Farmeando aura
Uno quedó del otro lado de la valla que separa a los jóvenes de los viejos cuando a cada novedad adolescente responde con que eso está en la clasificación dicotómica que va de una zoncera a la decadencia moral. A los millenials no nos tocó vivir grandes dificultades sociales, pero aún así creemos que los chicos de hoy viven más en la pavada que nosotros. Por supuesto que es exagerado.
La semana pasada terminó con la irrupción en los medios masivos del fenómeno de “farmear aura”, algo que lleva meses dando vueltas entre los más chicos. El origen de la expresión viene de “farming”, que podría traducirse como una de las acepciones de granjear, aunque no la que usamos con más frecuencia. Podría parecerse a cultivar o a hacer crecer el ganado, la acción de administrar una granja. El origen del uso de este término viene de los videojuegos y la búsqueda de créditos o puntos.
Por su parte, el aura sería el equivalente al carisma. En el uso cotidiano nos referimos a que alguien tiene aura cuando es medio angelical, mientras que el carisma pasa por otras múltiples dimensiones con las que interpreta los hechos el resto de la gente. Así, farmear aura sería la búsqueda de reconocimiento del carisma, que en las competencias o duelos se hace a través de poses y coreografías que despiertan aplausos en los espectadores.
Me permito ser categórico con esta afirmación: no se puede farmear aura, si por ello entendemos simular que somos una cosa para provocar un determinado efecto positivo en los que nos están mirando. En general, lo que cambia es la percepción del que mira, valorando unas cosas por sobre otras. Se pueden entrenar técnicas y discursos, pero el carisma es algo que va más allá, por eso la gente le perdona los vaivenes ideológicos a algunos políticos y a otros no. Juez puede ir de un lado al otro; ninguno del FIT puede poner ni un pie afuera del soviet.
A pesar de ello, los políticos intentan “farmear aura”, sin darse cuenta de que eso los pone aún en peor posición. Todo lo que no es natural es resistido por la gente, especialmente en tiempos de IA generativa. El mejor caso es Horacio Rodríguez Larreta. El ex jefe de gobierno porteño tuitea sus propios videos de campaña con “-1000 de aura”, como si eso pudiera arreglar el desastre de haberlo expuesto a ser el hazmerreír de los que se daban cuenta de eso (y eran ignorados dentro del mismo JxC) en pleno 2023.
El aura electoral va de la mano de lo que pide la gente. Larreta se notaba impostado porque el pedido era de algo genuino. Los pasos y las coreografías no le sirvieron porque se buscaba algo que él no podía dar, al punto que la gente lo sintió más casta que a Sergio Massa, quien tuvo una campaña armada para hacer hincapié en los rasgos que le reconocía el electorado. A Alberto Fernández también, pero se le diluyó el aura desde el primer día de gestión y no hubo “farmeo” que lo saque del pozo.
Los políticos no quieren entender que en estos tiempos el aura viene por el carisma natural y genuino, no por campañas que buscan esconder o disfrazar los rasgos negativos de cada uno.
Hay algo común a todos los videos en los que hay gente farmeando aura. La mayoría de los participantes son los rechazados por la sociedad porque no tienen verdadero carisma. Posan para que no se note. Pero se nota. Siempre se nota.