
Votá al tipo normal
Javier Boher
La frase del título circuló mucho en las semanas previas a la elección presidencial de 2023. La disyuntiva estaba clara: el tipo casado, con hijos, que le gusta el fútbol y come asado o el síndrome de Asperger que insulta, no tiene hijos, habla con el perro muerto y fornica con la hermana. ¿Quién podría elegir al segundo? Más de 10 puntos de diferencia en el ballotage fueron la respuesta contundente.
La duda persiste en el aire. ¿Hizo bien el pueblo argentino en elegir su actual presidente?¿o convenía elegir al ministro de economía/presidente de facto que detonó la economía en menos de un año de gestión? La pregunta no tiene respuesta clara, al menos desde los hechos objetivos, porque las emociones y la ideología tiñen cada decisión que tomamos. Algunos siguen creyendo que se debería haber votado al “tipo normal”, la misma fórmula que usaron para referirse al Alberto Fernández que le ganó a Macri (que distaba de ser un energúmeno como el actual, pero al que veían poco común). Estadísticamente, ninguno de los dos representa lo que es hoy un argentino. Quizás sí desde las patologías que cargan uno y otro, pero no desde su estilo de vida.
Sergio Massa todavía no ha tenido que rendir cuentas por los puntos más opacos de su gestión, como las SIRA y la discrecionalidad para recomprar bonos. Con algo de suerte le tocará en el futuro, del mismo modo que le debería tocar a los Milei por Libra, ANDIS y cualquier otro curro que pueda salir hacia adelante.
Pero Massa no es un tipo normal.
La semana pasada se conoció un viaje en jet privado al exterior. La información dice que fue en el avión de Francisco De Narváez, el empresario que supo ganarle al kirchnerismo allá lejos y hace tiempo. El valor estimado del viaje es de USD 400.000, un número nada despreciable para un matrimonio que siempre hay estado en la función pública y ha declarado públicamente tener un patrimonio de USD 150.000. A valores de mercado el patrimonio roza el millón de verdes, pero incluso así parece medio mucho gastarse el 40% del mismo en un viaje por los 30 años de casados.
Se ve que se quieren mucho, como un matrimonio normal.
Uno de los medios que más siguió el caso Adorni publicó esta información como una crónica muy escueta, en un tono que por momentos parecía una necrológica.
Adorni también era un tipo común.
Para el año que viene unos nos quieren convencer de que el presidente es normal y que los otros tienen una enfermedad mental. Los otros nos quieren convencer de que su candidato es el normal y que los otros son unos egoístas.
Lamentablemente para todos ellos, todos los votantes somos egoístas y tenemos algún problema ante los ojos de los otros. Así funciona el mundo y hay que acostumbrarse.
Lo que también nos vendría bien es acostumbrarnos a que los políticos no son solamente tipos normales para pedirnos el voto, sino que son ciudadanos como cualquiera para rendir cuentas ante los votantes y los tribunales. Ya le tocó a Cristina y estaría bien que le toque a otros. No será la guillotina pero seguramente las condenas funcionarían como una buena disuasión para varios.
Hay que dejar de vender políticos normales para después tratarlos como si fuesen excepcionales, perdonando cada uno de sus errores como si tuviesen un halo de perfección que los excede y les lava la culpa de haber hecho mal las cosas. Ir preso en este país no es de tipo normal. Deberíamos empezar a hacer normal que los políticos le tengan miedo a las consecuencias de sus actos.


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