
Una porción de la UCR dejó solo a Mestre y evitó recoger el guante de Passerini
Carolina Biedermann
El discurso de apertura de sesiones ordinarias del intendente Daniel Passerini tuvo un eje central: la situación financiera del Palacio 6 de Julio, la gestión de Javier Milei, y la herencia de la deuda radical, de la gestión de Mestre que duró hasta el 2019. Sin mencionar nombres propios, el mensaje tuvo un destinatario evidente: la gestión de Ramón Javier Mestre.
“Como saben, asumimos el pago de la deuda contraída en 2016 por quienes hoy se encuentran anticipadamente en campaña para el 2017. En mi gestión hemos pagado casi 100 millones de dólares y en 2026 pagaremos 45 millones más. No generamos la deuda que todavía no sabemos para qué se tomó, pero ser confiables está primero y por eso evitamos caer en default. Que hubiera implicado un nuevo retroceso”, disparó Passerini.
En el oficialismo municipal sostienen que la presión financiera de la gestión actual, está, en parte, condicionada por la deuda tomada durante la gestión radical y explica buena parte de las restricciones actuales.
La respuesta al peronismo, no tardó en llegar y fue con firma individual. Mestre cruzó al peronismo desde su cuenta de X, metiéndose de lleno al terreno político.
“El nivel de cinismo del peronismo cordobés no se puede creer”, arrancó el ex intendente, y amplió la crítica al recordar que el PJ gobierna la Provincia desde 1999. Enumeró una serie de cuestionamientos: inseguridad, transporte público “caro e ineficiente”, suciedad y falta de iluminación en la ciudad, y un sistema de salud y educación pública que, según sostuvo, está deteriorado.
El texto más político de su mensaje fue el repaso que hizo de su propia gestión: cinco Parques Educativos, 45 desagües, 4.000 calles pavimentadas, 45.000 luces LED, 12 centros de salud, 100 consultorios odontológicos, concursos públicos para el ingreso al Estado y el Centro de Castración municipal. Una reivindicación explícita de legado frente al intento de instalar la idea de una herencia tóxica.
Desde el entorno mestrista insisten en que al cierre de la administración de su referente, dejaron alrededor de 50 millones de dólares a favor, para la gestión entrante, que fue la de Martín Llaryora, como producto del crédito que fue cuestionado en el discurso. Este fragmento del radicalismo insiste en que la concentración actual de vencimientos, es producto de la decisión del ex intendente Llaryora, de reprogramar pagos y tomar nuevos créditos, lo que, según esa lectura, terminó “juntando” las deudas que hoy afronta Passerini.
Sin embargo, el dato político no fue solo el cruce en sí, sino el silencio de sus pares radicales, salpicados por la denuncia, pero que eligieron el silencio. El resto del radicalismo no acusó recibo sobre la denuncia del Intendente, no hubo un comunicado orgánico, ni defensa por los colores. "Cada sector eligió cuidar su propio posicionamiento y primaron la interna a la denuncia pública", remarcaron.
En el Concejo, el edil Sergio Piguillem fue uno de los que mencionó la cuestión de la responsabilidad en la herencia, en sus redes, aunque sin convertirlo en bandera partidaria. La concejala mestrista, Verónica Garade, reaccionó al finalizar el discurso del intendente y defendió la gestión del ex intendente dando detalles del rèdito adquirido y remarcando que el peronismo gobierna hace seis años en la ciudad. Desde adentro del propio mestrismo deslizan que Pablo Farías, presidente de la UCR Capital, debería haber fijado una posición institucional frente al señalamiento del intendente, pero sin profundizar en el reclamo.
En un radicalismo cordobés, atravesado por la discusión de liderazgos, camino al 2027, parece que no hay nombres propios que estén dispuestos a cargar con una mochila que divide más hacia adentro de lo que ordena al partido hacia afuera. El escenario del domingo dejó expuesto un capítulo más de la interna radical cordobesa.


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