El efecto Papa acelera la definición de la fecha electoral
Córdoba también espera su propio efecto Papa. La visita de León XIV promete convertirse en uno de los acontecimientos de mayor impacto público del año y, más allá de su dimensión religiosa, abre una oportunidad política que el Gobierno provincial no parece dispuesto a desaprovechar. En el Panal observan una vidriera capaz de proyectar a la provincia ante el país y el mundo, pero también de reforzar el relato de gestión de Martín Llaryora en la antesala de una decisión central: cuándo se votará para elegir gobernador.
La expectativa excede el protocolo y la organización de una agenda religiosa. Como ocurre en el plano nacional, donde la visita despierta la esperanza de un shock de algarabía que deje mensajes de paz, esperanza y buena energía en medio de la crisis económica, en Córdoba imaginan que ese clima también puede traducirse en un activo político. La diferencia es que, mientras Javier Milei no tiene margen para hacer coincidir una elección nacional con el impulso emocional que podría dejar la presencia papal, Llaryora sí cuenta con la posibilidad de acomodar el calendario provincial a esa coyuntura.
El interés del gobernador pasa por mostrar una provincia activa, capaz de organizar una agenda de alcance internacional y de poner en escena un modelo de gestión que, según la lectura oficialista, es valorado tanto por los cordobeses como por quienes llegan desde afuera. La postal que busca construir el cordobesismo es la de un Gobierno que hace, produce y genera oportunidades, frente a una oposición que -en el contraste que pretende instalar el oficialismo- se limita a cuestionar. La visita ofrece el marco para amplificar ese mensaje sin necesidad de convertir cada actividad en un acto partidario.
En las filas del PJ se preguntan cuánto puede aprovecharse esa estela. Si el gobernador viene anticipando que el anuncio electoral está al caer, el período posterior a la visita papal aparece como una ventana conveniente. Intendentes, dirigentes territoriales y militantes coinciden en que permitiría capitalizar el clima favorable y poner en marcha la cuenta regresiva electoral bajo una carga simbólica distinta.
También hay una razón de oportunidad: separar la convocatoria de los últimos días del año evitaría que una decisión de semejante peso quede mezclada con una agenda de cierre que todavía podría sumar noticias adversas, especialmente en lo económico. El efecto de la visita, en cambio, dejaría una imagen positiva y un escenario de atención pública que el Gobierno provincial buscaría prolongar. No se trata solamente de anunciar una fecha, sino de elegir cuándo comenzar a ordenar la discusión política cordobesa. Y ese momento parece estar más cerca de lo que se pensaba.
“Noviembre sería lo ideal”
La normativa fija límites precisos para esa decisión. La Ley 9571 establece que la convocatoria debe realizarse con una anticipación mínima de 90 días respecto del acto electoral. A su vez, la reforma electoral de 2023 modificó el artículo 164 y amplió la ventana para realizar los comicios: ya no deben celebrarse entre 30 y 180 días antes del vencimiento del mandato, sino entre 60 y 280 días previos al 10 de diciembre de 2027.
“Hacer el anuncio en noviembre sería lo ideal”, le comentaba a Alfil un dirigente de peso en la estructura peronista, animándose a “soñar” con un llamado a elecciones que coincida con el efecto Papa.
Adelantar anuncio también habilita la charla sobre adelantar la fecha. En ese sentido, el domingo 7 de marzo aparece como la más temprana posible para votar. No es una alternativa menor: ubicaría la campaña en pleno verano, entre las vacaciones y el regreso a las aulas. Para quienes defienden una elección anticipada, ese calendario tendría una ventaja adicional: obligaría a la oposición a acelerar acuerdos y organizar una propuesta de gobierno en tiempo récord, mientras buena parte de la atención social todavía estaría puesta en el descanso estival.
La posibilidad, sin embargo, también tiene costos. El verano suele elevar la exposición de la agenda de seguridad, con más movimiento y hechos policiales capaces de desplazar otros temas de la conversación pública. Además, una elección en marzo exigiría llegar al inicio del ciclo lectivo con los conflictos docentes desactivados. Una disputa salarial o una medida de fuerza en las escuelas podría convertirse rápidamente en un problema político para el Gobierno.
“¿Cómo vamos a ir a votar si tenemos a los docentes en pie de guerra?”, planteó ante Alfil un armador del peronismo cordobés, más cauteloso frente a la posibilidad de adelantar los comicios. De todos modos, relativizó el riesgo con una advertencia: “No sería la primera vez” que una elección coincide con un conflicto sindical. La frase resume una discusión todavía abierta en el oficialismo: cuánto pesa la ventaja de adelantarse y cuánto puede complicar una fecha cercana al comienzo de clases.
Equilibrio
Aunque noviembre aparece para muchos como el momento ideal para comunicar la decisión, marzo no es necesariamente el escenario que reúne más consenso. La definición puede anunciarse antes de que termine el año y, aun así, dejar abierta una distancia mayor entre la convocatoria y el día de la votación. La clave para el Panal será encontrar un punto de equilibrio entre el impulso político que pueda dejar la visita papal, la necesidad de ordenar el tablero con anticipación y los riesgos de una campaña demasiado temprana.
En algo sí parece haber coincidencia entre intendentes y dirigentes: este año no habrá vacaciones. No las habría si se vota en marzo, porque el verano quedaría absorbido por la campaña, ni tampoco si la elección se traslada a junio. En las conversaciones territoriales ya se transmite la idea de que la construcción del proyecto provincial deberá sostenerse durante toda la temporada, con recorridas, reuniones y organización política como si las urnas estuvieran a la vuelta de la esquina.
En Córdoba, por estos días, casi todo conduce a la visita de León XIV. El acontecimiento religioso concentra la atención y, al mismo tiempo, empieza a proyectar consecuencias sobre una agenda que excede largamente lo espiritual. Entre plegarias y celebraciones, el cordobesismo mira también el calendario: la posibilidad de que el Papa deje una estela favorable y que el Gobierno la convierta en el punto de partida de la carrera electoral ya forma parte de las conversaciones políticas. La fecha todavía no fue anunciada, pero en el oficialismo trabajan con la idea de que la oportunidad para hacerlo está cada vez más cerca.