaro, Hohmann, Peláez, Eusevi, etc., etc.”

En efecto, los nombrados en último lugar eran los ilustradores y caricaturistas habituales del semanario porteño, que habían sumado sus producciones.

Cada exposición permitía avanzar en la conquista de nuevos temas y lenguajes, en un medio todavía reticente.

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