Nacional Por: Javier Boher23 de julio de 2026

Más llanto opositor por la carne

El ingreso de carne de Brasil se ha convertido en la nueva queja de los que parecen querer que la gente no pueda comprar un bife

La pregunta es sencilla y la respuesta también debería de serlo: ¿queremos que la gente coma más carne de vaca? Seguramente la mayoría de la gente piensa que sí. Si nos preguntamos sobre por qué la gente consume menos carne vacuna (y la ha reemplazado por pollo o por cerdo), es difícil discutir que se debe a una cuestión de precios. El salto que han pegado los precios en el mercado ganadero generaron una brecha con la carne de pollo y cerdo que se hace sentir en el bolsillo.

El viernes pasado tuvimos al consultor ganadero Osvaldo Luna en el nuevo espacio de Alfil llamado “Mesa de Enlace”, donde hablamos sobre estos temas y sobre la política orientada al sector. Una de las cuestiones que se consideró fue el del ingreso de carne barata desde Brasil, lo que ahora parece haberse convertido en un problema para los que escriben análisis políticos sobre cuestiones del campo sin haber pisado un corral en su vida.

Parte del diálogo que tuvimos giró en torno a esta cuestión, sobre la que no hubo dudas: mejor exportar nuestros cortes de carne caros y comprar carne de Brasil que no tienen en dónde vender. Mejor si acá se come más carne y si mejoran los precios a los productores.

En una de las notas vinculadas a este tema, el periodista citaba la preocupación por la caída en la cantidad de animales faenados. No se trata de que la carne de Brasil saca del mercado a productores locales que no pueden competir contra esos precios, sino que viene a suplir la escasez generada por retención de animales en los campos para hacer animales más grandes y que sirvan para exportación. Si acá en Córdoba los consumidores valoran animales de 450kg, el mundo paga por animales de entre 550 y 600kg. Aunque los cortes consumidos acá y allá son distintos y podrían salir todos del mismo animal, esa diferencia en el peso hace que sea imposible.

Otro de los temas mencionados por el autor es la brecha que hay entre el precio que pagan los supermercados y el precio de venta, sosteniendo que pagan alrededor de $9.000 por cada kilo y venden al público más cerca de $20.000. Si alguien paga la carne de novillo más del doble de lo que vale merece ser estafada de esa manera. La operación de llorar por el perjuicio al consorcio exportador de carnes por esta caída de la faena me recuerda a quejas de mi infancia porque se importaba carne barata desde Australia, a pesar de que el efecto era el mismo que ahora: más proteína animal para los que menos tienen. 

Sin ser productor conozco a varios y muchas de las políticas aplicadas durante los últimos 25 o 30 años las he visto de cerca. Cientos de productores se fundieron cuando Moreno decidió cerrar las exportaciones en 2009. Hubo carne barata por un tiempo pero se perdieron 10 millones de cabezas de ganado, las que todavía no se recuperan. Cuando Massa lanzó las sucesivas campañas del dólar soja para tratar de recaudar y llegar a las elecciones, cientos de productores de cerdo, pollo o vacunos en feed lot debieron pagar precios internacionales por el alimento de sus animales para venderlo en pesos en un mercado interno deprimido. Aguantó el que tuvo espalda, pero muchos se fundieron. Poniendo el caso extremo, recuerdo al menos tres veces en que el precio del kilo de tomate superó el precio del kilo de asado, algo insólito en cualquier lugar del mundo. 

Cada gobierno elige si quiere que la gente coma carne y de qué manera va a conseguir que tenga buenos precios. Algunos eligen hacerlo después de fundir a los productores. Otros, habilitando las importaciones. 

No puede ser que todavía haya que estar discutiendo cuál de las dos formas es la mejor. 

 

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