Provincial Por: Felipe Osman10 de septiembre de 2026

¿Qué onda Marcos Juárez?

Ni cordobesismo, ni unidad. El triunfo de Font en Marcos Juárez sugiere quizá algo más importante: que el peronismo encontró, en un pequeño banco de pruebas y bajo condiciones controladas, una forma de renovación.

Un dirigente del peronismo bonaerense mensajeó a su par del Gobierno cordobés. Enterado por los medios nacionales del triunfo de Germán Font, y ayuno de todo contexto, quería saber qué había pasado para que el PJ finalmente consiguiera conquistar el kilómetro 0 de Juntos por el Cambio. Y lo preguntó así: ¿Qué onda Marcos Juárez?

Pero lo coloquial de la pregunta no debería engañar. La respuesta no parece ser sencilla.

Hasta ahora, el triunfo ha recibido distintas explicaciones. Una por cada interesado. El massismo está convencido de que la unidad del peronismo fue la piedra basal de la conquista mientras desde el Centro Cívico ven una convalidación lineal y directa del cordobesismo y la gestión.

Opinable

Sin lugar a dudas la unidad peronista pesó, y quizá tanto como la división opositora. Pero no hay en ello gran novedad.

La convalidación del cordobesismo, por su parte, es más difícil de encajar en la lectura. Si tal fuera el caso, Pedro Dellarossa debería haber ganado. ¿O no fue él prenda del avance hacia el “Partido Cordobés” que Martín Llaryora presentó en los albores de su mandato?

Lejos de esto, los vecinos descreyeron del voluble exintendente que volvió al pago chico después de una temporada tras las líneas enemigas.

Por lo demás, tampoco parece fácil hablar de una convalidación de la gestión provincial si Font eligió competir sin hacer uso de la marca Hacemos Unidos. Las acciones de gestión que respaldaron al municipio multiplicando prestaciones de salud para cubrir el repliegue del PAMI u ofreciendo contención a los despedidos de Metalfor existieron, pero se hicieron por lo bajo. Sin fotos. Sin historias de Instagram ni tuits arrobando al gobernador. Y si la identificación con la gestión provincial no se buscó durante la campaña no parece sensato atribuir ahora el éxito a ella.

No es que esos factores no hayan pesado, pero sería reduccionista ceñirse sólo a ellos.

Una interpretación más completa debería reparar en que el peronismo mostró una faz distinta en Marcos Juárez. Una cara más lozana. Un inicio de renovación.

La diferencia con Dellarossa acaso condense mejor que ninguna otra el experimento. El Partido Cordobés había intentado ampliar sus fronteras incorporando dirigentes provenientes de otros espacios; Font ensayó otra vía: ensanchar la capacidad electoral del peronismo cambiando el tipo de dirigente que el peronismo ofrece a la sociedad.

Font tiene 36 años. Es un profesional. Está identificado con el peronismo pero no como un político de carrera. Y ese mismo perfil, de técnicos, profesionales o comerciantes guarda la mayoría de quienes lo acompañaron en la lista de concejales o como candidatos al tribunal de cuentas.

Un peronismo del interior, cercano al agro y a la industria, con una dedicación que se orienta a resolver los problemas sociales que entiende el mercado no resolverá solo. Menos reconocible por la liturgia partidaria que por un elenco de profesionales y trabajadores insertos en la comunidad. No deja de ser peronismo, pero procura parecerse más a la sociedad que pretende representar que al aparato que tradicionalmente lo representa.

Sin una cofradía de advenedizos rodeándolo, sin instantáneas partidarias con la raída “casta”, el candidato lució bien, y el Centro Cívico asestó las jugadas precisas y necesarias para fragmentar a la oposición y limpiar de sellos la contienda.

La anemia económica que los marcosjuarenses, con buenos fundamentos, endilgaron al Gobierno Nacional hizo el resto, y la indiferencia remató la faena. Pero si Marcos Juárez dejó algo que valga la pena mirar más allá de sus límites municipales, quizá sea esto: allí el peronismo no amplió sus fronteras dejando de ser peronismo, sino cambiando el tipo de peronismo que ofreció.

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