La alineación de los fanáticos
Versátil como ha sido a lo largo de toda su carrera, 25 años atrás Gustavo Santaolalla encaraba el tercer milenio en la plenitud de su desempeño como productor artístico y, en carácter de tal, como impulsor de una nueva corriente de rock latinoamericano que había eclosionado en los noventa. Tras haber participado en sus inicios en la experiencia del grupo Arco Iris, partió al exilio y se radicó en Los Angeles, donde se embebió de las nuevas corrientes sonoras nacidas tras la implosión del punk. A su regreso, trajo los aires nuevaoleros a la Argentina, pero su foco siguió puesto en el mercado internacional.
Por aquellos agitados días de 2001, Santaolalla se acreditaba como responsable de la producción de los resonantes éxitos discográficos de “Fíjate bien”, el álbum debut del colombiano Juanes, y de “Hijos del culo”, de la por entonces ascendente banda argentina Bersuit Vergarabat. En ese mismo año se publicarían “De bichos y flores” de los uruguayos de La Vela Puerca, y “Bueninvento” de la mexicana Julieta Venegas, ambos supervisados por el ojo avizor del músico argentino que, además, había estado a cargo de la banda sonora de “Amores perros”, la película que catapultó a la fama al director Alejandro González Iñárritu.
A pesar de asumir una agenda tan cargada de compromisos laborales y de sucesos artísticos, Gustavo Santaolalla se hizo tiempo en esos meses para pergeñar un nuevo proyecto, en este caso junto a Juan Campodónico, un artista sonoro uruguayo al que había conocido cuando produjo un disco de su grupo El Peyote Asesino. Entre los dos, planificaron lanzar una formación que reivindicara la herencia musical rioplatense, pero que lo hiciera desde una plataforma que tuviese a la electrónica como soporte y que incorporase visuales y bailarines cuando se diera la posibilidad de presentar esa propuesta en vivo.
Un año antes, el trío Gotán Project había lanzado desde París un sencillo donde experimentaba con la fórmula del electrotango, según la impronta del argentino Eduardo Makaroff, junto a un instrumentista suizo y un DJ francés. Pero, hasta llegar a estas latitudes, esa arriesgada apuesta tardaría el tiempo suficiente para que los melómanos locales ya hubieran descubierto el mismo estilo a través de Bajofondo Tango Club, la aventura de Santaolalla y Campodónico a la que se sumaron intérpretes de una y otra orilla del Río de la Plata, para grabar un álbum que apareció en 2002 y alteró los sismógrafos del panorama autóctono.
Que Santaolalla se involucrase en semejante desafío le otorgaba una pátina de prestigio a esa sonoridad que de otra manera podría haber parecido demasiado tecno a los tangueros y excesivamente milonguera a los ravers. Por el contrario, desde esas veredas en apariencia incompatibles se acercó el público que colmó sus conciertos y bailó al ritmo de un híbrido al que muy pocos se habrían animado a ponerle fichas. Durante toda esa primera década del siglo veintiuno, la impronta de Bajofondo se mantuvo en el candelero, y sus trabajos discográficos tuvieron amplia difusión en los medios masivos.
Mientras tanto, la vida siguió su curso, las tendencias fueron variando y los integrantes de este colectivo binacional retomaron algunos compromisos personales, dejando a Bajofondo en un estado de latencia. El propio Santaolalla amplió su ya de por sí inmenso abanico de actividades, con la composición de la música de largometrajes hollywoodenses (por la que ganó un Oscar y un Globo de Oro), de series para TV y plataformas, y hasta de videojuegos. Pero cuando se podía llegar a pensar que tan prolíficas dedicaciones habían agotado su capacidad de sorprendernos, las últimas noticias lo sitúan en la cresta de la ola otra vez.
La semana pasada, fue subido a YouTube el video de “Con vos”, una canción en la que han unido voluntades Gustavo Santaolalla, Lali y Bajofondo. A ellos se ha acoplado el artista visual Tomás García, quien en sus obras plantea una particular mirada sobre el mundo moderno, que lo lleva a usar herramientas tecnológicas para denunciar precisamente los desbarajustes producidos por la excesiva exposición a esos prodigios digitales que nos envuelven con sus promesas de satisfacer nuestras necesidades. La pieza futurista dirigida por García nos muestra a personas cuyos rostros han sido cubiertos por implantes infantiles.
Creativos provenientes de tan diversos ámbitos terminaron elaborando un producto insólito, que tanto puede espantar como atrapar a los seguidores de cada una de las partes que conforman el todo. Con aquel Bajofondo Tango Club, Gustavo Santaolalla logró que los indignados por su extraña fusión fueran los menos. Habrá que ver si con esta jugada, en la que mezcla condimento pop, dosis de dos por cuatro, pizcas de rap y ritmos electrónicos, consigue que se alineen los fans de Lali con aquellos que lo tienen a él en un pedestal por haber conseguido que los fueyes hagan escuchar sus quejas en la pista de baile.