La emancipación llaryorista
“Hay una generación que se retira y una generación que ingresa”. La recordada frase pertenece a Martín Llaryora y fue pronunciada en la madrugada del 26 de junio de 2023. La generación que se iba era, obviamente, la del ex gobernador y padrino político de Llaryora, Juan Schiaretti; y la que ingresaba era la del flamante mandatario electo.
Aquella sentencia no se materializó de inmediato. Pero esta semana, con creación de la Jefatura de Gabinete y el traspaso de EPEC y Caminos de las Sierras al Ministerio de Economía, terminó de adquirir su verdadero significado. Estos cambios no constituyen un simple retoque del organigrama provincial. Son el punto de llegada de un proceso político que comenzó con el cambio de mando provincial y que ahora parece completarse: la construcción de un esquema de poder propio, cada vez menos condicionado por la arquitectura de gestión heredada de Schiaretti.
Esa transformación puede reconstruirse a través de seis decretos que modificaron la estructura orgánica del Ejecutivo. El último terminó de redefinir el equilibrio interno del gabinete al consolidar a dos figuras: Guillermo Acosta y Manuel Calvo.
Llaryora abrió su gestión con una estructura de catorce ministerios que, con algún cambio de nombres por razones personales de sus funcionarios, permaneció prácticamente intacta durante la primera mitad de su mandato. La redistribución del poder recién comenzó a fines de 2025.
El 9 de diciembre de ese año llegó el primer rediseño, con la supresión del Ministerio de Vinculación Comunitaria y la creación de dos nuevas carteras: el Ministerio de Comunicación, a cargo de Pastore; y el Ministerio de Vinculación y Gestión Institucional, adonde aterrizaba Miguel Siciliano, recién llegado desde la presidencia del bloque.
En ese momento se presumía, con buenos fundamentos, que el ministerio que Llaryora creaba ad hoc para Siciliano no tenía otro propósito que potenciarlo como candidato a la Intendencia. El dirigente sumaba bajo su órbita las agencias Córdoba Deportes y Agencia Córdoba Joven, Culto, los consejos barriales, programas de Seguridad en la capital y el reparto de subsidios a clubes, asociaciones civiles y demás, y hasta el IPAM (Instituto de Planificación del Área Metropolitana) quedaban para Siciliano. Hoy no se ve con tanta nitidez que esa cartera haya sido un trampolín. Pero en ese tiempo así lucía.
Sin embargo, había otras modificaciones menos estridentes que, con el tiempo, se revelaron más significativas. Las agencias Conectividad Córdoba, Innovar y Emprender y ProCórdoba pasaban a operar bajo la órbita de Acosta. Y el ministerio de Desarrollo Social de Jure fue desmembrado para potenciar a los ministerios de Vinculación Comunitaria y de Cooperativas y Mutuales, este último a cargo de Gustavo Brandan tras la salida de Martín Gill. Cooperativas sumó la Dirección de Vivienda, el programa de Desarrollo del Norte y el Oste Cordobés, la gestión de Planes de Loteo, Desarrollo Habitacional y Recupero de Fondos de Viviendas Sociales, y la Ejecución de acciones para redes de gas natural e infraestructura de "Última Milla". Esta última competencia le era retirada a nada menos que a Fabián López.
Comenzaban a perder peso dos de las áreas que mejor representaban la continuidad de la arquitectura de gestión schiarettista. Infraestructura cedía competencias estratégicas y Desarrollo Social empezaba a fragmentarse.
Apenas unos días después de esa redefinición del gabinete Llaryora cortó dos ministerios: Desarrollo Humano, de Liliana Montero; y Ambiente y Economía Circular, a cargo de Victoria Flores. Ambas carteras fueron degradadas a secretarías y pasaron a funcionar, la primera, debajo de Desarrollo Social, y la segunda, de Educación. No sólo reducía la cantidad de carteras, también seguía concentrando funciones.
El tercer reajuste llegó en enero de este año y desplazó hacia el Ministerio de Gobierno el armado, la articulación política y la ejecución de las Guardias Locales y la prevención del delito en territorio municipal/comunal, antes a cargo del ministerio de Seguridad, empoderando aún más a Calvo como principal articulador político del Gobierno con los intendentes.
El cuarto, a fines de febrero, creó la Secretaría General de Hábitat y Desarrollo Emprendedor debajo de la órbita del ministerio de Cooperativas. El movimiento implicó otro retroceso para Jure, que dejó de conducir un ministerio para pasar a depender jerárquicamente de Brandán, mientras Marcos Torres desembarcaba en Desarrollo Social.
El sexto y último decreto fue distinto de los anteriores. Ya no redistribuyó competencias aisladas: rediseñó el centro mismo del poder ejecutivo.
El decreto 60 creó la Jefatura de Gabinete a cargo de Calvo, debajo del cuál pasaron a revistar con el grado de secretarios Brandán, Jure y Consalvi, en las secretaría General de Gobierno, que absorbió buena parte de las competencias del Ministerio de Cooperativas y Mutuales; General de Hábitat y Desarrollo Emprendedor, que se traslada por completo desde el Ministerio de Cooperativas y Mutuales hacia la órbita de Jefatura de Gabinete; y la secretaría General de la Gobernación, que absorbe desde Economía la administración interna del Estado, el capital humano, la Dirección General de Aeronáutica, la flota automotor y bienes inmuebles, el programa PAICor, el IPIP (Iniciativas Privadas) y el Consejo General de Tasaciones.
La creación de la Jefatura no sólo fortaleció a Calvo. También concentró bajo su coordinación buena parte de las áreas políticas y de gestión que, hasta entonces, se encontraban dispersas entre distintos ministerios.
Acosta, lejos de perder atribuciones con la creación de la Jefatura, terminó fortalecido. La incorporación de EPEC y Caminos de las Sierras a Economía le transfirió dos de los principales instrumentos de gestión e inversión del Estado provincial, hasta entonces bajo la órbita de Infraestructura. El movimiento terminó de consolidarlo como uno de los funcionarios de mayor peso dentro del gabinete y, al mismo tiempo, profundizó el repliegue de Fabián López.
La inminente designación de un ministro de Industria que sustituya en esas competencias a Sergio Busso será, seguramente, la puntada final de un nuevo mapa de poder, que perfeccione en la gestión el trasvasamiento generacional del que Llaryora habló aquella noche, al margen de que su acuerdo político con Schiaretti siga vigente.