El PJ acomoda las fechas del interior para exponer el desorden opositor
Empezó la temporada de anuncios respecto al calendario electoral de Córdoba para 2027 y, aunque la fecha de las urnas provinciales todavía está en el terreno de la especulación, el Panal ya trabaja sobre una certeza: los municipios propios jugarán con el cronograma provincial para sumarle fuerza a la reelección de Martín Llaryora.
Desde hace algunas semanas se aceleraron las reuniones entre dirigentes encargados de los armados en el interior, entre ellos el secretario general de Gobierno, Gustavo Brandan, quien coordina una agenda de anuncios vinculados a las fechas electorales de distintas localidades. Colón y Calamuchita ya dieron señales en ese sentido, con intendentes peronistas comprometiendo sus elecciones con la futura convocatoria provincial.
“No se discute: los nuestros pegan”, afirman desde el Gobierno provincial, algo que venían anticipando desde hace tiempo pero que terminaron de asegurar en el inicio del último cuarto de este año, con la expectativa de lograr que para octubre ya puedan contar con más de un centenar de jefes municipales que se plieguen a la fecha provincial.
El nuevo paso de ese ordenamiento se dio hace unos días con los intendentes peronistas de General Roca, departamento que semanas atrás sumó representante al gabinete provincial tras la asunción del exintendente de Italó, Ariel Vidoret, a la gestión de políticas del sur-sur dentro de la cartera que lidera Brandan. El propio funcionario, exintendente de Colonia Caroya y hoy a cargo de la mayoría de acciones atinentes al armado interiorista, fue centro de la fotografía junto a los intendentes aliados de la región más sureña de Córdoba.
La foto del sur tiene, para el Panal, un valor que excede el calendario. En el oficialismo entienden que empieza a configurarse un tramo de campaña mucho más compacto, con marzo o abril de 2027 ganando espacio entre las fechas que circulan para la elección provincial. Sin una convocatoria oficial todavía, la estrategia consiste en llegar a esa definición con el territorio previamente alineado y con la mayor cantidad posible de intendentes compartiendo el mismo calendario.
La contracara es la oposición. El radicalismo atraviesa una discusión que todavía no termina de resolver qué lugar ocupará dentro de una eventual alianza con los libertarios, mientras que en La Libertad Avanza tampoco sobra orden: la dificultad para cerrar un acuerdo con la UCR mantiene abierta la discusión sobre candidaturas, conducción y formato electoral, en un escenario donde Gabriel Bornoroni y Luis Juez sostienen una sociedad mientras se muestran convencidos de no bajarse, pujando por resolver quién será el mayor exponente de la oposición.
En ese contexto, el cordobesismo busca instalar una idea sencilla: mientras unos todavía discuten cómo competir, los propios ya estarían resolviendo cómo votar. No es un detalle menor para el PJ provincial. La adhesión de los municipios permite mostrar una estructura territorial que funciona de manera coordinada y, al mismo tiempo, intenta poner presión sobre aquellos intendentes que todavía no resolvieron si despegarán sus elecciones de la Provincia.
El ordenamiento del sur adquiere además una lectura territorial. El norte provincial, bastión que en 2023 se pintó de azul para Llaryora y en 2025 de naranja por Juan Schiaretti, aparece ahora como una región de interés para la oposición. El caso de Ramón “Cañito” Flores volvió a poner el foco sobre esa zona y sumó ruido a un territorio donde el oficialismo sabe que tendrá que defender volumen político.
Por eso el sur eleva su cotización dentro de la estrategia provincial. La preocupación por sostenerlo ya estaba presente antes de las controversias norteñas y explica parte del despliegue que el Panal viene realizando sobre intendentes y dirigentes territoriales.
La meta es noviembre. Para entonces, el Gobierno provincial espera conocer con mayor precisión cómo se moverá el calendario nacional, incluida la definición sobre las PASO, y terminar de cerrar su propio esquema. Llaryora pretende llegar a ese momento con la gestión como vidriera y con el territorio alineado, para aprovechar el cierre de año y, si finalmente se confirma el escenario que hoy circula, convocar a las urnas apenas comience 2027. Aún sin fecha establecida, la proyección en el corto plazo también mete presión a un frente opositor todavía en construcción.
El mensaje del Panal, en definitiva, no es solamente electoral en cuanto elegir la fecha que le convenga. Es también una demostración de poder: antes de saber quién será el rival a vencer, el oficialismo sale a mostrar que los propios ya están ordenados y que seguirán al pie de la letra el plan diseñado por Llaryora.