Expectativa moderada del Panal con Santilli, que prometió ir por Córdoba
Martin Llaryora estuvo online con Diego Santilli toda la semana que finalizó con la salida de Manuel Adorni de la jefatura de Gabinete de la Nación y su -por ahora- extraoficial reemplazo por el hombre del PRO. Se conocen desde cuando ambos militaban en el orteguisimo de finales de los 90 junto a otros “generacionales” como Sergio Massa y el salteño Juan Urtubey. Un lazo que se mantuvo todos estos años y que al Panal le asegura tener en la Casa Rosada un interlocutor con intimidad, códigos en común y similar forma de entender la política. Es una buena noticia para el gobernador aunque no tanto: al llaryorismo se le cae una de las causales de malestar social del gobierno de Javier Milei en un momento donde el “León” vuelve a subir en las encuestas. “Nos convenía que Adorni siguiera hasta fin de año”, se jugaron cerca del mandatario.
Al gobernador la caída de Adorni no le dejó costos frente a Karina Milei ni lo puso en debe ante el Presidente. Estuvo en silencio los cien días del Adornigate y ordenó a los que pudo dentro del bloque cordobesista en Diputados para que no asistan a la sesión de la interpelación. Incluso quedó en tensión con su antecesor, ex gobernador Juan Schiaretti, que se sentó en la banca como se había comprometido el bloque. La senadora Alejandra Vigo profundizó las diferencias al afirmar que su decisión era “apoyar toda iniciativa” de interpelación.
Frente a la posibilidad de que la Jefatura de ministros quedara en manos del canciller Pablo Quirno, un hombre del esquema de Santiago Caputo con mucho menor margen de maniobra ante Karina Milei, en el llaryorismo festejaron la confirmación del “Colorado” con la idea de que éste mantendrá la relación con los gobernadores con que viene trabajando para buscar respaldo para leyes impulsadas por el oficialismo, fundamentalmente la reforma política.
La percepción es que la dinámica política volverá a la Jefatura de Gabinete, como en los tiempos de Guillermo Francos pero con más manejo propio. Como sea, los movimientos del fin de semana en el gabinete nacional son tomados por buenos en el Panal para sus propios intereses porque implican menos presencia de Karina y más del PRO, con quien el cordobesismo siempre se llevó muy bien, y no solo por Santilli. Ahora, en cuanto a la firma de fondos adeudados, las expectativas no son tantas. Con Francos, acotado en sus decisiones, hubo más gentilezas que transferencias y ahora el Panal espera que este bloqueo se empiece a abrir.
Pero a Córdoba le interesa más la política al menos mientras la Provincia, como dicen sus voceros, no esté urgida “por ahora” por ATN o adelantos de coparticipación.
En las últimas semanas, Santilli se juntó con casi todos los gobernadores dialoguistas, e inclusive con el opositor Gustavo Mellela, de Tierra del Fuego, con un temario donde estuvo presente la eliminación de las PASO que busca La Libertad Avanza para facilitar la reelección de Javier Milei. Es casi un síntoma que no se haya reunido con Llaryora, con quien nunca se cortó el diálogo, y para quien la posición sobre la reforma electoral es más moneda de cambio por acuerdo electoral que interés genuino.
En el oficialismo provincial saben que la estrategia para Córdoba la definirá la Gran Hermana pero no dejan de ver que Santilli es un peso pesado que conoce de política y sabe argumentar. Igual, como decía Perón, esperan que los melones se acomoden para ver cómo camina el dirigente en nuevo rol. Por eso no preocupó en el entorno del mandatario provincial que el futuro jefe de Gabinete le haya dicho a los intendentes radicales, libertarios y del PRO que viajaron a Buenos Aires hace una semana a la reunión que organizó el diputado Gabriel Bornoroni, que la intención del gobierno nacional era ganar Córdoba en 2027 y quedarse con la Gobernación, y que al candidato lo tenían ahí, presente, en relación al jefe del bloque libertario en la cámara baja.