
Del Mundial a la interna: el radicalismo cordobés sale de la pausa
Carolina Biedermann
El Mundial 2026 funcionó para la política cordobesa como una tregua aparente. La atención pública estuvo puesta en la Selección, pero debajo de esa superficie la Unión Cívica Radical de Córdoba atravesó semanas de acumulación de conflicto que terminarán apenas se apague el ruido futbolero.
Mientras la agenda nacional giraba alrededor de los partidos de Argentina, Rodrigo de Loredo continuó con sus recorridas por el interior provincial. Las visitas a ciudades, encuentros con intendentes, productores y dirigentes locales no tuvieron formato de simple actividad partidaria, fueron leídas dentro de la UCR como el inicio de una campaña de posicionamiento interno y externo.
El mensaje del dirigente apuntó hacia afuera para mostrar volumen territorial y capacidad de construcción opositora. Hacia adentro, dejar en claro que el liderazgo del radicalismo no se define exclusivamente en la Capital ni en los comités.
En paralelo, el macrismo nacional envió señales de apoyo a De Loredo. Señales que explícitamente desde el PRO Nacional hace tiempo vienen expresando, y datos que se empiezan a filtrar, como la invitación del expresidente al ex diputado radical a su mesa, en la cena anual de la Fundación Libertad.
Para el entorno de De Loredo, ese respaldo tiene valor estratégico. Le permite mostrar que su construcción no se limita al radicalismo y que puede convertirse en el punto de encuentro de una oposición más amplia. Para sus adversarios internos, en cambio, refuerza la idea de que el dirigente radical está concentrado en un armado electoral de largo plazo mientras el partido sigue sin resolver su propia crisis.
Esa crisis tuvo un momento decisivo que fue el del Congreso de la UCR. La discusión por la prórroga de autoridades encabezadas por Marcos Ferrer parecía, en el inicio, un debate técnico vinculado a los tiempos institucionales del partido. Sin embargo, terminó transformándose en un plebiscito sobre el liderazgo del oficialismo radical.
El resultado fue contundente porque el sector que conduce hoy la UCR no consiguió los dos tercios necesarios para aprobar la prórroga. La derrota dejó expuesta una fragilidad que muchos dirigentes ya percibían, pero que hasta entonces no había quedado registrada en una votación.
En la práctica, el Congreso mostró que el deloredismo ya no cuenta con una mayoría automática dentro del partido. Y eso alteró por completo el tablero.
A partir de allí comenzaron a moverse con impulso los núcleos internos opositores al oficialismo. El mestrismo recuperó centralidad. El espacio de Dante Rossi y Luis Quiroga capitalizaron el resultado como una señal de equilibrio de fuerzas. Y dirigentes históricos que venían con bajo protagonismo encontraron una oportunidad para volver a disputar el poder.
La reacción del oficialismo fue denunciar maniobras y señalar interferencias externas, incluso con referencias a sectores vinculados al peronismo. Pero la oposición interna respondió con un argumento más incómodo para la conducción, enfocada en que el problema no sería externo, sino la falta de consensos dentro del propio radicalismo, problema que viene acarreando desde hace tiempo la UCR.
Esa tensión dejó al partido en una situación inédita. Con los mandatos acercándose a su vencimiento y sin prórroga aprobada, la UCR quedó obligada a definir un cronograma electoral, que tendría que publicarse en los próximos días, y a ordenar una transición que ya no puede postergarse.
El Mundial terminó y la UCR ya no tiene una pausa detrás de la cual esconder sus conflictos. Ahora empieza la etapa decisiva.
Lo que viene es la interna radical. Y no una interna menor, sino una disputa que definirá simultáneamente quién conduce el partido, cómo se posicionará la UCR frente a La Libertad Avanza y frente al peronismo de Martín Llaryora, en la carrera por las candidaturas para el 2027.


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