
La elección de Marcos Juárez: todos juegan, pero nadie quiere pagar la derrota
Gabriela Yalangozian
Marcos Juárez se juega la administración del municipio este domingo con siete candidatos, casi 25 mil electores habilitados y una elección que, a diferencia de lo ocurrido en 2014, 2018 y 2022, no tiene una camiseta nacional que ordene la cancha. Pero que no esté nacionalizada no significa que no haya rosca. Al contrario: detrás de una disputa presentada como estrictamente municipal, dirigentes de distintos espacios ya empiezan a mirar qué queda parado después del paso por las urnas.
La elección tiene, además, un condimento histórico. Marcos Juárez fue el llamado “kilómetro cero” de Cambiemos. En 2014, Pedro Dellarossa llegó a la intendencia con aquella alianza que reunió al PRO y la UCR y que tuvo como uno de sus principales respaldos a Mauricio Macri. El triunfo fue leído entonces como una señal de lo que podía venir y, al año siguiente, Cambiemos terminaría dando el batacazo nacional que llevó a Macri a la Casa Rosada.
Doce años después, aquella sociedad ya no existe. Y la ciudad que alguna vez fue vidriera de una construcción opositora nacional ahora ofrece una foto mucho más fragmentada.
Dellarossa busca despegarse de Llaryora
Pedro Dellarossa quiere recuperar el municipio que gobernó durante dos períodos. En 2014 ganó con el 36% y en 2018 fue reelegido con el 52,5%. En 2022, impedido de buscar un tercer mandato consecutivo, consiguió que Sara Majorel retuviera el poder para el mismo espacio con el 55% de los votos.
Ahora vuelve a competir, pero en otro escenario y bajo otra etiqueta. Marcos Juárez Puede no lleva el sello PRO, ni el de Juntos por el Cambio, ni el de La Libertad Avanza. La particularidad no es menor: Dellarossa dejó aquel espacio opositor y durante un tiempo formó parte del esquema de Martín Llaryora como ministro de Producción.
Esa etapa es uno de los flancos que sus rivales intentan explotar. Para Dellarossa, en cambio, el desafío pasa por volver a ocupar el lugar de referencia de una centroderecha local sin quedar atrapado en una identificación con el cordobesismo.
Y ahí aparece la primera cuota de rosca del domingo. En el cierre de campaña, el exintendente recibió el respaldo político de Luis Juez y sumó mensajes de Mauricio Macri y Patricia Bullrich. La postal buscó recuperar parte de aquel ADN opositor que convirtió a Marcos Juárez en el kilómetro cero de Cambiemos.
Juez, especialmente, decidió pisar el terreno. Su presencia en el cierre junto a Dellarossa funcionó como una señal hacia afuera de la ciudad: aunque la elección no tenga formalmente una alianza nacional detrás, hay dirigentes que ya empiezan a medir fuerzas y posicionamientos.
El juego del peronismo
Del otro lado, el candidato Germán Font llega al domingo con la expectativa de dar el batacazo.
El candidato de Generación Marcos Juárez construyó una campaña con identidad vecinal y evitó cargar el escenario con dirigentes provinciales. Esa decisión no significa que el cordobesismo esté ausente. Font fue funcionario del Ministerio de Bioagroindustria y su candidatura contó con la anuencia de Llaryora.
El peronismo provincial hizo una jugada particular: acompañó a Font, pero sin poner el sello del PJ en la boleta.
La estrategia le permite al Panal sostener una doble lectura. Si Font gana, habrá un triunfo de un candidato cercano al Gobernador. Si no gana, el costo no será el de una derrota formal del peronismo provincial.
En esa lógica aparece una de las frases que más circula en el oficialismo: gane quien gane, el peronismo puede encontrar una manera de festejar.
Porque Font no es el único candidato al que el cordobesismo puede mirar con buenos ojos.
Verónica Crescente, de Unión Vecinal, también tiene vínculos con una historia política que excede esta elección. En 2022 fue la principal rival de Majorel y obtuvo el 32,5% de los votos con el respaldo explícito de Juan Schiaretti.
Crescente vuelve ahora por la revancha y busca recuperar aquel caudal, pero también captar a los vecinalistas desencantados con Dellarossa.
Los libertarios, fuera de la foto
La Libertad Avanza es, quizás, la gran ausente entre las boletas.
Hubo intentos para que Pedro Dellarossa encabezara una alianza con el sello libertario. Pero el acuerdo no prosperó. Según la reconstrucción política de la elección, el sector que conduce Gabriel Bornoroni pretendía que Dellarossa compitiera bajo la marca violeta, algo que finalmente no ocurrió.
El resultado fue una elección sin La Libertad Avanza como tal.
Pero las ideas libertarias sí aparecen en la disputa. Gerardo Pasquali compite con Marcos Juárez Despierta, alianza integrada por la UCR y el Partido Demócrata, mientras Juan Carlos Escobar lo hace por el Partido Libertario, espacio ligado al armado provincial de Agustín Spaccesi.
Es otra de las claves que exceden al domingo: mientras LLA decidió no poner su sello en juego, el Partido Libertario aprovecha la elección para comenzar a construir estructura territorial con la mirada puesta en 2027.
Una elección sin dueño
Además de Dellarossa, Font, Crescente y Pasquali, completan la oferta electoral Ana Claudia Elzaurdia, de Una Nueva Oportunidad; Jorge Bolcatto, de Encuentro Vecinal Córdoba; y Juan Carlos Escobar, del Partido Libertario.
La fragmentación es, justamente, una de las variables centrales.
Las mediciones que circularon durante la campaña mostraron un escenario competitivo, sin una polarización definida. Dellarossa aparece entre los favoritos, Crescente conserva un piso electoral importante y Font logró crecer durante las últimas semanas. Pasquali, en tanto, aparece como uno de los candidatos que puede alterar el reparto del voto de la centroderecha.
La pregunta es quién termina pagando el costo de esa dispersión.
Marcos Juárez puede jugar una elección local en la boleta y, al mismo tiempo, provincial en sus consecuencias.
En 2014, la ciudad fue el comienzo de una historia nacional. En 2026, la elección parece mucho más chica. Pero detrás de la disputa municipal, hay quienes ya están tomando nota de quién mide, quién conserva estructura, quién logra crecer y quién queda obligado a recalcular.
El domingo se elegirá intendente pero sus consecuencias se extenderán mucho más allá del escrutinio local.


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