Nacional Por: Javier Boher28 de julio de 2026

Leer es más importante que nunca

El debate por la ley del libro se corre del lugar que corresponde, el de la defensa del lector y el fomento de la lectura

Recuerdo rechazar que pudiera haber algo interesante en Homo Videns, de Giovanni Sartori. En mi cabeza estaba muy claro que solamente se trataba de otro viejo odiador de la televisión, tan común entre la gente que no puede terminar de procesar la novedad de una nueva forma de comunicación. Finalmente lo leí. Por supuesto que estaba equivocado.

La idea más interesante que me quedó de toda la lectura fue bastante sencilla. Leer nos ayuda a abstraer, a imaginar. Una descripción escrita nos ayuda a recrear mentalmente una imagen como la pensó quien la escribió, por lo que le dedicó tiempo a los detalles, buscando que se entienda efectivamente el punto. Las representaciones visuales de los objetos materiales que nos llegan en los videos no son tan graves, porque estamos rodeados de otros que son más o menos equivalentes. El problema son los sentimientos o las emociones, que al ser representadas en video pueden ser incompletas o sesgadas, dejando fuera otras aristas. ¿Qué son el amor o el odio?¿Existe una única forma de presentarlos? Ciertamente no.

El fin de semana hubo una gran discusión sobre la Ley del Libro y la decisión del Ministerio de Desregulación de avanzar en su derogación. El punto central del conflicto es el establecimiento de un precio mínimo que todos deben respetar, evitando de ese modo que las grandes cadenas perjudiquen a las pequeñas librerías con grandes descuentos.

Quizás en los estertores de la convertibilidad y con una economía destruida la ley tenía sentido, pero en la actualidad parece haber perdido sentido. La discusión gira en torno a las librerías pequeñas, pero sin pensar efectivamente en los lectores que se podrían beneficiar de precios más bajos. Siguiendo a Sartori, leer más nos hace pensar mejor. Para eso hacen falta libros, no libreros. 

Mejor dicho, todos tenemos un puntero al que le compramos libros más caros porque esperamos sus recomendaciones y observaciones, pero también sabemos que algunas veces elegimos por el precio, porque nos hace falta el producto y no el servicio. 

El precio de los libros ha alimentado circuitos de pasamanos de libros, donde alguien en el grupo compra un libro que va pasando de mano en mano. No se trata solamente de estrechar lazos, sino también de no acumular libros y ahorrarse unos pesos para leer. También hay casos como el del diariero de mi tía, que recibe las donaciones de los vecinos y los vende a un precio bajo, cobrando por ser el nodo a través del cual circulan los ejemplares.

No es fácil comprar libros para los hijos. Cualquier ejemplar de bolsillo de un clásico está por encima de los $10.000. Quizás alguien como yo lo compre, pero muchos otros preferirán la promoción de tres kilos de pata muslo o la suscripción a una plataforma de streaming antes que el libro. 

Hace unos años le regalé a mi hija mayor el primer libro de Harry Potter y le encantó. El problema fue seguir comprando la serie, porque los libros se encarecen a medida que se avanza. Los siete libros de la colección equivalen a medio Kindle. Con los precios de defensa de los libros, a alguien que lee un libro por mes (¡sólo uno!) le conviene pasarse al libro electrónico. 

Yo prefiero el papel, pero ya me acostumbré al digital, que presto a mis hijos para que lean. Porque más lindo que el objeto físico es leer.

Que me disculpen las editoriales, las imprentas y los libreros: prefiero la capacidad de abstraer, imaginar y pensar antes que cuidarles su bolsillo. Ni hablar si además se trata de desarrollar esas capacidades en los chicos que vienen de abajo. Al final Sartori me convenció de lo bueno de volverse un viejo defensor de la lectura en contra del video. 

Nada mejor que un buen libro.

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