¿En qué anda el Luis?
En qué anda el Luis es la pregunta que no pocos dirigentes del oficialismo y la oposición se han hecho en las últimas semanas. La mayoría de ellos cree que el camino de Juez a la candidatura opositora se ha empañado tras el enfriamiento de su relación con la Casa Rosada y una renovada sincronía con los movimientos de Patricia Bullrich. Sin embargo, caer en pronósticos acelerados puede guiar al error.
En el juecismo jamás dejan de repetir que el líder del Frente Cívico es, entre los opositores, quien mejor mide en las encuestas y, ciertamente, no faltan mediciones que los respalden. Pero el descrédito generalizado -bien merecido- de los sondeos no hace de este factor un hecho decisivo.
Para ver en qué anda Luis hay que empezar por repasar sus últimos movimientos. Al igual que Bullrich, Juez marca matices con el Gobierno libertario. Ambos son socios de La Libertad Avanza, pero permitir una mimetización absoluta con la marca los desactivaría, y en toda negociación es importante reservar un capital propio que permita plantarse. De lo contrario, el modus operandi del oficialismo nacional acabaría por resignarlos a roles de reparto. Y si algo no conforma a un político de raza, es resignar protagonismo.
En los movimientos de Juez, interpreta otro peronista, interactúan lo que Perón definió como la acción estratégica y la acción táctica, siendo la primera la conducción de conjunto y la segunda conducción de las partes. (“La estrategia busca dominar a adversarios con la acción de conjunto, y la conducción táctica prepara el éxito de la conducción estratégica, dominando local y parcialmente en la lucha de las partes”, escribió el general).
Así, Juez se alineó al Gobierno Nacional con un objetivo de largo plazo: ubicarse en las mejores condiciones para dar el zarpazo. Y ahora empieza la táctica, orientada por el objetivo de siempre. Hace meses decía que iba a estar “donde tenga que estar” para derrotar al peronismo y hoy asegura “soy el candidato que más preocupa a Martín Llaryora”. ¿Empieza el sprint final?
Otro episodio largamente comentado fue su reunión con el gobernador, que él mismo dio a conocer y que el llaryorismo admite.
De su contenido se sabe poco y nada. Formalmente se dijo que hablaron sobre el Tribunal de Cuentas, dominado por el juecismo. En realidad, la conversación permanece guardada bajo siete llaves. Pero lo que sí sabemos es que Juez la hizo pública y que el peronismo no la negó.
Simbólicamente, el encuentro ubica a Juez en un lugar de centralidad. De líder de la oposición. Que es el que él quiere. Y, aparentemente, también el que el Centro Cívico quiere darle.
Las encuestas en las que confía el juecismo le dicen que Juez es el opositor que mejor mide. Pero revelan otro dato menos venturoso. También es, entre ellos, el dirigente con un “techo” más bajo.
Esa sería, a la vez, la debilidad y la fortaleza de Gabriel Bornoroni. El libertario, con una carrera política mucho menos extensa, tiene un menor margen de conocimiento, pero también una mayor potencialidad. Su imagen negativa es considerablemente más baja.
Juez es un candidato duro, pero conocido para el peronismo. Bornoroni es el candidato disruptivo. Una incógnita para el Panal.
Pero, amén de estas consideraciones, y para volver a la pregunta que abrió este ejercicio, en eso parece estar Luis. En la eterna carrera por el único objetivo invariable de su vida política, que es la Gobernación. Porque, como decía el maestro Jorge Luis Borges, los peronistas “no son ni buenos ni malos, son incorregibles”.